jueves, 14 de agosto de 2014

"La Desolación del Solitario Tiempo" por Fraterno Dracon Saccis













"Nyarlathotep, El Caos Reptante" por All Gore






.
I know that light is not for me
Save that of the moon over the rock tombs of Neb
Nor any debauchery save the unknown feasts of Nitokris
Beneath the great pyramid.

But in the loneliness of entombment,
I welcome the bitterness of alienage.


"Beneath Eternal Oceans of Sand" —Nile


Transcripción automática del mensaje captado a las 1825, envío por repetición desde Estación (abandonada) 0001 – Tierra
[BEGIN SCRIPT]
Intentaré ser lo más coherente en este informe que creo será el último que recibirán de mi parte.

Capitán Horad Robertson, número clave 3-1-1-9, a cargo del Crucero Wrap Tie-X-Cepto, único sobreviviente del transportador ID15031937, caído [segmento indescifrable] la Tierra. Se adjunta diagnóstico de errores de sistema del transportador, así como archivos de seguridad encriptados del Crucero Wrap, para ficha de proceso marcial. Como solicitud personal, hago el ferviente llamado a detener a como de lugar el proceso de repoblamiento del sistema natal. Espero que este mensaje llegue a tiempo.

Desde el crucero, previo al descenso, se realizaron todos los análisis posibles, desde la búsqueda de señales de radio por más primitivas que fuesen, hasta la ceremonia de presentación, donde no se detectó ninguna forma de vida con el raciocinio equivalente al humano. Los mediums no encontraron más que flora y fauna de nivel psíquico subdesarrollado.

Eliminados todos los factores de riesgo, conformé el equipo de descenso, dejando solo al oficial Sihttev monitoreando las funciones de la IA del crucero. Si bien la idea original era solo descender con el personal destinado al muestro, los mediums, oficiales Abbdey, Shultz y Veidt, solicitaron ser parte de la comitiva, aduciendo podría ser la única oportunidad de poner pie en la Madre Tierra. No hallando razón para negarse a la solicitud, los mencionados tripulantes se sumaron al teniente Garcés y a los oficiales Mindol, Hertz, Cutner y Brown.

El lugar elegido para tocar tierra fue el que alguna vez fuera Cabo Cañaveral, tanto por su valor simbólico como por las condiciones climáticas que presentaba el área. La entrada a la atmósfera se realizó sin mayor inconveniente, al menos hasta encontrarnos a unos 70 km. de la superficie.

En este punto, el informe se hará cada vez más difícil de hilar.

La cabina perdió su forma oval, estirándose mucho más allá de lo que está diseñada. Los telecontroles se fundieron de inmediato, pude sentir como los chips de mi nuca ardían y se derretían dentro de mi piel. El modo manual tampoco respondió, así como el resto de la tripulación ni mucho menos la IA del crucero ni el oficial Sihttey, sepultando mis esperanzas de que el piloteo remoto nos librara de estrellarnos. La temperatura se había elevado a unos 60° C y la aislación del traje no daba abasto. Los [segmento indescifrable]. Cuando el cristal del casco se agrietaba, la cabina dejó su carácter tridimensional para transformarse en una línea de luz, un haz ausente del calor infernal de hacía un segundo (o fueron horas, la memoria relativiza mucho). La paz se había apoderado de mi terror y lo había pulverizado.

Todos nos habíamos convertido en un haz de luz.
La memoria me traiciona al intentar evocar lo ocurrido desde ese instante hasta el despertar, a [segmento indescifrable] nuestro destino original. Fue como haber estado una eternidad encerrado en una burbuja viendo como los días, meses, siglos, pasaban sin tocarme. El terreno floreció, erosionó, fracturó dando paso a ríos que posteriormente se secaban y cuya cuenca se volvía perder entre las tierras que lo dieron a luz [segmento indescifrable].

Una pesadilla de la cual creí que nunca escaparía.

La esfera de somnolencia que me había cobijado se desintegró, dejándome a merced del viento desértico, cuyas cuchilladas de arena terminaron por sacarme del sopor. Bajo mis pies, yacían los restos de la lanzadera que más que estrellada, parecía fundida, deformada por unas manos gigantescas. Mi incredulidad parecía estar suspendida, ya que poco o nada me impactó ver entre los fierros retorcidos, brazos y piernas entrelazadas como raíces de un viejo árbol. Los rostros que asomaban en un ríctus agónico me mostraron la razón de aquella pose estática: estaban petrificados.

Mientras trataba de identificarlos, una voz profunda me golpeó la nuca, helando mi espina.

—Bienvenido.

Al girar me encontré con un hombre delgado de nariz aguileña, vestido con ropas que lo situarían perfectamente en el Carnaval del Pasado, o como pieza de un museo arqueológico. No había vehículo ni lugar desde donde pudiese provenir. Traté de decir algo, pero mi estupefacción no dejó que mi mandíbula se moviese de su posición inerte.

—No te molestaré con acertijos ya que esa no es mi área. Me presento, soy El Tiempo, aunque me conocen con muchos otros nombres, es el que prefiero, de momento. También puedes llamarme Saturno, si te acomoda.

Algo debía estar mal con los instrumentos de la nave cuando hicimos los estudios pre aterrizaje, pensé. O, como estoy seguro ahora, algo debía estar mal en mi cabeza. Aún con estas dudas traté de entablar un dialogo con el sujeto.

—¿Saturno? ¿Qué clase de nombre es ese?

