viernes, 27 de febrero de 2015

"La Macabra Verdad del Señor Stevens" por H. E. Pérez













Ilustración por All Gore.












La Macabra Verdad del Señor Stevens1



No te enfades, ¡por Dios…!
Despréciame si quieres,
porque verdaderamente soy despreciable,
pero no me odies.

(Emily Brontë, Cumbres Borrascosas)



“Es totalmente desquiciado narrar lo sucedido aquella noche de invierno de 1926, pero los hechos son tan extraños, si es que extraños es la palabra idónea, que se ha vuelto casi una necesidad liberarme de este tormento y endosarlo a vosotros. Trataré de restringirme sólo a lo esencial de los acontecimientos y no a los detalles, para que así vuestras almas no se perturben en demasía.

“Recuerdo que todo comenzó con un huracanado y gélido viento que corría de oeste a este. Los árboles del Pasillo Principal del cementerio City Road Chapel de Londres se agitaban con violencia. Incluso, y rememoro con temor, más de un frasco con flores cayó al suelo quebrándose en gruesos trozos de vidrio, derramando una mezcla de agua y pétalos podridos.

“Pasé por el Pasillo directo a mi oficina ya que sentí necesario un descanso, pues algo agobiaba con gran tristeza mi alma: hace exactamente un año que no tenía noticias de mi mujer, y eso me ponía melancólico, pues la amaba con pasión.

“Cuando faltaban aproximadamente diez metros para llegar mi lámpara se apagó. Quedé, entonces, en plena penumbra, sólo la esporádica luz de la luna, que surgía de vez en cuando entre las espesas nubes, me iluminaba. Saqué fósforos desde el bolsillo de mi pantalón y con ellos volví a encender la mecha. Fue ahí cuando a mi diestra, a unos setenta metros de distancia, vi bajar una rápida sombra desde el empalme del Muro Oeste con el Norte. Me asusté. Pero de inmediato llegó a mi cerebro la idea de que ésta se había provocado por el efecto que produjo la súbita lumbre del candil en mis pupilas cansadas. Me tranquilicé y pretendí caminar, sin embargo, un sonido metálico me detuvo. Quedé inmóvil bajo la égida de un ángel de mármol, el cual da la bienvenida al Pasillo. Temeroso, llevé con lentitud mi mano al cinturón, palpé la funda del revólver y traté de asirme de él, mas no pude hacerlo, pues en ese momento recordé que lo había olvidado sobre el escritorio de mi oficina. Decidí ir a buscarlo.



“Caminé rápidamente. Más bien, los pasos que di fueron largos, para que así la distancia entre el ángel de mármol y la oficina se redujera al mínimo. Declaro que, a pesar de los ocho años que llevaba trabajando en el cementerio, y que he visto muchas imágenes siniestras y he oído muchos ruidos extraños, me sentía temeroso. Bien pudo haber sido un ágil felino que se deslizó hacia el interior del recinto, o una paloma u otra ave que, con su aletear ligero, haya provocado ese sonido, el que yo mal interpretaba como metálico. Sin embargo, la rigidez de mis miembros y la agitación de mi pulso decían lo contrario.

“Abrí la puerta de mi despacho e ingresé con premura, cerrando apenas entré. Encendí otra lámpara con el fin de iluminar mejor la estancia y me percaté que todo estaba en su lugar: a mi siniestra el espejo de cuerpo entero – hermoso regalo de mi esposa -, junto a él el sofá y, más allá, mi escritorio apegado a la ventana que da a la calle. Sobre él la lámpara, el teléfono, unos documentos, mi pluma, el tintero, y ahí, junto a un vaso con agua, mi revólver. Lo tomé y lo enfundé. Sabía que estaba cargado.



sábado, 21 de febrero de 2015

"Encuentro en el Parque Stix" por Armando Rosselot













Detalle de ilustración de LordNecro Arlequin (Necroscopio).








Sabía que lo que hice no era bueno, había degollado a la abuela y a su nieta por unos cuantos billetes. Entré con temor al parque Stix, huyendo. Aminoré el paso al creer que había oído algo. Pensé en otro asaltante, o en varios, en lo que sería una cuchilla clavada en mi vientre y el frío de la muerte acariciándome, o tal vez, un disparo en la cabeza, un golpe fuerte en la nuca que haría que poco a poco dejara de percibir todo alrededor hasta caer inconsciente en los brazos de la oscuridad. Apuré el paso, tanto que en un momento me di cuenta que corría. Paré, respiré hondo, y cuando me disponía a seguir mi camino fue cuando sentí una presencia detrás mío.

Me volteé rápido y lo vi. Vi lo que creí era sólo posible en las pesadillas, tanto que no pude moverme y el miedo fue tan inmenso que doblegó mi mente en décimas de segundo dajándome en una especie de hipnósis.

Él tocó mi rostro con una suavidad repugnante, con algo similar a una mano y me observó con su único e inmenso ojo, embutido en aquella cabeza sin boca que irradiaba un ardor imposible y un grito convertido en un susurro preso de la carne y los huesos. Jaló de mí con descomunal fuerza y apoyó su húmedo cráneo sobre mi cabeza. En ese momento conocí la verdad.

viernes, 13 de febrero de 2015

"Experiencia primigenia" por Michael Rivera Marín













Bosquejo de ilustración por iGhor Alarcón.










No puedo correr más. Me cuesta respirar. Caeré. Seré su víctima. No soy capaz de defenderme solo. Tienen ocho brazos ansiosos por golpearme hasta matarme. No vale la pena intentar luchar contra ellos… siempre han sido unos monstruos.

