Hace
unos años, veía, de tarde en tarde, a la señora Eugenia Torres pasar por el
frente de mi casa, ahí por la playa. Se dirigía hasta «Punta de Lapas», a la
punta en donde se unen las corrientes y regresaba al rato, ya de noche. Un día
salí a comentarle que no era muy recomendable que fuera sola a esas horas hasta
allá, pues ahí pasaban cosas extrañas, varios vecinos decían haber visto el
«barco fantasma». Ella me dijo que no creía en esas cosas, así que la acompañé
haciéndome la valiente, nunca iría sola durante la tardenoche hasta la
puntilla. Nos sentamos a unos metros del agua. Conversamos de algunas cosas que
ya ni recuerdo, hasta que lo vi clarito y no pude evitar dar un grito ahogado.
Se trataba de un hombre que emergía del agua hasta la cintura y nos miraba
desde lejos. Se sumergió enseguida. La señora Eugenia Torres no vio nada, pero
inmediatamente el hombre, que vestía un traje negro volvió a aparecer y ahí sí
que ella lo vio. Las dos salimos corriendo, yo me vine hasta mi casa y ella
siguió corriendo por la playa hasta la suya que quedaba en la Medialuna.





















