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jueves, 25 de mayo de 2017

"La soledad de la estrella fugaz" por Daniel Figueroa Arias (Costa Rica)














Ilustración por All Gore.
















La exclusa exterior se cerró tras ella con un pesado golpe metálico. Golpe que sólo existía en su cabeza, porque en el vacío, obvio, no existía el sonido. Entonces comenzó el ceceante ruido in crecendo de la recámara llenándose de aire. Ella solo se dejaba flotar, cual si fuera un cuerpo sin vida, dejándose ir, nada más, flotando en un mar sin corrientes
Podía llamarse María, Kathy, Tanya, Icu… carecía de importancia, ya que no quedaba absolutamente nadie para llamarla por su nombre. Era la única residente de la estación espacial de relevo, Shooting Star IV. Se trataba de un armatoste insignificante. Un eje cilíndrico, con una zona giratoria que creaba sensación de gravedad. La mitad del eje era hangar y bodegas, para las naves que iban de paso entre la Estación Internacional y cualquier otro punto en el espacio.
Pero, por una coincidencia, que le hacía recordar que el universo tenía sentido del humor, muy macabro por cierto, terminó siendo el atalaya del único ser humano vivo en órbita… bueno, en realidad, del único ser humano que quedaba.

miércoles, 10 de mayo de 2017

"S.S. Prosperous", primera parte, por Fraterno Dracon Saccis














Ilustración por All Gore.














Cuando el horizonte había devorado por completo al sol, saboreando hasta el más pequeño y postrero rayo, el último de los pasajeros del
S.S. Prosperous abordó con su pequeña maleta y el paraguas que lo protegía de la llovizna que, a pesar de su suavidad, extendía una espesa capa sobre la cubierta.
     Luego de zarpar, pasajeros y oficiales se reunieron en el comedor para la cena. Todos excepto Alexander Pimur, que se excusó diciendo que había comido suficiente como para varios días, en un comentario que solo le causó gracia a él, como pudo confirmar el capitán al repetirlo en la mesa. No le había gustado aquel tipo, pero había pagado buen dinero por una de las pocas plazas con que contaba. Tampoco estaba la hermana Marianne, que se acostaba temprano como buena religiosa.
     En la habitación se encontraban el capitán Alexei, su primer oficial Charles Pitchard, el segundo oficial Gustave Melle, el tercer oficial, Bruno Albacete, el jefe de máquinas, Dwayne Lieber, además del comerciante Roger Blanche y su hija Rose.
     —El joven Alexander apareció hace algunos días buscando plaza para Londres —ante la insistencia de Blanche, el capitán comenzó hablar sobre el pasajero que había retrasado el desamarre—. Me contó acerca de su enfermedad y que necesitaba una cabina individual, ya que debe encerrarse durante el día, incluso si el cielo está completamente nublado. Le dije que, aunque sí teníamos como destino Londres, no contábamos con el espacio que él requería. El último camarote disponible había sido tomado por un matrimonio de recién casados.
     —Que horrible lo que les pasó —comentó Blanche.
    —Fue una suerte —dijo Albacete con la boca llena, salpicando migas—, pagó más del doble que los Rymer.
     El capitán quiso fulminarlo con la mirada, pero el tercer oficial no quitó los ojos del plato.
    —Las calles de La Rochelle están cada vez más peligrosas. A veces me recuerdan a París.
     —¿Y cómo es que murieron? —preguntó la pequeña Rose, con una sonrisa curiosa que se apagó ante el reproche silencioso del entrecejo del padre.
     El capitán, algo contrariado por tener que profundizar en el tema, respondió escueto.
     —Prefiero ni enterarme. El detective que vino a hablarnos buscando algún indicio, no fue capaz de contármelo. Cuando se lo pregunté, solo se puso pálido, como si se le hubiese ido toda la sangre del cuerpo.
     —Que jugosa está la carne.
Al ver como Albacete se llevaba a la boca un gran trozo de carne sin esperar a tragar lo que ya tenía medio masticado, y volvía a cortar otra porción escurriendo sangre; el capitán perdió el apetito. A juzgar por los servicios que habían quedado inmóviles sobre la mesa, el resto de los comensales también. Todos excepto Albacete, por supuesto.

viernes, 5 de febrero de 2016

EDITORIAL: ¿Y el aniversario?














