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lunes, 23 de septiembre de 2013

"El Hombre Marino" por Aldo Astete Cuadra


Hace unos años, veía, de tarde en tarde, a la señora Eugenia Torres pasar por el frente de mi casa, ahí por la playa. Se dirigía hasta «Punta de Lapas», a la punta en donde se unen las corrientes y regresaba al rato, ya de noche. Un día salí a comentarle que no era muy recomendable que fuera sola a esas horas hasta allá, pues ahí pasaban cosas extrañas, varios vecinos decían haber visto el «barco fantasma». Ella me dijo que no creía en esas cosas, así que la acompañé haciéndome la valiente, nunca iría sola durante la tardenoche hasta la puntilla. Nos sentamos a unos metros del agua. Conversamos de algunas cosas que ya ni recuerdo, hasta que lo vi clarito y no pude evitar dar un grito ahogado. Se trataba de un hombre que emergía del agua hasta la cintura y nos miraba desde lejos. Se sumergió enseguida. La señora Eugenia Torres no vio nada, pero inmediatamente el hombre, que vestía un traje negro volvió a aparecer y ahí sí que ella lo vio. Las dos salimos corriendo, yo me vine hasta mi casa y ella siguió corriendo por la playa hasta la suya que quedaba en la Medialuna.

martes, 17 de septiembre de 2013

"Beatriz" por Fraterno Dracon Saccis

Ilustración por All Gore

Estoy paralizado.

Cada día era igual al otro, desde que tengo memoria. Llegaba el plenilunio y mis Padres aullaban y danzaban entorno al fuego. Lluvias que no cesaban hasta pasada una semana. Truenos que retumbaban entre los árboles. Olas que amenazaban con cubrir el islote y hacerlo desaparecer. El Barco del Arte dejando sus mercancías y recogiendo sus tributos. Cada día era diferente, pero al formar parte de ciclos, no eran más que una pieza de la monotonía.

Ni Galindo, uno de mis muchos Padres, con sus lecturas a escondidas de los otros Brujos, lograba abstraerme del mundo congelado en el que vivía. Al contrario. Fue él quien plantó la semilla del inconformismo en mi alma… alma… también gracias a él comprendí que yo tenía una. A veces pienso que es por esto que me dijo “perdóname” para luego salir volando con su makuñ para nunca regresar. No hay nada que perdonar, solo agradecer, querido padre y amigo.

Sin embargo, un día en que deambulaba por los alrededores de la cueva, como era mi obligación, resguardando la guarida de mis Padres, una visita llegó de entre el bosque. Su cabello negro azabache se agitaba como tela con el viento. Su andar, era como si flotara sobre el agua, sus pies estaban cubiertos por el largo vestido rojo que cubría su delgado cuerpo. Fue su rostro, sí, su rostro inescrutable, su mirada fría como la brisa marina la que me hipnotizó. No me dirigió palabra ni posó sus ojos sobre mí, para pasar por mi lado y desaparecer en la boca parpadeante de la cueva.

Beatriz, de inmediato la nombré para guardarlo en secreto, evocando a la musa de Dante. Esperé a su salida, con temblores y ansiedad. Tal como llegó se fue, como si no hubiera custodio en el islote. Intenté seguirla pero mis saltos no fueron capaces de dar caza a su deambular etéreo.

martes, 10 de septiembre de 2013

"El que sonríe a través de la ventana" por Aldo Astete Cuadra

Ilustración por All Gore
Hace años mi hermano me contó que encontrándose en su lancha en Puerto Low, los sorprendió una tempestad y tuvieron que fondear su lancha por varios días. En tierra, decidieron salir a recorrer y buscar agua dulce. No muy lejos de donde se arrancharon encontraron un arrollo y decidieron subir por él un poco más, hasta que se toparon con una placa de oro. Estaban todos los dientes y muelas de la parte superior. Extrañados pero contentos por el hallazgo decidieron regresar por donde vinieron. Al día siguiente, cuando la tormenta amainaba, volvieron a Quellón, sin embargo, saliendo del Golfo Corcovado recrudeció la tormenta y debieron buscar refugio en Isla Coldita. Ahí vieron luces en una casa y solicitaron alojo por aquella noche, pues la tarde los había sorprendido y ya estaba oscuro y el viento amenazaba con tirar todo lo que no estuviera firmemente asido al piso. En la casa los recibieron mejor de lo que esperaban, inclusive quien se encontró la placa de oro terminó siendo medio pariente del dueño de casa. Aquella noche los atendieron como reyes, les prepararon una buena cena, atizaron el fuego y les prepararon camas mullidas en la cocina para que no sintieran frío. Al día siguiente las condiciones mejoraron y los hombres regresaron a la embarcación y a Quellón sin dificultades, pero antes habían decidido desprenderse de la placa de oro regalándosela al dueño de casa que tan bien y desinteresadamente los había atendido.

martes, 3 de septiembre de 2013

"La Viuda de la Noche" por Aldo Astete Cuadra

Ilustración por Ana Oyanadel

La primera vez que supe de ella fue cuando regresábamos de una fiesta en el Puente Soto. En ese tiempo no había camino hasta Punta de Lapas, así que regresábamos por la playa, como a las dos de la mañana con mi papá. Vimos a lo lejos una figura oscura que caminaba delante de nosotros, mi papá la reconoció enseguida y comenzó a silbarle, poco a poco nos acercábamos, hasta que perdíamos de vista a esta mujer vestida de riguroso negro, la «Viuda de la Noche» me dijo el papá que se llamaba.
De pronto aparecía detrás de nosotros, caminando a nuestro ritmo, así que disminuíamos el andar hasta que se nos acercaba y volvía a desaparecer, para reaparecer delante de nosotros. Así anduvimos un tiempo, yo estaba asustada, pero mi papá parecía disfrutarlo, le silbaba y reía. Antes de llegar a la casa del vecino Honorio Vera, la «Viuda de la Noche» ingresó a una de las tantas cuevas escavadas por el mar en las paredes rocosas.
No volví a saber de ella hasta que muchos años después, en una comida realizada en el «Turislapa» la señora Evelina Chaura me comentó que en el arrollo cercano, ahí donde está la casa de Iván Haro se sentía a la «Viuda de la Noche», salimos y la verdad es que en un principio no logré oír nada, pero la señora Evelina Chaura me pidió que me acercara un poco más al bosque, y sí, efectivamente pude escuchar como una mujer lloraba amargamente, eso sí que me dio mucho miedo y entramos las dos corriendo al «Turislapa»