"Perro muerto" por Aldo Astete Cuadra.

Un delirante relato breve, es el regreso de Chile del Terror, gentileza de Aldo Astete Cuadra y la ilustración de Alex Olivares.

"Hombres de Negro" por Aldo Astete Cuadra.

Abren los fuegos del especial lovecraftiano, la dupla de Aldo Astete en las letras y All Gore en la ilustración con el relato "Hombres de Negro".

Editorial: Especial de Lovecraft y más noticias.

Mes de H. P. Lovecraft, venta en verde de Austrobórea Editores para la reedición de las obras de Aldo Astete Cuadra y Pablo Espinoza Bardi, y lo nuevo de Ominous Tales.

"Rebeca" por Aldo Astete Cuadra.

Relato de Aldo Astete Cuadra, con el debut en los lápices de Johnny Aracena.

"Sueños Lovecraftianos" por Pablo Espinoza Bardi.

En el mes del mar de Chile del Terror, no podía faltar un relato lovecraftiano, a cargo de Pablo Espinoza Bardi en las letras y Alex Olivares en la ilustración.

"Solo" por Aldo Astete Cuadra.

Aldo Astete Cuadra, junto a los trazos de Ana Oyanadel, nos traen un relato enmarcado en nuestro mes del mar.

"Necrotesta Pedófaga" por Fraterno Dracon Saccis.

Continúa el mes del mar en Chile del Terror, con un relato de horror escrito por Fraterno Dracon Saccis e ilustrado por All Gore..

miércoles, 26 de diciembre de 2012

"Memento Mori" por Javier Maldonado Quiroga


La mujer observaba a su hija muerta. De pie en el salón de su casa, un cuarto amplio y poco iluminado, se asemejaba a un espectro solitario, toda vestida de negro, gélida, silenciosa. La niña estaba apoyada sobre un sofá, simulando estar sentada, con la cabeza afirmada por un soporte, de tal modo que se mantenía erguida. Los ojos, semiabiertos, miraban sin mirar, extraviados en el vacío. Su piel había perdido todo color y rastro de vida. Ya nada quedaba de aquella niña dulce e inquieta que se había convertido en la razón de su existencia. 

Toda aquella escena le parecía macabra. Un último retrato simulando una vida que ya no era. Su hija, su querida hija estaba muerta, y ella había tenido que posar junto a su cadáver, rígido, frío, con aquella espeluznante expresión en el rostro. Era como si de alguna forma le reprochara su muerte. ¡Pero ella no tenía la culpa!

Se dirigió hacia la cocina. Buscó en la despensa algo para comer, mas no encontró nada. Estaba quebrada. No tenía dinero para mantener aquella casa ni para comprar alimentos. Hacía una semana que la servidumbre se había marchado, dejándola abandonada a su suerte. A ella, que siempre los había tratado con amabilidad. Ahora, gracias a un viejo amigo de la familia podía costear los gastos fúnebres, gastos que de otra manera no habría sido capaz de solventar.

Observó por la ventana como comenzaba a oscurecer. El sacerdote llegaría en cualquier momento. Encendió unas velas en el salón y luego, sintiendo el peso del silencio que la rodeaba, se sentó. Cuando volvió a mirar el cuerpo de su hija tuvo la sensación de que este se encontraba en una postura levemente diferente, como si alguien lo hubiera movido. Asustada inspeccionó a su alrededor, buscando algún extraño que hubiera ingresado a su casa, pero solo pudo ver las sombras que comenzaban a invadir cada rincón de la habitación. Detrás de la pequeña estaba el retrato de su marido, con el rostro sereno como había sido mientras vivía. Pero la muerte también lo había reclamado demasiado pronto, muerto de tisis hacía tan solo seis meses. ¡Cuantas cosas habían cambiado desde entonces!

Si tan solo él aún estuviera junto a ella. Con el rostro ensombrecido por una pena que no se sentía capaz de soportar volvió la mirada hacia su hija. La niña parecía mirarla desde el sofá. Había decidido dejarla en la misma posición en que el fotógrafo la había retratado, prolongando aquella ilusión de vida, pero sabía que la muerte estaba ahí, agazapada, burlándose de su dolor.

Un violento acceso de tos la hizo doblarse sobre si misma, cubriéndose la boca con un pañuelo. Cuando se recuperó pudo ver pequeñas salpicaduras de sangre en toda la tela. Estaba enferma, lo sabía desde hacía semanas, y también sabía que no existía un tratamiento. Se consumiría de a poco, tal como había sucedido con su querido esposo, y no le hubiera parecido un mal destino si no hubiera sido por su hija. La niña no podía quedar abandonada a su suerte. Era demasiado frágil, demasiado parecida a su madre para soportar la vida en un orfanato.

Un quejido leve, apenas perceptible, la hizo estremecerse en su asiento. La mujer miró a su hija y pudo ver sus ojos fijos en ella, mientras sus labios muertos comenzaban a llamarla:

—Mamá.

lunes, 17 de diciembre de 2012

"El Cortaplumas" por Jano Moore

Mamá tenía las orejas hirviendo, enrojecidas de tanto pegarlas contra el auricular. Pero Clara seguía sin contestar el teléfono. Con otros números había tenido más éxito, de todas formas: las amigas cercanas, la policía, la seguridad ciudadana, los bomberos y los cuatro hospitales cercanos a nuestra casa estaban bien enterados de la situación. Eran las doce y veinte de la noche, mi hermana no daba señales de vida y mi madre se devoraba las uñas, hundida en el sofá por un momento, paseándose el otro. Mientras se paseaba, yo, que en esos días tenía ocho años, sólo atiné a salir al patio a comer una manzana. Supongo que lo hice por instinto, para aliviar presión. 