Ilustración: "Goczecocogch" por All Gore.










Desde sus inicios, por allá por el 2011, Chile del Terror ha tenido una actividad constante, que ha tenido sus altos, con las publicaciones de nuestras dos antologías "Chile del Terror - Una Antología Ilustrada" y "Chile del Terror, Visiones Lovecraftianas", trabajos que han sido una cúspide en nuestra labor de creación y difusión del terror. Claro que en el último tiempo, nuestras publicaciones en el blog han ido disminuyendo hasta el punto de cesar por completo.

Eso, en la superficie...

El principal motivo de este congelamiento es que sus miembros se han embarcado en proyectos personales, separados totalmente o relacionados directa o indirectamente con esta iniciativa. 

Y henos aquí, reflotando la bestia...

Partiremos con un especial gráfico, que anunciaremos la próxima semana, porque el trabajo visual es parte fundamental de nuestra pequeña secta; para luego retomar las publicaciones de relatos. 

Eso es lo que podemos anunciar de momento. El resto... saldrá a la luz cuando llegue su hora. 

martes, 24 de noviembre de 2015

"El hombre / El Parte / El Octavo" por Roderick Usher














Ilustración por All Gore.










Era bien feo eso que estaba haciendo yo, me decía. Meterme en medio como si no supiera que lo que él estaba haciendo era una buena pega.

Se notaba que yo no era muy hombre. No como él. Él era del campo y en el campo se aprendía a ser hombre, aunque a uno no le gustara. El tufo a cerveza llena el aire. Y eso era lo que ella necesitaba: un hombre de verdad.

Mi mano derecha se movió instintivamente hacia el pecho, donde estaba mi arma. Pero no alcancé a tomarla. Él continuó.

La conoció porque él, ahí donde lo veía, era amigo de su marido y frecuentaba su casa. Cuando terminaron, él la consoló. Hacía tiempo le gustaba ella, así que aprovechó que estaba necesitada de cariño para acercarse y después usó todas las cosas que contaba o de las que se quejaba su marido para llegar bien adentro y conquistarla. Era bonita ella. Era una mujeraza, decía, gesticulando. Todo lo que él siempre había querido. Una mina fuerte, que no se anduviera con tonterías.

Pero su matrimonio no había terminado muy limpiamente, así que el ex esposo, su amigo —aunque era más bien el amigo de un amigo—, agrega, la maltrataba por teléfono.

Al menos eso siempre decía ella, que le respondía airada que no toleraría sus insultos y qué sé yo que otras cosas. Nunca puso atención. Él era un hombre y su mujer estaba sufriendo por culpa de un imbécil.

Así que lo despachó una noche. Era del campo, me decía. Eso era lo que hacían los hombres de verdad, continuaba. Hacerse cargo. Si su mujer sufría, él se encargaba. No tenia mucha plata tampoco, así que hubiese hecho cualquier cosa por ella, que además lo mantenía bien vestido y alimentado.

domingo, 5 de abril de 2015

"Yeshua Non Mortus" por Fraterno Dracon Saccis

Ilustración por All Gore




Esta entrada es la segunda parte de "Yeshua Non Grato

La visión sumergida en rojo, penetrada  por rayos de luz distorsionada,  solo distinguía siluetas que se movían alrededor.

Los ojos lechosos fueron lo primero en adquirir movimiento. La comitiva de bienvenida se puso en guardia.

El tercer día había llegado. No sabían qué esperar exactamente, pero sí que iba a resucitar y no debía salir con vida de aquella antártica morgue.  Exorcistas y pistoleros desplegados para la segunda resurrección del mesías.

sábado, 24 de enero de 2015

"La Subida del Muerto" por Aldo Astete Cuadra

Ilustración por All Gore


Desde el principio he estado aterrado, no puedo negar que siento placer, que me excito y sin poder contenerme acabo en su interior. Sin embargo, pese al miedo, estoy deseando anochezca y se presente en mi habitación.
La primera vez fue hace un año, el 30 de junio, lo recuerdo bien pues ese día había terminado una larga y tediosa relación. No me sentía acongojado, todo lo contrario, me creía afortunado pensando en que por fin sería libre. 

