miércoles, 27 de noviembre de 2013

"La Horrenda Efigie del Dios Necrófago" Por Pablo Espinoza Bardi

 
Ilustración por All Gore
«…Al recobrar más tarde la consciencia, se encuentra a sí mismo encadenado
junto a la maligna sima, inhalando los humos que le hacen olvidar
 su pasado humano en un loco, primigenio delirio».
El oráculo de Sadoqua – Clark Ashton Smith

El inusual sueño comienza en el subsuelo de una oscura caverna. Estoy encadenado a un tosco madero y rodeado de cráneos, huesos y  sahumerios de corrosivas características…
Mi vista se va nublando con irritantes lágrimas producto del humo y mis sentidos se abren hacia una nueva dimensión.

Las brujas, hechiceros y campesinos de la comarca, los cuales tenían la marca del «Innombrable» tallada en la frente, deseaban fervorosos unirse una vez más a su repulsivo Dios.
Ellos danzan en la más abominable de las lujurias primigenias. Danzando con desenfrenado regocijo sobre cuerpos desmembrados, formando una sola masa, la que se mezcla en una necrótica y pagana orgía. Todo esto bajo la fría mirada de la titánica efigie del «Dios Necrófago», en la cual, el rojizo fuego de las antorchas resaltaba aún más su horrendo aspecto.

La orgía proseguía con la ingesta de cadáveres y culminaba con la adoración de la deidad, alabando con arcanos cánticos y letanías.
El llanto de las mujeres y niños raptados de otras aldeas, los cuales estaban destinados al sacrificio, atraían a uno que otro «Ghoul» que merodeaba por los pasadizos que unen la caverna con el antiguo cementerio, pues estos seres se hallan tan sólo en húmedas catacumbas y en vetustos mausoleos…, además, es sabido por los ancianos-nigromantes que los «Ghouls» fueron quienes levantaron piedra a piedra la horrenda efigie, cuando estos todavía vivían bajo túmulos en una tierra aún no definida, mucho antes de que tomaran el gusto por la carne de los difuntos.

Cuando los mordaces aromas del sahumerio terminan por estimular mí ya alterada mente, ocurre lo inefable. Frente a la deidad se encontraba una fosa confeccionada con irregulares bloques de piedra, en la cual se encaramó una indescriptible forma abultada.
Y como si fuese un vómito negro, surge del antediluviano agujero una irreal criatura de colosales proporciones, la cual se unificaba en su totalidad con la penumbra de la caverna. El juego de luces de las antorchas lo mostraba como un horrible topo de pelaje oscuro y también lo mostraba, a veces, como un deforme lagarto negro. Pero en ambos casos, sus enormes ojos se mostraban como dos amenazantes destellos de fuego azulado.
El blasfemo ser se encarama triunfante por la base de la efigie, ayudado de mortales zarpas, al tiempo que emitía un enloquecedor bufido. Muchos de los degenerados siervos del «Dios Necrófago» imploraban, gruñían y lo llamaban por su obsceno nombre. Otros, se encargaban de arrojar los cuerpos sin vida de mujeres y niños a la fosa… y hacia el mismo hocico del Dios, el cual expelía un terrible olor a muerte y corrupción.

*     *     *


Mientras el sahumerio termina de clavarse punzante en mi cerebro, puedo sentir la degenerada marca del «Innombrable» tallada en mi frente… y el sueño del que no puedo escapar cambia, pues ahora me encuentro dentro del séquito de «Ghouls», y también de los pervertidos aldeanos de la comarca que le rinden culto a estas criaturas nacidas de la muerte, idolatrando en lo que me queda de vida, a un aborrecible y repugnante Dios.

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