Mi padre estaba afuera, fumando un cigarrillo junto a la reja que daba hacia la calle. Llegó tarde ese día; dijo que había estado tomando unas cervezas con unos amigos, porque era fin de mes. Aún olía a bebida, cuando me le acerqué. Estaba en silencio. Me dio la impresión de estar pensando hondo. Las manos de mi padre eran enormes y duras. Empuñaba tanto su derecha, me acuerdo, que de hacerlo más, se hubiese amoratado. Me dio la imagen de un corazón hinchado o una roca a punto de estallar desde dentro hacia afuera. 

Le hablé entonces. Me puse junto a su cadera y me estreché a él, tan cerca como nunca más pude. Miró hacia abajo y le mostré la manzana. 

—¿Quieres? —le dije. 

Quedó extrañado. Finalmente, pudo reaccionar. 

—Bueno. Pero antes hay que pelarla. 

Buscó su cortaplumas, una navaja suiza que siempre llevaba al cinto, por si era necesaria para reparaciones y otros imprevistos, (como hijos despiertos a deshora con una manzana en la mano). Pero no la encontró. Se palpó los bolsillos de la chaqueta, de los jeans, hasta en la camisa. Nada. 

—Tendrás que ir a buscar un cuchillo allí adentro. 

Debo haber puesto cara de angustia. 

—Mamá está muy angustiada. 

—Ya se le pasará. 

Me dio mucha confianza, aún cuando su cara no mostraba mayor emoción. 

—La Clara va a llegar ¿cierto, papá? —pregunté cuando entraba en busca del cuchillo. 

Pero no contestó. Sólo volvió a la reja y a un nuevo cigarrillo. 

Pasaron cuatro días hasta que encontraron a mi hermana muerta junto al canal San Lázaro, un poco más allá de las vías del tren.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Editorial: Un Año de Chile del Terror


"Goczecocogch"
Ilustración por All Gore, inspirada en el
trabajo de Aldo Astete Cuadra.
En los recuentos anuales es típico decir que se hizo muy corto, que el tiempo pasó volando y demás clichés, pero en mi caso diré la verdad: ha sido un año eterno. Eterno, porque tengo la sensación de que llevase mucho tiempo a cargo del buque, siendo que en realidad solo llevo unos meses dirigiendo esta humilde iniciativa.

Partimos por una invitación de Paul Eric a conformar un staff.  Carolina Yancovic, Samir Jorge, Emiliano Navarrete y quien suscribe, concertados con la idea de ser un punto de reunión para quienes quisieran compartir su trabajo, potenciarse como grupo, abriendo un espacio chileno que se especializara en el terror.

A medio camino, por problemas de horarios y unas vidas ajetreadas y muy ocupadas, nos dejaron Samir y Carolina, además de Paul Eric cederme el lugar en la dirección.  Luego vino a incorporarse Aldo Astete, quien ha sido un tremendo apoyo en el equipo.Poco a poco hemos ampliado la cantidad de gente que colabora, han aumentado los aportes, aunque siendo honesto, no por ello la calidad de estos ha sido proporcional. Con bastante entusiasmo nos llegan textos que por la falta de experiencia imagino, son deficientes tanto en la mera gramática y ortografía, así como en la falta de claridad en sus ideas. Hemos tratado de exponer estos aspectos a los remitentes, pero no siempre alcanza el tiempo para hacerlo con todos. Mis disculpas, estamos trabajando para usted.
Porque esta es una iniciativa que se nutre del tiempo que se le escapa a la máquina que nos usa como engranajes. Lamentablemente carecemos de mecenas, de auspiciadores, o de una herencia millonaria que nos permita dedicarnos al 100% a Chile del Terror, y por lo mismo —y hablo a título personal— desmotiva un tanto el estar en la madrugada grabando un audio cuento, oyéndolo luego para revisar errores tanto en lo leído como en el texto que pudiese haber pasado colado por la edición, luego agregar música, efectos, subirlo… y que la respuesta sea nula. Así estamos en estos tiempos, donde Facebook y Twitter acaparan las voces de los internautas. Ya liquidaron los foros, los blogs también han sufrido su invasión.
Pero claramente debe haber otros motivos de la baja respuesta de los lectores. Las visitas suben, los comentarios se congelan. ¿Querrá decir que los textos son muy largos y ni siquiera terminan de leerlos? ¿Será que no dan para comentario por su falta de calidad? ¿Faltará mayor difusión? ¿Necesitaremos hacer concursos y regalos? Todo eso es materia de análisis.

sábado, 24 de noviembre de 2012

"Campanada Medianoche" por Emersson Pérez


                                               

El silencio no puede 
seguir siendo mi lenguaje
                                                     Pero solo encuentro estas palabras irreales
                                                                                                    Jorge Teillier



Una noche de neblinas mentales
entre vapores oníricos
presenciarás  al  demiurgo oscuro.
Mientras del campanario vendrá un solo tañido,
un sonido eterno.
El Ifrit hablará entre profecías;

Libérate del sonido para siempre
De esos gorjeos de pájaros a medianoche
Del campanazo ensordecedor
Ingresa la mano a través del  agujero oscuro y toma la llave

Mientras un gemido agónico del otro lado
se comprime buscando libertad, anhelando salir de la pesadilla.

Esperemos que solo sea un mal sueño
que alguien abra la ventana al amanecer
y  que la llave no sea tu propia garganta.

jueves, 15 de noviembre de 2012

"Rancio" por Pablo Espinoza Bardi

      Por el respeto que le tengo a mi gran y querido amigo no citaré su nombre en este relato. Tan sólo contaré las extrañas circunstancias que me obligaron a distanciarme de él. Para empezar diré que nos conocíamos de nuestro trabajo en la funeraria hace ya bastante tiempo (unos ocho años más menos), y cabe señalar que siempre cerrábamos nuestro local a la hora del té como una costumbre que a perdurado hasta estos días, para disfrutar de esta aromática infusión y comentar sobre lo cotidiano y mundano, pues me señalaba que el té que yo encargaba al extranjero era único en su clase. Prácticamente éramos la única funeraria decente del pueblo y la tasa de mortalidad era aceptable para nuestras finanzas, y quizás sea en parte el motivo de nuestro distanciamiento, ya que mi amigo empezó a robar mis clientes... por decirlo de alguna forma menos dolorosa, lo cual detallaré a continuación.