Estaba en cama, en aquel trance que precede el sueño, en ese momento en que podemos salvar y mejorar nuestras vidas pues todo parece sencillo, simple… cuando un peso inusual se posó en mis piernas y fue subiendo hasta detenerse sobre mi pecho.
Increíblemente no podía moverme ni abrir los ojos y cuando intenté gritar tampoco logré hacerlo. Estaba paralizado por completo, sintiendo una desesperación enorme.

Tan repentino como esto ocurrió, se disipó. Me incorporé y encendí la luz, revisé la pieza, la casa, aunque estaba seguro de que nadie podía haberme provocado una parálisis completa con solo subirse sobre mi torso. Esto debía ser otra cosa, algo sobrenatura. Una serie de hipótesis me rondaban impidiéndome dormir, todas concluían en mi ex, seguro ella estaba detrás de esto, pues no se había tomado bien este corte definitivo. 

lunes, 29 de diciembre de 2014

"La Obra de un Genio" por Paulo Lehmann













Ilustración por All Gore.








“La voz sepulcral de Los Genios”
- Les Djinns, poema de Víctor Hugo.




A lo mejor nunca debimos presentarnos, Eduardo hace ya algunos días que no se veía bien.

Éramos los últimos, nos consideraban como el plato fuerte del encuentro coral. Luego de dos horas fue nuestro turno. Bach, Vivaldi, Mozart, Beethoven, Gounod, Wagner y otros desfilaron en nuestro repertorio, aceptado y aplaudido por el público. Pero sabíamos que ellos esperaban otra cosa, y lo teníamos reservado para el final. 

En un principio cuando Eduardo nos dijo que en la presentación incluiríamos aquella obra, nos negamos, pero nuestro fuerte siempre han sido los desafíos, así es que terminamos aceptando.

Hacía años que nadie interpretaba la musicalización de este poema del gran Víctor Hugo, quizás por las diversas y curiosas historias tejidas en torno a ella y a quienes la cantaban, cuentos que para mí eran más motivo de risa que de temor.

Ensayamos varias horas cada día, buscando la perfección. Aun cuando nuestro director mostró una visible y repentina fatiga que notamos en sus ojos cansados, con grandes ojeras, seguramente producto del insomnio o algún otro trastorno del sueño. Le propusimos posponer la presentación, pero Eduardo era uno de esos músicos de idea fija.

No sé si fue por la novedad o por la excesiva difusión que le dimos al evento, pero el teatro estaba repleto, incluso con gente sentada en los pasillos. 

"Me complace presentarles una maravilla, una obra de arte que ha permanecido guardada por muchísimos años y que ahora tendrán la ocasión de oír, una experiencia que no podrán olvidar fácilmente por el resto de sus vidas dijo" un extasiado Eduardo.

Así revivimos a “Les Djinns” de Gabriel Fauré. Al comenzar con los primeros acordes, se produjo un silencio total…



Murs, ville et port,/
asile de mort,/
mer grise où brise/ 
la brise, tout dort…


La atención de tres mil personas boquiabiertas se me antojaba irreal. 


D'un nain qui saute /
c'est le galop,/
Il fuit, s'élance/
Puis, en cadence…


Los presentes lloraban, sobrecogidos por la armonía y majestuosidad de la interpretación.

LA VOIX SÉPULCRALE DES DJINNS…

El estruendo de aquella frase retumbó hasta la última fila del gran recinto. Nuestras voces parecían redoblar su potencia y el piano sonaba como una orquesta. Los niños y algunos adultos saltaron de sus asientos, asustados, pero a la vez asombrados.

***


sábado, 6 de diciembre de 2014

"Claroscuro" por Paul Eric












Ilustración por All Gore.









