martes, 31 de marzo de 2015

"Yeshua Non Grato" por Fraterno Dracon Saccis














Ilustración por Visceral.














Padre no me dijo cómo regresaría.

Tampoco me lo dijo cuando morí, ni cuando regresé por primera vez.

El descenso fue doloroso, peor que clavos en las palmas desgarrando los tendones,  único soporte del peso de todo tu cuerpo.

El aire es veneno, un gas hiriente que castiga mi renacida respiración, como fuego que entra por la garganta, como hielo que congela las fosas nasales.

Recogí ropa tirada en la basura, los harapos hacen que la gente me mire con recelo. Me acerco para hacer una simple pregunta pero todos se alejan, hasta que al fin uno responde de mala gana, indicando con una mano un inmenso edificio y con la otra tapa su nariz. Lo que hay en la cima de la torre dominando la ciudad me da escalofríos.

Una cruz.

Contemplo extrañado la construcción "Aquí se reúne la iglesia que formó mi querido amigo y hermano, Pedro". Demasiado ostentoso, a mi parecer.

El interior se ve mucho más grande y fastuoso. Al fondo hay un altar y otra vez ese símbolo, pero ahora la imagen es aún más horrenda.

Tiene un cadáver clavado. Tal como lo hicieron conmigo.

Sale a mi encuentro un aciano vestido de negro. Se dirige a mí con simulada piedad.

- ¿Qué deseas hijo mío?

- Me habéis llamado hijo ¿acaso eres tú amado Padre, también en una forma terrenal?

El hombre deja de fingir y me pide que me vaya, me llama loco.

Tropiezo con un invidente que se dirige al grosero hombre. Le pide su bendición

¿Por qué lo hace?

La humildad del ciego me causa un nudo en la garganta. Tomo su cabeza y pongo los pulgares en las cuencas resecas, donde comienzan a regenerarse globos oculares que al abrir los párpados, me miran incrédulos.

- Puedo ver ¡Puedo ver!

El ciego me besa la mano y sale del frío edificio gritando con júbilo.

El hombre de túnica negra me mira con palidez mortal. Corre hacia una pequeña puerta a la izquierda del altar, sin alejar su mirada de estupor de mi rostro.

Debe haber sido un error. Esta no puede ser la casa de Padre.

Salgo consternado y la luz me encandila. Acababa de dejar un lugar mucho más oscuro de lo que parecía.

Ruidos de truenos irrumpen y siluetas apresuradas se mueven en mi parcial ceguera. Cuando logro acostumbrarme a la luminosidad, veo el destello de una daga dirigiéndose a mi cuello.

Mi grito no es grito, es una gárgara de sufrimiento.

Regreso a la oscuridad, pero mientras se apaga mi visión, escucho como la gente que me ha capturado habla con la misma frialdad del edificio.

- El mesías ha sido eliminado. Testigos eliminados. Lugar asegurado, Su Santidad.

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