     Hace ya algún tiempo que lo notaba algo extraño. Se paraba horas observando los cadáveres que llegaban. Los miraba con ojo analítico y hacía ciertas anotaciones en una vieja libreta. Anotaciones las cuales nunca me mostró. Después, cuando la obsesión se hizo más evidente, me tuvo que confesar que desde que entró a trabajar a la funeraria supo que la “muerte” le había dado un propósito en la vida. Esa misma mañana lo sorprendí acurrucado junto al cuerpo de un recién llegado. Avergonzado, me pidió disculpas, tomó su dinero ahorrado de años y se fue. Por un tiempo no supe nada más de él.

     Pasaron unos cuantos meses y el negocio no andaba bien. La muerte no dejaba ganancias. Incluso ya no tenía cadáveres de indigentes y cuerpos sin reclamar que me compraba la universidad.... Una tarde, a la hora del té,  apareció mi amigo en la puerta del local.

     Su aspecto era desgarbado, ojeroso y de rancios aromas... eso fue lo primero que me llamó la atención, al ver semejante caricatura. Lo invité a tomar el té, para que me explicara qué había sucedido. Me dijo que se compró una pequeña cabaña con el dinero ahorrado, allá por la zona boscosa, a unos kilómetros fuera del pueblo, en donde se podía dedicar de lleno a su singular pasatiempo. Después de dialogar por una hora, me llevó a su cabaña. Debo confesar que sentí algo de temor, pues mientras conversábamos no dejaba de analizarme de la misma forma que lo hacía con los cadáveres. Sentía como un escalofrío me recorría de pies a cabeza.

jueves, 1 de noviembre de 2012

"Las Luces, Se Acercan" Por Fraterno Dracon Saccis

Ilustración por Omar Campos Oniri ( @oniri_comics )

Sintió que la gente de las luces venía por él.

Sus rayos aún no tocaban la casa, pero el hedor de sus mortíferas extensiones irritaba sus fosas nasales. No temía por sí mismo, si no que por sus niños. Por nada del mundo se los arrebatarían. Tantos riesgos que había tomado para que estuviesen junto a él, y ahora esos engendros vendrían con sus ojos iluminadores a arrancarlos de sus brazos. Sin embargo, no podía hacer nada para evitarlo. Ellos eran superiores tanto en número como en fuerza. Optó por subir a la habitación donde los pequeños dormían, ausentes del peligro inminente.

Se reunió con los dos niños en un abrazo. éstos no despertaron con el movimiento. Mejor así, aprovecharía hasta el último instante junto a ellos sin inquietarlos. El corazón le latía tan fuerte que parecía que escaparía en cualquier momento por la garganta, atragantándolo. Pensó que podría traspasar su pánico a los infantes, por lo que los volvió a recostar y arropar en la cama, y sentado en el piso abrazándose las piernas, los contempló, sintiendo la esencia que habían impregnado en él.

jueves, 25 de octubre de 2012

"El Suicidante del Moraleda" por Aldo Astete Cuadra



Elías llevaba horas navegando entre los canales australes. Desde el techo de la barcaza disfrutaba de un paisaje esplendoroso junto a una decena de personas que indicaban extasiadas hacia algún cerro cortado a pique o ante la aparición de algún lobo de mar que acompañaba por tramos a “La Pincoya” con rumbo hacia Puerto Chacabuco. 

Al atardecer, se encontraron cerca de una pequeña caleta de pescadores. La temperatura declinó abrúptamente, provocando que los curiosos turistas ingresaran a la comodidad de sus butacas. Elías se sentó, esperando que las personas se durmieran pronto. Finalmente, decidió salir, pues aún restaban un par de horas para llegar a Puerto Aguirre y luego de aquel lugar habría tiempo para dormir como los demás, pero antes era necesario conectarse con su interior y disfrutar del paisaje nocturno del Canal Moraleda.
Acompañado de una botella de pisco sour que ayudaba a llevar mejor la soledad, se acomodó cerca de los tubos de escape de los motores que se encontraban en el techo.  La tibieza alrededor de éstos le permitía soportar la gélida noche austral, rutilante de estrellas y con media botella en el gaznate, la noche se mostraba magnífica. 

Estaba observando el movimiento del universo y de improviso, observó a su derecha a un hombre maduro, vestido de traje oscuro, camisa blanca y pañuelo al cuello, parado sobre la baranda de popa, balanceándose con la clara intención de saltar a las frías aguas del Canal. 

Instintivamente Elías quiso ayudar, apresurándose a gritarle para evitar lo que parecía inevitable, pero el hombre, después de mirarle con un gesto extraño saltó al vacío perdiéndose entre la estela de espuma que resaltaba como la línea continua de una carretera en medio del Canal.  

sábado, 20 de octubre de 2012

"El Espejo" por Rancifer Sajovic

'Bloody Mirror' por Ronbot
Abro los ojos. La madera se sitúa cómoda dentro de su naturaleza. Al menos la sensación de yacer aquí se me hace menos dolorosa. No puedo percibir si ha amanecido, o si me mantengo bajo el flagelo de las sombras. Mis oídos no perciben ningún sonido aparente que me permita distinguir la situación de mi realidad. Una tenue luz alumbra lo suficiente como para confundir mi percepción. Y al frente de todo lo puedo apreciar, el espejo.

Grande y ovalado, se impone frente a mí a una distancia razonable como para poder observarme bajo las ráfagas pequeñas y luminosas que me denotan. No es la primera vez que lo puedo mirar, tampoco creo que sea la última. Lejano en el vacío de la habitación me causa cierto confort, al menos sé que no estoy muerto. Me llena de esperanza, me enorgullece de vida. Tarde o temprano tendrán que percatarse que no he cometido falta alguna, que soy inocente; tarde o temprano me quitarán las amarras que me unen contra el suelo y la madera… y en ese momento agradeceré al espejo por darme la esperanza necesaria para sobrevivir. El tiempo transcurre en mi maravilla hasta que los ruidos me advierten que debo nuevamente ser testigo de mi noche.