—¿No lo conoces? Vamos, Saturno, el Padre de... olvídalo, no importa, mejor te muestro.

Llegar al salón del castillo no fue un viaje rápido, más bien él trajo el lugar a nosotros. Frente a mis narices estaba la obra más grotesca que halla podido ver. Una inmundicia que dejaría como dibujo de infante a las bestias de los Hudilikos, que tuve la desgracia de ver al momento de requisar y quemar.
Es increíble que aún me perturbe más la visión de ese cuadro, que la forma en que llegamos a este.

—Es “Saturno devorando a un hijo” de Goya —aclaró el individuo, con rostro satisfecho mientras contemplaba al gigante que daba una mordida a la cabeza de un hombre—. No sé porqué me molesto mostrándote estas cosas. Debe ser la soledad.

Me propuse alejarme de la horrible obra de arte. Fijé la mirada en mis pies para no encontrarme con el resto de la galería que adornaba las paredes. De reojo distinguí una puerta entreabierta y me dirigí hasta esta mientras le seguía la corriente a mi anfitrión.

—Entonces ¿Fuiste nombrado por tus padres en honor a este... cuadro?

—Veo que no estás entendiendo nada —me respondió con impaciencia.

Ya había llegado al umbral y Saturno o como se llamara, estiró la mano hacia mi [segmento indescifrable]. Di un brinco lo que a él pareció hacerle mucha gracia, lanzando una carcajada burlesca. Solo había tomado la puerta, y no era para cerrarla.

—Anda, sal al pasillo y tus dudas serán aclaradas.

Me dio un empujón y seguramente hizo algo más, porque una vez más comencé a alucinar, o soñar como en la esfera.

La puerta desapareció tras mi espalda, así como el piso, las murallas y todo lo tangible. Un torbellino de sonidos invadió mi cráneo. Entonces fue cuando supuse que debió haberme drogado. Me sentía como un Incursor de Tornados, vacío de tripulación y sujeto a una gravedad diez veces mayor de lo que aquella nave de exploración estaba diseñada. Claro que mi diseño tampoco estaba preparado para aquel tormento.

Era como si mi conciencia fuese tironeada ya rasgada en jirones.

Tuve un paréntesis en el sufrimiento cuando los mediums me hablaron.

Por favor, debes sacarnos. Nyarlathotep va a devorarnos...

“¿Nyarlatoqué?”

Saturno o como sea que se te haya presentado. Si logra comernos el siguiente serás tú... [segmento indescifrable]”

“Sinceramente no entiendo nada chicos...”

Al momento en que se silenciaron sus voces hizo su aparición en la visión la figura exagerada de mi anfitrión, Saturno. En apariencia no existía ninguna similitud con el delgado caballero, mas su presencia era inconfundible. En sus manos apenas se distinguían tres figuras humanas que se llevó a la boca para decapitar de una mordida. Un hilo unía cada cuerpo a la cabeza dentro de las fauces de [segmento indescifrable] la tijera de Átropos [segmento indescifrable]. Estiró una de sus zarpas y me tomó como si fuese un muñeco, sus dedos... [segmento indescifrable] y el último de ellos apretaba mi garganta apenas dejándome respirar. Me acercó a su rostro, mostrando una hilera de colmillos casi de mi altura, que formaron una sonrisa que se fracturó para mostrar la oscura inmensidad del cosmos, una [segmento indescifrable] y cada estrella moribunda [segmento indescifrable] para que su boca se acercara a mi oído...

—Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía —y me lanzó como si fuera una piedra plana que rebotase en el agua, agravando en cada golpe en la superficie la carcajada [segmento indescifrable].

Caí en la cabina del crucero, despertando adolorido de pies a cabeza por el mal viaje. La IA no respondió a mi solicitud de asistencia y me dirigí al sitial de monitoreo para enterarme de qué había pasado realmente.

Sihttey estaba sentado en su puesto, con la cabeza arrancada y la sangre aun brotando con el pulso de los últimos residuos de vida.

En ese momento comencé este informe y traté de rescatar el máximo de archivos de la lanzadera respaldados en el crucero. Mis sospechas caen sobre los mediums, que fueron demasiado insistentes en participar de la exploración, además de ser el único contacto que tuve mientras estaba bajo los efectos del psicotrópico que me causó las alucinaciones. No he podido determinar cómo lograron darme la dosis. Lamentablemente aún no logro restablecer la IA para que me realice los exámenes perti... [segmento indescifrable]. Y al parecer también la IA está iniciando. La [segmento indescifrable] y las sacudidas se hacen cada vez más... [segmento indescifrable].

¡NOOOOO! ¡NOOOO!

[END SCRIPT]

Lo arcaico del código hizo muy difícil descifrar el mensaje. Las estrellas que conformaban el procesador de HINUHIVGO vieron alterada su danza por un 0,00000002 años galácticos, sin tener mayores repercusiones en el funcionamiento del brazo. Una vez recodificado, el mensaje fue distribuido a las cabezas de comando para decidir el procedimiento. Estás desdeñaron el contenido llegando a la conclusión de que se trataba de uno más de millones de señales perdidas en el vacío, pertenecientes a una civilización que había desaparecido hacían más de veinte mil millones años de su sistema natal. Sin embargo, en honor a la curiosidad que los había hecho grandes y eternos, enviarían una sonda para saber el destino del infierno helado en el que se había convertido ese planeta que vio nacer a sus ancestros, iluminado por una moribunda enana blanca.


0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada