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viernes, 6 de febrero de 2015

"En las profundidades" por Javier Maldonado Quiroga













Bosquejo de ilustración por Johnny Aracena.










El edificio se levantaba ante él como el cadáver de una criatura gigantesca y repulsiva olvidada junto al borde del camino. El día comenzaba a decaer rápidamente, demasiado rápido para su gusto, por lo que apuró el paso. El silencio que reinaba en aquel sitio lo hacía sentir inquieto. El muchacho hubiera esperado la presencia de algún perro solitario, o uno que otro pájaro en las inmediaciones, pero no había nada, excepto por la densa vegetación que había ido creciendo alrededor de la estructura a lo largo de los años.

No tenía idea de cuánto tiempo llevaba abandonada, pero sabía que en algún momento, durante la infancia de sus padres, había sido un importante centro deportivo y, como era de esperarse, había terminado siendo reemplazada por un complejo mejor equipado y mucho más moderno en el centro de la ciudad. Ahora no era más que una mole gris que parecía resistirse al inexorable paso del tiempo.
Las murallas exteriores estaban cubiertas de algunos viejos grafitis, aunque el muchacho sabía que la mayoría de las personas había aprendido a evitar aquel lugar. Se comentaban cosas macabras en los alrededores. Hace algunos años, en los periódicos locales, se había publicado un reportaje sobre una secta que durante meses usó el edificio para llevar a cabo sus rituales. Todos los miembros habían sido detenidos, e incluso algunos encarcelados, aunque nunca se supo con claridad la naturaleza de su culto. Lo relevante de aquel incidente era el hecho de que poco tiempo después habían comenzado a suceder extraños fenómenos en la zona: ruidos y luces durante las noches, y posteriormente la inexplicable desaparición de algunas piezas de ganado.

viernes, 20 de junio de 2014

"Rebeca" por Aldo Astete Cuadra













Ilustracion por Johnny Aracena
- Realizador en Animación Digital.-
(cel.) –(09)9 62 62 929.-
(Mail.)- Aribjan.art@hotmail.cl








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No tenía demasiada hambre, esperaba llegar temprano a casa para recuperar el tiempo perdido con mi mujer, pero mis compañeros no tenían esa urgencia, más bien, precisaban comer el mejor sándwich en kilómetros a la redonda, eso al menos nos habían dicho en el pueblo, que no podíamos regresar a la ciudad sin probar la mano de la señora Rebecca. Por esta razón es que estábamos sentados en el comedor rústico de una casa a las afueras del pueblo, junto a un camino polvoriento y soportando a una decena de moscas que revoloteaban a nuestro alrededor y de vez en cuando se posaban en una oreja o en la calva de Oscar.  La señora Rebecca no tardó en aparecer detrás del mostrador, era una anciana de pelo lila y grandes lentes fotocromáticos. Oscar, luego de espantarse la enésima mosca de la cabeza se levantó y caminó hasta la anciana para pedir cuatro sándwich y una jarra de chicha dulce.
Esperábamos pacientemente la orden, pues es bien sabido que las buenas preparaciones tardan algo, por lo que comenzamos a fijarnos, primero distraídos y luego con mayor detenimiento en nuestro entorno; mientras las moscas se tornaban un poco más molestas.
Sobre el mesón se veían dos bolsas llenas de agua que colgaban a poca distancia del techo, por lo que sé, se supone asemejan telarañas que espantan a las moscas, sin embargo, en ellas se notaban los puntos negros de las moscas que atraídas como por hipnosis se quedaban quietas.