Ha vuelto amanecer en mi consciente. Nuevamente, las ráfagas tenues me impiden reconocer si es de día o de noche. Mis brazos sienten mucho ardor, y mis manos atadas nada pueden hacer para confortarlas. El suelo comienza a parecerme tortuoso y rígido. Quiero que se detengan, que por favor se detengan. Mi boca está seca y mi pecho se agita recordando la oscuridad anterior. Ya no lo quiero más, por favor entiendan que ya no lo quiero más. Mis ojos nuevamente se cruzan contra ese inmenso espejo que me acompaña en la inmensidad de la habitación. Las pequeñas intermitencia de las luces distinguen mi rostro por sobre mi cuerpo, me dan señal de mi actual situación, de mi horrendo estado. Mi boca se llena de estremecimiento, y mi corazón late sin más. El reflejo de ese espejo. Sigo vivo, pero no quieren entender lo que les digo. Yo no lo conocía, yo no quería conocerlo. Solamente se trataba de una relación cotidiana. El vendedor y el comprador ¿Qué iba a saber yo de sus prácticas? Ellos no lo entienden, no lo entienden, y dicen que volverán para una nueva sesión. Entre las sombras del espejo lloro, y trato evadirme de aquella vista. Me mantiene vivo… pero también me mantiene real sobre mi suerte.

lunes, 15 de octubre de 2012

"Pintura Morgue" por Serlit Alegría


miércoles, 10 de octubre de 2012

"El Trato de Argarhan" por Paul Eric


La Guerra había comenzado hace ya tres días. Los dos bandos parecían traer una y otra vez nuevos hombre dispuestos a luchar. Otros valientes —que creían defender algo más que el orgullo del pueblo— afrontaban sin escrúpulos lo que ellos llamaban muerte.
            Los cuerpos viejos, podridos por el pasar del tiempo, comenzaban a mezclarse con los recién caídos, como única masa de almas apagadas junto a la sangre que se empeñaba en alcanzar nuevas presas.
            Las llamas, que se habían apoderado por completo de los tablones improvisados de nuevos muros en el Fuerte de Golfur, se mezclaban con total simpleza con el gris irónico de las nubes que se posaban sobre el campo de batalla, como si se tratase de una hechicería.
            Golfur estaba construido de tres grandes niveles, y en cada borde, los arqueros hacían relevos para ir por más flechas. Los pisos se ensanchaban contra el suelo de arena negra. Había no más de veinte valientes que tenían la misión de bajar e intentar traer de vuelta flechas quitadas de los cuerpos ya vencidos. Unos pocos metros más adelante de ése punto, se encontraba la batalla cuerpo a cuerpo entre los soldados de Rhínen y Golfur del Sur.
            Habían logrado, con mucha dificultad, adelantar sus líneas de combate en una muestra de dominio del poder.
            Pero, una vez pasadas las horas, los sureños eran ahora menos del doble de los que habían salido a la lucha, días antes, y el enemigo parecía no confundirse en sus propósitos, pese a la fiera lucha con que se les enfrentaban. Era posible que los Golfurianos fueran más hábiles con la espada, pero por cada enemigo que caía, otros tres enemigos llegaban.    
—Señor, vamos a tener que rendirnos —decía ya cansado Urus — ¡Es la única forma de sobrevivir!
            —Levanta tu arma, soldado, y mira al frente. —Argarhan, el rey del Sur,  parecía respirar con dificultad también, pero aún empuñaba su enorme espada con las dos manos.
            —Pero, Señor...
            —¡Levanta la puta arma! ¡Debemos esperar sólo un poco más!
            En algunos espacios, desde donde ya no se oían gritos sino llantos y gemidos, se podían divisar tumultos de cuerpos envueltos por barro, sudor, y desesperanza.
            —¿Ves eso? —preguntó Argarhan, apuntando al cielo—. Va a caer la niebla en unos pocos instantes y sólo entonces tendremos una pequeña oportunidad de salir vivos de esto.

jueves, 4 de octubre de 2012

"La Iniciación" por Pablo Espinoza Bardi


'Neonomicon' - Alan Moore & Jacen Burrows
También puedes escuchar en formato audio cuento aquí.   


Cada noche veo aquella Torre ubicada en las ruinas de un templo, rodeado de dunas y colinas al norte de Kadath. Las sensaciones corpóreas que experimento en aquellas perseverantes sesiones nocturnas me convencen cada vez más de la monstruosa realidad de mis sueños. En un principio me sentía aterrado, pues las enormes criaturas que se mueven en esta realidad se asemejan a horrores recordados de una época anterior. Cada vez me es más difícil volver. Cada vez que despierto algo de mí en queda en ese lugar...  y algo mucho peor sale.

“El Vademécum negro de Absu”
 Ex Libris, Cornelius Ormus (1606).



     El retorno al hogar siempre está lleno de recuerdos de todo tipo; recuerdos buenos y otros no tanto. En mi caso me inclino por el segundo. Mi familia siempre ha sido muy estricta, y sobre todas las cosas fanático-religiosa, motivo por el cual mi crianza fue distinta a la de los demás niños, nunca pasé una navidad normal y nunca recibí un abrazo cálido por parte de mis padres... de hecho no me dejaban siquiera salir de la casona. En el caso de la educación, esta corría por parte de unos monstruosos tutores (dos asignados por familia) que solo hablaban de la palabra de nuestro Señor, y todo lo que se saliera de esa palabra era condenable y pecaminoso: “Haz todo lo que se antoje, mientras sea la voluntad de la palabra...”. La verdad esta frase decía mucho y poco a la vez. Ese “todo lo que se antoje” se limitaba tan sólo a unas leyes establecidas por esta secta cristiana, que según ellos tenía procedencia divina. Los tutores influyeron en la triste decisión de trasladarme y alejarme lo antes posible, ya que estaba influyendo de manera negativa en la ascensión espiritual de mis padres. Incluso me llamaron Leviatán ¡A un niño de sólo once años de edad!
        