Está frente a mí. La botella de whisky está plantada, allí, en la mesa, y la miro de reojo, al tiempo que un escalofrío recorre mi cuerpo. La borrachera de la noche anterior sigue latente hoy, la siento en mi sangre, en el palpitar de las sienes, en mi tufo maloliente, en el calor y el tiritar de mi cuerpo. «No quiero beber más» y, sin embargo, ahí está Chivas, con voz venida de todos lados, directo a mi cabeza:


—Pero sí quieres un poco más —su sonrisa diabólica es ronca, única—. Vamos, mierda, que aún me queda un concho. Mátalo. ¡Vacíame!

Y, como atraído por un imán, destapo la botella y de ella misma bebo el pequeño sorbo. Vaciada. Ahora la culpa puede burlarse de mí, tal cual hace Chivas, o Johnnie, o alguna espumosa, rubia y helada cerveza, algo más retocado y menos dañino. Pero la culpa es igual al final. La noche anterior discutimos con mi pareja, alegó que llevaba tres días pidiéndome sexo, o que al menos besara su flor para que pudiese acabar. Hoy lo intenté, y pese a que levantó su trasero de manera tal que tenía su ano y su vagina justo frente a mi rostro, después de un par de mordidas por sus glúteos, de masturbarla y lamer sus pliegues, Chivas seguía en mi mente, burlándose. «No puedo hacerlo», dije. «Terminarás consiguiendo que lo nuestro acabe» respondió. Entonces le dije que si, al menos, se detuviera a pensar que vivo —y duermo— con monstruos en mi cabeza todos los días, quizá, podría comprender. Entonces tapó su desnudes, y la perfecta curvatura de sus senos y muslos desaparecieron bajo las sábanas. Lloré desamparado a un costado de la cama, quizá, esperando algún consuelo de su parte, pero lo que conseguí fue su mutismo. Lamenté que no quedara alcohol. Tampoco dinero. Sin entender el por qué, me largué al baño y, casi sin notarlo, sin motivo aparente, comencé a jalar el forro de mi pene. Éste comenzó a crecer lento, hasta alcanzar las dimensiones normales de toda la vida. De una excitación venida de la tristeza, comencé a sentir placer cuando la botella de Chivas Regal tomaba forma de mujer —la llevé conmigo pese a estar vacía—, y la boca de ésta se tornó en labios carnosos. Entonces ella fue directo a mi entrepierna; cada vez que mi glande entraba por la cueva, de mezcla de vidrio y suave carne de labios, mi pene se emborrachaba, mis muslos se tornaban rígidos, mis brazos estaban tensos sujetados al inodoro. Placer infinito. 

viernes, 31 de octubre de 2014

"Noche de paz, noche de muerte" por Fraterno Dracon Saccis













Ilustración por All Gore.








Franco adoraba caminar durante las noches tibias y nubladas, sin la mirada impasible de las estrellas y la luna. 

Especialmente en noches como Halloween, la gente convivía con lo oscuridad, ya sea por el agradable tiempo, ya sea por seguir a la cada vez más numerosa costumbre (sea todo lo importada que se quiera), que hacía de quienes deambulaban con disfraces sombríos o coloridos, partícipes de un ritual aunque deformado, nacido en la era en que más estábamos conectados con la tierra. Un agónico sobreviviente del paganismo.

Aún quedaban familias recorriendo las casas que anunciaban su complicidad, con adornos festivos y macabros. Compartir la abundancia, repartiendo confites hechos en serie, simbolizando los frutos que la diosa nos brinda.

Una ambulancia a toda velocidad dejó flotando sus haz carmesí, sin que su presencia causase el ominoso escalofrío en otra escenario. Rodeados de muerte, una muerte que no esperaba al inicio del túnel, si no que con su guadaña cortaba el trigo para dar paso a nuevas siembras.

Franco se alejó de las casas y atravesó el puente hasta llegar a una de las zonas bohemias del centro, la más rancia y mal oliente, donde nada sabían de calabazas y caramelos. Apenas notaban el día y la noche, encerrados en cantinas de música etílica y aire viciado.

Se quedó parado en un rincón sin más iluminación que la de la brasa de su cigarrillo, acechando.

martes, 7 de octubre de 2014

"Monstruos hechos a mano" por Fraterno Dracon Saccis













Ilustración por All Gore.








Los pies de Lilén sangraban mientras corría tras el caballo.

