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viernes, 4 de julio de 2014

"Los Gatos de la Señora Dark" (Segunda Parte - Final) por H. E. Pérez













Ilustracion por All Gore








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Sábado 23 de junio de 1928. “Posada Saint Louis”, Littlecarob. Segundo día de investigación.

Me levanté temprano en la mañana. Sentía un leve dolor de cabeza, pero sin parangón con las fiebres sufridas los días anteriores. En la noche llovió suave, en forma esporádica y, por fin, los malditos gatos no se hicieron presentes sobre mi techo. Tenía mucho ánimo, por lo que me dediqué a arreglar mis apuntes. Tanto afán puse en ello que ni siquiera sentí ganas de almorzar, aunque ya eran más de las dos de la tarde.

Una vez que estuve listo, empaqué mis enseres y salí de la habitación. En el pasillo vi a Stephie, quien me miró sorprendida al verme cargar mis maletas: - ¿Y tú, a dónde vas? – me interrogó con dulzura.

- Me voy – le dije; y sus ojos brillaron -. Aunque sólo de la posada, del pueblo aún no.

- ¿Qué quieres decir?
- Visitaré a esa mujer de la que hablamos anoche – dije con seguridad – y le pediré alojamiento para investigar su historia.

- ¿Qué? ¿Acaso estás loco? – gritó exasperada.

- No, aún no – dije riendo.

- ¡Pero… puede ser peligroso! – dijo mientras aferraba sus tibias manos a las mías.

- ¿Por qué? ¿Temes que me convierta en gato? – dije, burlón. En eso estábamos cuando llegó el señor Joseph.

- Al parecer – dijo sonriente – regresáis a vuestro hogar. Fue una corta pero muy agradable visita, Ernest.

- No se va del pueblo – dijo Stephie, sollozando.

- ¿Entonces? – preguntó el dueño de la posada.

- Voy a la casa de la colina… la vivienda de la que hablamos anoche.

Al señor Joseph se le fueron los colores del rostro al escuchar mis palabras y enmudeció por unos instantes, sin embargo, reaccionó cuando le pagué mi estadía: - ¡Que la suerte os guíe! – díjome. Dio media vuelta y desapareció en la cocina. Entonces, me despedí del resto de los residentes y salí de la pensión. Había caminado un par de metros cuando sentí unos pasos ligeros que me seguían.

- ¡Esperad! – era Stephie -. Te acompañaré hasta la plaza.

Caminamos sin hablar. Llegamos a la intersección de la calle Saint Louis (donde quedaba la pensión) con la Calle Principal (la que atravesaba todo el pueblo). Doblamos a la izquierda y seguimos caminando, en silencio. Rápidamente asomó la calle Father Peter, la cruzamos y de inmediato pusimos pie en la Plazuela General. Allí Stephie despidióse de mí: - ¡Ojalá que vuestro trabajo resulte bien! – díjome con lastimera voz.

- Eso mismo espero yo – le respondí.

- ¡Ten cuidado! Recuerda tus palabras: “los mitos tienen algo de realidad”.

Mi confianza titubeó al escuchar tal comentario. – No os preocupéis – dije -. Espero que esta realidad no sea tan macabra.

martes, 24 de junio de 2014

"Los Gatos de la Señora Dark" (Primera Parte) por H. E. Pérez













Ilustracion por Visceral








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Entonces me precipité hacia el terrible brocal y dirigí una mirada al fondo; el brillo de la bóveda inflamada iluminó sus más recónditas cavidades; pero durante un momento de extravío mi espíritu no pudo explicarse la significación de lo que veía.

(Edgar Allan Poe, El pozo y el péndulo)




Littlecarob es una aldea muy conocida por las oscuras historias que los aldeanos, y la gente que ha conocido el pueblo, cuentan del sector.

Apenas cae la noche del 23 de junio, la famosa Noche de San Juan, los habitantes más jóvenes se reúnen en la plazuela del pueblo, alrededor de la pileta, para contar aquellas misteriosas historias que, de generación en generación, se han narrado desde décadas perdidas. Cuentos aún vigentes de personas ya idas que, gracias a estos relatos, todavía siguen vivas, seduciendo o llenando de temor a quienes oyen estas leyendas.

Tal era la popularidad de estos oscuros relatos que traspasaban no sólo los límites del tiempo, sino que también las distancias territoriales.

¿Cómo me enteré de lo que os estoy contando?... de la siguiente forma: mi maestro, el señor E…, profesor Licenciado en Literatura y Gramática Contemporánea de la Universidad Saint Thomas, nos ofreció a mí y a mis compañeros una cátedra en la que el tema central era la importancia que reviste para la cultura moderna las leyendas populares que se transmiten de voz en voz. Habló de distintos pueblos y civilizaciones y de la trascendencia cognitiva de sus propios mitos. De tal modo terminó su conferencia cuando nos pidió que investigáramos sobre estos asuntos. Así me interesé por estudiar las historias de la lejana, y para mí desconocida, Littlecarob.

Entonces organicé mis enseres y me preparé para dirigirme al lugar en el que se desarrollaría mi trabajo investigativo.
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