    El motivo de mi llegada se debe a la enfermedad de mi padre, la cual lo tiene postrado, el doctor me ha dicho que su muerte es inminente... sólo es cuestión de días. Por desgracia mi madre me ha estado evitando desde que llegué, quizás por vergüenza y por miedo a que le reproche todo.
        
    Los recuerdos empiezan a florecer de a poco en mi mente mientras recorro los jardines de la enorme casa situada en las afueras de Providence, Rhode Island. Recuerdo perfectamente cuando niño, a la edad de seis años, la llegada de esta secta de fanáticos cristianos. Se presentaron como los portadores de la palabra de Cristo y los precursores del nuevo Eón. Sus imponentes templos se extendían por todo Massachusetts como viles langostas en una plantación, sacando dinero a los fieles y para prepararlos en la Ascensión final. Los “Tutores de la Palabra” tenían la misión de asesorar a las familias, imponiéndoles el nuevo estilo de vida bajo los dogmas de la secta. En realidad, se encargaban de lavar el cerebro y recaudar fondos.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

"Disequilibrium" por Fraterno Dracon Saccis

Calne Ca by Aogachou


También puedes escuchar en formato audio cuento aquí [22:50].

Salieron del hiperespacio a unos dos millones de kilómetros de la tierra, o al menos, eso era lo programado.

Apenas se activaron los visores panorámicos, notaron que algo estaba mal. 

Qué todo estaba mal.

Las estrellas que deberían recibirlos no estaban en ninguna parte. De hecho, apenas se divisaban un par de pálidos puntos imposibles de identificar. Antes de que el Capitán Herskdres diese siquiera la orden de comenzar el análisis espectral de los débiles rayos recibidos, la nave prorrumpió en alarmas a lo largo y ancho de su estructura,

DESCENSO DE TEMPERATURA DRAMÁTICO.
FUNCIONES ESTABLECIDAS EN  NIVELES MÍNIMOS DE CONSUMO ENERGÉTICO.


El resto de la tripulación del Equilibrium, que aún no se enteraba de la falla en el salto, corrió hasta la cabina de mando. Cuando se les informó sobre la situación, el primero en manifestar su incredulidad fue Ardiium, el jefe de mecánicos.

—No hay ninguna forma en que esta nave fallase en su destino. Es obvio que la trayectoria fue saboteada...

—Fue lo primero que sospechamos —interrumpió el Capitán Herskdres—, pero se comprobó, sin ninguna duda, que las coordenadas establecidas fueron las correctas y que en ningún momento se modificaron. Ustedes saben —ahora dirigiéndose al medio centenar de tripulantes que lo miraba, algunos con expectación, otros, que entendían las implicaciones de su situación, intentando disimular su terror—  que eso es imposible. Sólo con mi  autorización ingresando un código, mientras me es realizada una lectura de retina y un monitoreo de ondas vitales, es factible realizar modificaciones de la ruta. Tampoco se ha registrado fallas sistémicas ni en los componentes electrónicos ni en los biológicos de la nave. En resumen, no tenemos ninguna explicación plausible para este fallo. Simplemente "aparecimos" en este cuadrante hasta el momento desconocido. Para todos los registros del Equilibrium, estamos de camino a la Tierra, en disminución de velocidad.

Antes de que la tripulación se interesase demasiado en el desolado paisaje estelar, Herskdres desactivó los visores panorámicos, y los conminó a retirarse a sus cubículos a la espera del anuncio del próximo salto. 


Lo que no les dijo es que no estaba seguro de si podría hacer otro salto. Mucho menos tenía claro si de llegar a lograrlo, la nave los llevaría a su sistema natal, o a otro confín más alejado del núcleo galáctico.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Audio Cuentos Capítulo #6


Comenzamos pidiendo las disculpas del caso, ya que si bien anunciamos que el mes de agosto sería dedicado a H.P. Lovecraft, por problemas estrictamente técnicos (el texto que corresponde al presente capítulo estaba a disposición en la fecha presupuestada) que no viene a caso detallar, estamos entrando a septiembre con el final de este micro ciclo.

Pero a falta de un relato, cerraremos este especial con el presente número y el séptimo, que estará saliendo dentro de la próxima semana, ad portas de las fiestas patrias. 
Ahora, refiriéndonos al presente capítulo, les presentamos un relato negro titulado "El Caso de Sarah Keller" de Paul Eric, además del cuento "El Clérigo Maligno" [16:55], texto publicado de forma póstuma en Weird Tales, que formaba parte de una carta de Lovecraft dirigida a Bernard Austin Dwyer, donde describía uno de sus sueños. Como sabrán, Lovecraft se basaba mucho en sus sueños para sus composiciones, así que aquí tenemos una de sus últimos textos oníricos en estado puro.