El jinete miraba sobre su hombro, riendo. Cuando veía que la distancia entre él y la mujer era demasiado amplia, frenaba su caballo para cabalgar en círculos y alzar su botín.
Mientras lo levantaba por el tobillo, el bebé berreaba más alto. Cuando la mujer ya estaba a pasos de alcanzarlos, reanudaba la marcha entre carcajadas.

Así la atrajo hasta el río.

Desmontó y se acercó a la rivera. Lilén gritó al ver que el hombre sostenía a su hijo sobre las aguas y corrió aún más rápido, a pesar del dolor de sus pies lacerados.

El jinete desenvainó su espada corta y le rebanó el cuello al bebé.

La sangre formó un arco cuando arrojó el cuerpo al torrente. Lilén calló de rodillas. El rictus la poseyó por un momento, hasta que reaccionó y se lanzó al rescate de su pequeño. El jinete montó y cabalgó río abajo, sin perderle de vista. La mujer braceó buscando ir más rápido que su bebé. Una piedra del fondo le abrió una herida por toda una pantorrilla, mas solo sintió un frío en el hueso. Sus fuerzas se fueron agotando. Chocó con un tronco que le golpeó el costado, dejándola sin aire. Tragó agua y a duras penas logró salir a flote. Una larga mancha rojiza que atravesaba una zona calmada por un dique natural, le indicó que ya estaba cerca. Al borde de las rocas y ramas que ralentizaban el flujo, el cuerpo de su pequeño estaba atascado. La cabeza se agitaba con la fuerza del torrente, unida al cuerpo apenas por la columna. Sacó sus últimas fuerzas para llegar hasta él desplazándose por las ramas. Al soltar las manos para abrazarlo, la corriente los arrastró a ambos.

***

jueves, 11 de septiembre de 2014

"No hay perdón ni olvido" por Fraterno Dracon Saccis













Ilustración por All Gore.








Un puñetazo la despertó.

Al intentar protegerse del siguiente impacto, sus brazos no respondieron. Un hormigueo le recorría las manos. Las muñecas eran una costra que envolvía el alambre que las inmovilizaba. El nuevo golpe dio de lleno en la mandíbula, penetrando a través de la barrera de adormecimiento que la fractura había fabricado, alargando las líneas que surcaban el hueso.

—Abre los ojos puta —resonó entre unos dientes apretados que hedían a vino y cigarro.

Cuando le jaló del pelo, fue como si las raíces sangraran, cual árboles de carne. El cuero cabelludo era una gran costra. Los ojos eran una gran costra. Toda ella era una gran costra.

—Enchufa esa güeá —dijeron los dientes apretados a alguien que respondió a lo lejos, a kilómetros fuera de la luz que atravesaba sus párpados sellados. El tufo de la voz mandante sobrepasaba el ambiente rancio de sudor, orina y feca.

La entrepierna se transformó en una tormenta eléctrica, un tornado de dolor que pronto se ramificó por el cuerpo.

***

Un puñetazo la despertó.

Al intentar protegerse del siguiente impacto, sus brazos no respondieron. Las muñecas estaban aprisionadas por unas manos inmensas y ásperas como lija. El nuevo golpe dio de lleno en la mandíbula, que crujió salpicándole la cabeza de estrellas puntiagudas, cada una incrustada al cráneo como garrapatas a un perro moribundo. 

viernes, 22 de agosto de 2014

"Sacrificios" por Roderick Usher













Ilustración por All Gore.






La lámpara ilumina el rostro del tipo esposado a la silla. Lleva la ropa sucia y su cuidado pelo corto, que solía caer en una estudiada curva sobre el ojo derecho, ahora es una maraña de pasto, sangre y barro. Roberto, mi compañero, lo mira con desprecio. «Andrés Alarcón, Docente, Facultad de Antropología, Universidad de Concepción» consignaron los carabineros «Es un profe de universidad, uno de estos humanistas que se creen la cagada». Me da un poco de risa. Roberto estudió filosofía 3 años, pero lo dejó para «hacerse un hombre de verdad». Era lo que me calentaba de él. Ese intelectual convertido en bárbaro por culpa de «Fight Club». «De Ted Kaczynski» decía él.
«Ojo. Este huevón está loco» me susurra antes de entrar. Pongo la mano en su hombro. Puedo ver que está tenso.
—Andrés —digo, a modo de saludo, mientras Roberto se sienta frente al tipo, dejando caer ostentosamente el expediente sobre la mesa. Quiere hacer ruido. Que el hombre le vea enojado. Eso me aclara que parte de la rutina me toca— Tenemos una gran cantidad de evidencia inculpatoria. No escaparás fácil. Lo mejor es que te declares culpable y quizás la fiscalía te de alguna regalía…
El profesor suspira y echa la cabeza hacia atrás.

