jueves, 29 de junio de 2017

"¡Déjame Tranquilo!" por Bruno Noctis














Ilustración por Alex Olivares.










Relato ganador del concurso "Mes el mar 2017".








No se equivoquen. No es que sea un mal agradecido del cielo, por el privilegio de haber sobrevivido en tan buenas condiciones a un naufragio. Tengo agua envasada además de la que se recolectó de la lluvia. Tengo comida enlatada para al menos unas dos semanas más. Una biblia, un catálogo de motores de lancha, del que he aprendido bastante, y una novela de Dickens, “Historia de dos ciudades”. Y bueno, tengo mi salud, mi vida. Algo que no pueden decir el resto de los tripulantes. 

Pero lo que me tiene ya bastante harto es la soledad. Me tiene harto la incertidumbre. Me tiene harto el silencio. 

Llevo dos días, a ratos dudo y creo que son tres, a la deriva en mar abierto y no diviso tierra. ¡Dios mio! Si ya ni siquiera puedo ver los restos del naufragio. ¡Ni una mísera tabla! Y soy un negado en cuanto a navegación. Tengo una brújula y no puedo hacer otra cosa más que intentar guiar el bote salvavidas hacia el norte. Dos días, y no ha venido nadie en mi rescate. Ya estoy más que preocupado y sé que preocuparme no es nada útil. Pero entenderán que no tengo nada mejor que hacer. Ya terminé de leer “Historia de dos ciudades”. Estoy al borde de la locura si lo pienso, porque estoy evaluando leer la biblia completa. Tal vez sea Dios quien espera que termine esa tarea para enviarme su mano amiga. 

Se los dije. Estoy al borde de la locura. 

Ahora miro al horizonte, esperando que aparezca la silueta de cualquier cosa, una isla, un árbol, un barco... ¡Lo que sea! Nunca pensé que sería tan comp...esperen... olvídenlo. Decía que nunca pensé que sería tan complejo manejar la soledad, en tan poco tiempo. O no sé si sea la soledad. Ha de ser la desesperanza, ese bichito que me está diciendo “NO... NADIE TE VA A RESCATAR. TE VAS A MORIR DE HAMBRE”. Pero el bichito es una sensación, un apretón en el estómago. 

Examino la bengala para estar seguro de como usarla a la hora de pedir rescate. Tentado estuve de probar una, solo para saber si funcionan. Creo que lo haré pero lo más... ¡PARA!... lo más sensato es esperar a la noche. La capota que me cubre del sol y del frío es reflectante, así que de seguro debe verse de una... ¡PARA!... distancia grande. 

Como les decía, la soledad es la que me tiene con el alma en vilo. Anoche miraba las estrellas y meditaba en cuánta gente estaría mirando ese mismo cielo, si la luz de sus ciudades les permitiría ver tantas... ¡BASTA! ¡NO LO VOY A HACER! ¡DÉJAME TRANQUILO!... tantas estrellas como yo veo. Fue cuando navegué por primera vez cuando noté que se formaban como nubes de estrellas, como una estela de niebla... ¡NO SOY UN COBARDE! ¡CLARO QUE ME ATREVERÍA SI FUESE TAN ESTÚPIDO!... Son una belleza. Eso es algo que me consuela en esta irremediable soledad. 

Las estrellas ya están apareciendo. Voy a dejar a mano la bengala, solo por si acaso. 

La biblia es algo aburrida entrando en los Levíticos. Aunque ya venía dándome sueño con sus...

¡ACASO CREES QUE NO ME ATREVO!

Demasiado sermón, demasiados “No hagas esto.... no hagas aquello... solo debes hacer esto otro...”

¡DÉJAME MOSTRARTE!

Voy a interrumpir nuestro diálogo, ya que debo disparar la bengala. Bajo el cañón, inserto la carga... ¡CLARO QUE LO HARÉ!... saco el seguro. ¡HA HA HA HA... CLARO QUE LO HARÉ!... pongo el dedo en el gatillo, abro la boca...



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