"El Caso de Sarah Keller" por Paul Eric




También para escuchar en formato audio cuento aquí:

David estaba en la barra de la Taberna del Tuerto, ubicada en los suburbios de la ciudad. Después de varios días de investigación para el caso de una persona perdida, decidió tomar la noche de ese sábado y embriagarse. Sarah Keller, el nombre de la mujer que había desaparecido en extrañas circunstancias, ocupaba hoy un espacio considerable en aquel lugar del cerebro donde los detalles se mantienen vivos, como una vena latente, una zona que no parece tener otro propósito que abarcar nombres y más nombres. Lo cierto es que la dependencia de David al alcohol parecía haber desaparecido pero, como tantas veces, tenía una excusa para volver a llevar el vaso a sus labios, que ahora estaban partidos de la urgencia. Esa excusa era hoy El Caso de Sarah Keller.
            Estaba sentado en la larga barra de mármol, pintada con un color barniz oscuro. No había más de veinte personas en el total de las mesas, y en la barra misma David era el único sentado. Se tomó la cabeza, como si aquello significara el típico y patético gesto para poder arrepentirse, a último momento, de no volver a tomar. El vaso de whisky en las rocas ya lo tenía frente a si, y la humedad ya había embarrado su pequeño lugar justo donde reposaban sus manos. Hacía frío y él traía poca ropa. Un trago de ese manjar podía ayudar, efectivamente, a manejar su calor corporal porque pese a los tres hielos con que había pedido el whisky, estaba acostumbrado a beberlo así. Con frío o calor el resultado era el mismo; él se mantenía abrigado al beber. Pero luego llegó la culpa sincera de todos los errores que había cometido con Evelyn, su esposa. Aún no estaban separados pero ella había comenzado a hablar con su abogado. Tres años habían bastado para entender, los dos, que el matrimonio no funcionaba. Lo cierto es que el trabajo de Evelyn de día y noche como enfermera, y su propio trabajo de periodista del Today`s Now, los mantenían alejados prácticamente durante toda la semana. Si bebía ahora, no dejaría de hacerlo por un par de horas hasta emborracharse y a la mañana siguiente la resaca sería igual que todas las que tuvo antes. Aquellos dolores de cabeza que conocía de memoria y que, de todas formas, parecía buscar de cuando en cuando. Era posible que más que un alcohólico, fuese un masoquista que buscaba un constante dolor de cabeza. Se rió de aquella idea. Por un momento pensó que su problema no era alcohol, así que instintivamente levantó el vaso de whisky barato, pero cuando estaba a punto de beberlo recordó, otra vez, a Sarah Keller. De manera instantánea sintió náuseas. Tuvo el control suficiente para acomodar el vaso, con el hielo ya mezclado con el manjar, en la aureola que había dibujado la humedad en su lugar de la barra. En ese instante escuchó una risa burlona a su lado:
            —Si fuese usted me lo bebería de un sorbo.

jueves, 30 de agosto de 2012

"Cthulhu", por José Gabriel Espinosa



domingo, 19 de agosto de 2012

Especial de H.P. Lovecraft | Audio cuento #1


Ya dimos partida al especial de Lovecraft con el extracto "Lovecraft: Sobre su Percepción Privilegiada" del inédito libro de Sergio Fritz Roa “CRUZANDO EL UMBRAL: VISIONES SOBRE LA OBRA DE H. P. LOVECRAFT”.
Ahora  presentamos el primer capítulo de audio cuentos de este especial, con el relato "Necrópolis" de Aldo Astete Cuadra y música gentileza de Lluvia Ácida. Además del cuento de H.P. Lovecraft "En la Cripta" [14:00].
Para descargar el capítulo sigan este enlace.

"Necrópolis" por Aldo Astete Cuadra


Tambíén para escuchar en formato audio cuento aquí:

Muchas veces no sabemos qué nos impulsa a realizar determinadas acciones que, con la distancia otorgada por el tiempo, emergen como contradictorias, temerarias, hasta inverosímiles. Ahora que los fantasmas del recuerdo retornan a poblar la soledad de esta noche campestre, me siento movido por la necesidad de confesar ante una hoja blanca los acontecimientos de aquella época juvenil e infausta, quince años después de lo acontecido.
Un día erróneo de 1997 fui con dos amigos al cementerio a grabar algunas imágenes en video. Creíamos que luego, al revisarlas, podríamos ver lo que hubiese escapado a nuestros sentidos. Está de más decir que nos embargaba previamente una mezcla de miedo y fascinación, típica de la locura adolescente. Sin embargo, este sentimiento se acrecentaba con cada paso dado en dirección al cementerio del pueblo, necrópolis antigua de austeras edificaciones, pero de enormes dimensiones. Se había atestado de difuntos que habían obligado a inaugurar un cementerio nuevo, quedando éste en un completo estado de abandono. Es increíble lo solos y tristes que se quedan los muertos.
Nuestra temeridad más bien obedecía a una reacción ante la monotonía y el tedio en que nos sentíamos atrapados. No nos arrastraba historia o leyenda alguna que pudiera motivar nuestras volubles imaginaciones, menos creíamos tener la suerte de ver algo con nuestros propios ojos. A pesar de todo, pretendíamos filmar para luego desentrañar los misterios de la muerte que pudieran quedar inmortalizados en las cintas. Cada uno poseía una cámara con función nocturna, cada quien debía apuntar en distintas y opuestas direcciones, sin separarnos demasiado, sin perder el contacto.
Al llegar al portón de fierro forjado nos dimos valor para cumplir con nuestro cometido. Faltaban diez minutos para las tres de la madrugada, la hora nefasta. Thomás lo había oído en alguna película. Era la hora opuesta a la santa, las tres de la tarde, hora en que muriera Jesucristo. Tal vez en ese instante nuestras cámaras filmarían algo. Además éramos adictos al cine de terror y a los cuentos de Lovecraft que formaban parte de nuestro inconsciente, por lo tanto, pretendíamos probar y experimentar con estas sensaciones, ser partícipes de experiencias extremas, recurrir a la primera fuente y construir nuestros propios miedos. 

lunes, 6 de agosto de 2012

"Lovecraft: Sobre su Percepción Privilegiada" Por Sergio Fritz Roa


"H.P. Lovecraft"  por takoyakidaisuki
"H.P. Lovecraft"  por takoyakidaisuki

Suele ocurrir que quienes son los más inadaptados del mundo social, son sin embargo seres privilegiados en cualidades artísticas. Podríamos dar innumerables ejemplos. Rimbaud y van Gogh, son suficientemente conocidos.

En Lovecraft ocurría lo mismo; incluso de forma más intensa.
"Pero sus ojos habían estado toda la tarde mirando fascinados: se había extraviado en el país de las hadas" .