¿Por qué arrancas de nosotros, Howard?

Somos tus compañeros de curso.

Yo me sentaba junto a ti.

¿O acaso te ibas a ir del colegio y la ciudad sin despedirte?

¿Por qué me acercaría a ellos si nunca fuimos amigos? Con ese asiático solo nos saludamos porque estaba toda la clase a mi lado; con los dos mestizos hicimos un trabajo de ciencia, pero me aburrieron con su regocijo en la ignorancia; y al árabe nunca le dirigí una mirada.

¿No vas a responder? –Me gritó el más gordo–. ¿Tienes miedo?

¿Por qué metió su mano al bolsillo? ¿Está armado? Miro a mi rededor y descubro que escogí mal la calle para esconderme. El frío de la tarde aleja a los pocos transeúntes que podrían ayudarme.

Estamos solos. Quieres saber lo que tengo aquí, ¿verdad?

He recuperado el aliento, pero soy delgado y demasiado débil para enfrentarlos. Solo puedo actuar como el astuto Dupin e intentar distraerlos hasta que alguien me socorra.

Podría gritar desesperadamente para llamar la atención de las familias en las casas, pero lucen vidrios quebrados, profundas grietas en sus muros, probablemente estén abandonadas o vivan en ellas pordioseros, inmigrantes o criminales.

No tengo miedo. Imagino que escondes una navaja. Solo temo a lo desconocido, no a lo oculto y obvio.

miércoles, 11 de febrero de 2015

"Tu sangre, mi obsesión" por Daniel H.V.













Ilustración por Daniel Orves.









Arrancaré tus labios de una mordida,
te abrazaré fuerte rompiendo tus costillas,
rasgaré tu piel con mis uñas,
con mis dedos sostendré tu rostro agónico.

Clavaré mis pulgares en tus ojos,
destriparé y desmembraré tu cuerpo,
esperaré hasta que la última gota de sangre
corra por tus blancas mejillas.

La habitación será el lienzo
donde regaré tus entrañas.

Serán tus gritos mi inspiración,
tu dolor será el eco eterno en mi interior.
Nos bañaremos con tu sangre,
bebiéndola hasta embriagarnos

Me abalanzaré sobre tus órganos,
engulliré tu vientre reptando sobre tus restos.

Y al fin...
seremos uno.

viernes, 6 de febrero de 2015

"En las profundidades" por Javier Maldonado Quiroga













Bosquejo de ilustración por Johnny Aracena.










El edificio se levantaba ante él como el cadáver de una criatura gigantesca y repulsiva olvidada junto al borde del camino. El día comenzaba a decaer rápidamente, demasiado rápido para su gusto, por lo que apuró el paso. El silencio que reinaba en aquel sitio lo hacía sentir inquieto. El muchacho hubiera esperado la presencia de algún perro solitario, o uno que otro pájaro en las inmediaciones, pero no había nada, excepto por la densa vegetación que había ido creciendo alrededor de la estructura a lo largo de los años.

No tenía idea de cuánto tiempo llevaba abandonada, pero sabía que en algún momento, durante la infancia de sus padres, había sido un importante centro deportivo y, como era de esperarse, había terminado siendo reemplazada por un complejo mejor equipado y mucho más moderno en el centro de la ciudad. Ahora no era más que una mole gris que parecía resistirse al inexorable paso del tiempo.
Las murallas exteriores estaban cubiertas de algunos viejos grafitis, aunque el muchacho sabía que la mayoría de las personas había aprendido a evitar aquel lugar. Se comentaban cosas macabras en los alrededores. Hace algunos años, en los periódicos locales, se había publicado un reportaje sobre una secta que durante meses usó el edificio para llevar a cabo sus rituales. Todos los miembros habían sido detenidos, e incluso algunos encarcelados, aunque nunca se supo con claridad la naturaleza de su culto. Lo relevante de aquel incidente era el hecho de que poco tiempo después habían comenzado a suceder extraños fenómenos en la zona: ruidos y luces durante las noches, y posteriormente la inexplicable desaparición de algunas piezas de ganado.

martes, 3 de febrero de 2015

"Hoy, nada puede fallar" por Pablo Espinoza Bardi




“My semen is bleeding, 
the smell of decay"

I cum blood  – Cannibal Corpse



El sujeto se encuentra parado frente a la ventana del último piso, restregando su asquerosa verga contra el vidrio. Él está en la cima, on the top… intocable e invisible.    
Abajo, en la calle, transitan madres e hijos, padres y ancianos, todos haciendo una vida normal. Son como insectos –piensa apoyado en la ventana– o más bien como tiernos corderos dispuestos a ser sacrificados por un goce superior 

Entonces ve a un grupo de niños jugar a la "escondida" en el parque y eso lo llena de ternura. Se escupe la mano y fricciona su verga con más fuerza. Su entrepierna se pone rojiza y hiede a lo que guarda en el closet hace semanas, en tanto que unos piececitos que se asoman bajo la cama dan sus últimos estertores. 

Finalmente descarga su chorro hacia la ventana y al mundo. 
El hedor de su vicio inunda nuevamente la habitación. 

Pero todo está bien, la vida le sonríe. El estanque lo tiene lleno y la revisión técnica al día. El pinito olor–naranja es perfecto para tapar ciertos aromas y eso lo hace feliz, al igual que los peluches de plaza sésamo que adornan su furgón. ¡A ellos les encanta! –dice satisfecho– Hoy, nada puede fallar.