En efecto, mientras su "roce social" y su capacidad laboral disminuía con el tiempo, su mundo interior crecía y se alimentaba de la materia de los sueños. Tomaba prestada una luz no perceptible para la mayoría. Una luz, decimos, que lo confrontaba con la, en juicio de Lovecraft, terrible realidad diurna. Tal vez por ello prefería el silencio, la noche y la soledad. Trinidad que no todos eligen; y que incluso la mayoría teme.
Con ello la mirada se hacía más intensa, para dirigirse hacia regiones no habituales. La intuición ya no sólo era literaria, sino filosófica. Y aun cuando HPL renegaba, tanto en sus conversaciones como correspondencia, de toda forma de espiritualidad, sin embargo su prosa cada vez buscaba más en lo preternatural una respuesta, un camino donde expresarse. Novelas como “El color que cayó del cielo”, “El susurrador de las tinieblas” y “El llamado de Cthulhu” muestran muy bien el afán de nuestro autor por escudriñar en los misterios de la vida y el universo.

martes, 10 de julio de 2012

"Klaus" por Doctor Blood



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El monje Klaus despertó de una horrorosa pesadilla; de solo pensar en la sarta de herejías que había soñado se atemorizaba nuevamente, y pensaba en todas las oraciones de penitencia que le daría su abad. La noche anterior fue horrible para el monje, hervía en fiebre y una tos seca hería su garganta. Un barbero cirujano lo visitó y entre sueños, le escuchó decir algo sobre una peste que le afectaba el pulmón; pero luego el abad sentenció que era el justo pago por sus pecados no confesados. Entre el dolor de cabeza y el sudor no lograba conciliar el sueño, y cada vez se ahogaba con más facilidad. Pasada la medianoche logró conciliar el sueño para recaer en su fatídica pesadilla.

miércoles, 4 de julio de 2012

"El Último Eslabón" Por Emilio Araya

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Le llamaban Rainer y vivía solo. Su cabello entrecano y los pocos surcos que lucía su rostro, manos todavía vigorosas y pasos firmes, hacían de su edad  algo indeterminado.  Su vestimenta, que siempre olía a polvo o a alguna cosa nauseabunda, jamás dejaba el negro. Sí, porque Rainer llevaba años guardando luto por su hermana desaparecida en los vaivenes de la guerra que había asolado al continente. 

Alena Hüter, una joven buena y laboriosa, había salido una mañana de diciembre, subida a la carrocería del destartalado camión del escuadrón de paz para servir como médico. La próxima vez que su hermano la vio fue cuando, luego de la rendición de las tropas enemigas, le trajeron un saco que tuvo la funesta tarea de conducir al cementerio. La ceremonia fue breve y privada. Sólo estuvieron él y un mastín más negro que la noche. De ahí en adelante, Rainer Hüter guardó para siempre la ausencia de su hermana, pero nunca regresó a depositar flores  al sepulcro, siquiera ha dedicarle una plegaria. Este hecho generó suspicacias, que desaparecieron como cubiertas por la misma hiedra que pronto pobló la descuidada tumba de Alena.  La indiferencia de los locales hacia la suerte de Rainer fue tan grande, que las malas lenguas ni siquiera se molestaron en levantar suposiciones acerca de su soltería. A nadie parecía importarle el hecho de que el Señor de la Casona Hüter permaneciera estoicamente indiferente a los placeres de la carne ‹‹Su señora es la melancolía››, dijo alguien una vez. Y eso pareció echar tierra también sobre la famosa historia.

Sin embargo,  Rainer no había estado ocioso. Cada día, desde la muerte de Fräulein Hüter, el último eslabón de aquella otrora magnífica familia había trabajado sin descanso en un proyecto que sólo se había atrevido a confesar a las páginas de su diario. Sólo Schnitter, que lo acompañaba tendido frente al fuego cuando repasaba sus apuntes, conocía la verdad que su amo guardaba bajo siete llaves. 

martes, 26 de junio de 2012

"Calles Interminables" Por Fraterno Dracon Saccis


   
"Death and  the Maiden" - Laurie Lipton
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     La humedad de la niebla me sofoca.
     La visibilidad es lechosa. Perfectamente podría haber tenido cataratas y no vería peor. Frente a mi nariz podría haber un farol, un árbol, incluso una casa y no la percibiría hasta colisionar.
     Al principio corría rasgando la neblina, cuyas hebras formadas por mi deambular, se reintegraban como si se tratase de un lago por donde pasó una vara. La vaho que me rodea parece estar vivo, acosándome en carcajadas mudas. Me acaricia con sus gélidos dedos, cual guadaña que me desgarra la columna con escalofríos.
     El tiempo no transcurre, o si lo hace, es de una forma lenta y dolorosa. No hay cambios de luz, temperatura, ni de densidad en la niebla. Es un limbo personal, donde el espacio es una sátira de la realidad, una burla lánguida y eterna. Mi laberinto no tiene paredes ni pasillos, solo este suelo empedrado que parece el fondo repetitivo de un viejo dibujo animado. A ratos, mis pasos rebotan en las paredes de algún callejón. Corro para aferrarme a ellas, en un esfuerzo infructuoso. No encuentro nada más que niebla.
     La ignorancia y la soledad se pelean por mi carne. Aves carroñeras que revolotean a la espera de mi colapso. Tal vez no deban esperar mucho.
     Entonces, una silueta se dibuja en la luz que lucha por atravesar el aire cargado. En un momento está, en el otro, se disuelve como tinta fresca sobre un papel olvidado bajo la lluvia. Un susurro como recado olvidado penetra con andar arácnido por mi oído. No importa lo que dice, si no cómo lo dice. Es solo una palabra, pero en ella hay tantos mensajes. Me cuenta que ya no estaré solo, que mi búsqueda ha terminado. No habrán más lágrimas sobre la leche derramada, no más piedras en el pecho, no más confesionarios abandonados al reino de las telarañas.

lunes, 18 de junio de 2012

"Baño de Muerte" por Aldo Astete Cuadra


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Intranquilo daba vueltas por la sala, fumaba aunque la mayor parte del cigarro se consumía entre sus dedos. Todos se habían retirado a sus habitaciones, su mujer y sus dos hijas. Muy a su pesar ingresó al baño, encendió el calefón y se miró al espejo. No recordaba cuándo la ducha se había convertido en algo desagradable hasta el punto de evitarla por todos los medios, descuidando así su aseo personal. No le gustaba el reflejo que el espejo le devolvía, un rostro sombrío y cansado que evidenciaba la desastrosa vida que soportaba. Intentaba evitar que su familia se percatara de su mala racha, se engañaba pensando que su mujer aún continuaba a su lado como cuando eran jóvenes.
Tomó al azar un raído libro del anaquel reservado para albergar las lecturas en el baño, lo abrió por el centro y tras hojearlo un poco dio con el título “La gallina degollada”.
Tras leer el cuento, maquinalmente se quitó la ropa, no quería ducharse, pero su hedor ya no soportaba más excusas,  percibía la molestia de las personas que se le acercaban, mujer e hijas incluidas.
Giró el grifo, estiró con disgusto la mano para sentir cómo lentamente el agua se tornaba tibia. Decidió que la temperatura estaba bien e ingresó a la tina, corrió la cortina y se dejó empapar resignado. Casi llegó a sentir agrado ante la tibieza del agua deslizándose rápidamente por el cuerpo en una verticalidad gravitante, reponedora. Sin embargo, su mente se instaló en la infancia, en los momentos olvidados y vedados por su memoria, la sensación de angustiosa violencia, de completo desamparo provocaron los primeras lágrimas que se confundieron con el agua que corría por su rostro.

jueves, 14 de junio de 2012

Arkham. Relatos de horror cósmico


Arkham. Relatos de horror cósmico
Varios Autores (Autor)
CARÁCTERISTAS DE LA EDICIÓN

Ficha técnica:

Páginas: 220 aprox.
Formato: 148 x 210 mm.
Portada a color (300 gr.) con laminado mate.
Interior offset (90gr.) en blanco y negro.
Encuadernación fresada pur.

Fecha de publicación: junio 2012

<<"Arkham. Relatos de horror cósmico" es una antología que nace fruto de la colaboración entre Tyrannosaurus Books y el blog Infectados dirigido por Macu Marrero. Se trata de una antología de 16 textos inéditos que giran entorno a Arkham y los mitos lovecraftianos, relatos repletos de terror, misterios y hechos inexplicables.>>



Así comienza la presentación de este compendio de historias inspirada en la mitología creada por el legendario autor norteamericano Howard Phillips Lovecraft, y donde uno de nuestros socios fundadores, R.F. Yáñez (Paul Eric), participa con el relato "El Espejo". 

lunes, 11 de junio de 2012

"El Origen del Ratón de los Dientes (según Guillermo del Toro)" Por Diego Escobedo

Hace poco tuve el privilegio de ir a ver Don´t be afraid of the dark (cortesía de Canal Freak) película de terror que verdaderamente me encantó, pero en lugar de hacer una reseña me ocuparé de cierto dato que mencionan hacia el final del film:



Cuando el personaje de Katie Holmes busca averiguar el origen de las criaturas que dice ver su hijastra, acude a la biblioteca pública donde el bibliotecario le habla de unos duendes “anteriores a la humanidad” (bastante lovecraftiana esa idea) que se alimentaban de huesos y dientes de niños, por lo que era usual que estos los secuestraran hasta que llegaron a una tregua con el Papa Silvestre II, en la cual se les darían dientes (de leche, pues de adultos no le servían) a cambios de monedas de plata, lo cual sería el origen de la tradición de dejar los dientes de leche debajo de la almohada a cambio de dinero.

Contextualicemos un poco primero:

lunes, 4 de junio de 2012

"Recordar", por Paul Eric

Hay que basarse en los placeres de la vida. No hay que regresar el pasado sino vivir el presente, pues ni el futuro importa. Eran la clase de cosas que solía recordar Francisco con una antigua pareja. Cosa curiosa, pues al recordarla, hacía caso omiso a una de sus leyes. Pero ¿cómo no pensar en ella? No de aquella forma donde sus cejas se fruncían, ni tampoco sus fuertes discusiones; que más de alguna vez llegaron a las manos. Ella sonreía y él respondía haciéndole el amor. Una sinergia de dos personas de impecables imperfecciones, pero que bajo las sábanas formaban una armoniosa amalgama.
     Ella mujer separada de más de treinta años —no importaba la exactitud— y él, un joven que aún no entendía de responsabilidades. Juntos no alcanzaban a ser dinamita, pero de todas maneras estallaban tras los orgasmos.
     No eran como el resto de las parejas amándose por las calles pálidas de soledad en Rancagua, todo cuanto podían hacer era ser distintos. La gente los miraba, no importaba. ¿Raros? Quizás.
     El futuro, de nuevo, no importaba. Pero en algún momento todo terminaría. Era algo de lo que ella solía hablar con frecuencia. Todo lo que sube tiene que bajar, pensaba Francisco, y es que ella no podía estar, cada noche, montada en él.
     Duró lo que duró. Francisco se había ido.

 Dos pastillas para dormir.

     Siempre es bueno traer a la mente ideas que van más allá de lo racional, pues Ella no sólo creaba sino planificaba sin necesidad de escribir o dibujar algún mapa.
     Ya ni siquiera, sumida en la tristeza, era algo más. El fundirse en el rincón de su habitación, sentada en el suelo, de rodillas en la frente, la locura de extrañar lo imposible era ahora rutina.
     Todos los días, mirando aquel muro vacío que era ahora el mar mismo del ahogo desesperado, eran para ella otra manera más de no dejar tiempo para dudas ni interrupciones.

Dos pastillas más.