—No saben nada. Traigan a mi abogado. Tengo derecho a una llamada telefónica—dice.
—¿Qué mierda no sabemos? ¿Acaso no está claro, huevón? —Masculla Roberto, golpeando la mesa— ¿te crees que esto es una película policial, pendejo? —Son las cuatro a.m. Roberto es padre soltero y su hijita quedó durmiendo sola. Lo último que quiere es un fanfarrón. Le pongo la mano sobre el hombro en nuestro acto clásico de «policía buena y policía malo». La dejo ahí. Ese cuello de toro me calienta, como siempre, a pesar de esta situación de mierda. Me distraigo pensando en moteles y guardias nocturnas en el Montero, en el sabor del semen de Roberto en mi boca. Respiro profundo para relajarme y centrarme. Me froto los ojos.
—Partamos por el principio. Si de verdad no tienes nada que ocultar ¿por qué huías de la casa de tu hermana cuando llegaron los carabineros? Ella los llamó, acusando que luego de desaparecer durante un año, querías robarte a su bebé…
—Me dio miedo —El hombre alza la vista, desafiante— Tengo traumas con ustedes, cerdos, desde los tiempo de la dictadura.
Su mentira está tan bien planeada que se la cree. No hay dudas en sus ojos claros, que nos miran con desdén. Pero ya ha sido suficiente. Abro la carpeta que Roberto dejó sobre la mesa y pongo frente a él la bolsa plástica.
—¿Reconoces esto? Lo encontramos en…—los colores abandonan el rostro del hombre al ver el cuchillo. Mi compañero me interrumpe.
—Tenemos el cuchillo con tus huellas y la sangre de ambos…—Roberto mastica cuidadosamente las palabras, dejando que hagan efecto sobre el orgulloso académico— Por si fuera poco, una vieja copuchenta de tu barrio dijo que te había visto yendo al mar con tu bebé.

jueves, 14 de agosto de 2014

"La Desolación del Solitario Tiempo" por Fraterno Dracon Saccis













"Nyarlathotep, El Caos Reptante" por All Gore






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I know that light is not for me
Save that of the moon over the rock tombs of Neb
Nor any debauchery save the unknown feasts of Nitokris
Beneath the great pyramid.

But in the loneliness of entombment,
I welcome the bitterness of alienage.


"Beneath Eternal Oceans of Sand" —Nile


Transcripción automática del mensaje captado a las 1825, envío por repetición desde Estación (abandonada) 0001 – Tierra
[BEGIN SCRIPT]
Intentaré ser lo más coherente en este informe que creo será el último que recibirán de mi parte.

Capitán Horad Robertson, número clave 3-1-1-9, a cargo del Crucero Wrap Tie-X-Cepto, único sobreviviente del transportador ID15031937, caído [segmento indescifrable] la Tierra. Se adjunta diagnóstico de errores de sistema del transportador, así como archivos de seguridad encriptados del Crucero Wrap, para ficha de proceso marcial. Como solicitud personal, hago el ferviente llamado a detener a como de lugar el proceso de repoblamiento del sistema natal. Espero que este mensaje llegue a tiempo.

Desde el crucero, previo al descenso, se realizaron todos los análisis posibles, desde la búsqueda de señales de radio por más primitivas que fuesen, hasta la ceremonia de presentación, donde no se detectó ninguna forma de vida con el raciocinio equivalente al humano. Los mediums no encontraron más que flora y fauna de nivel psíquico subdesarrollado.

Eliminados todos los factores de riesgo, conformé el equipo de descenso, dejando solo al oficial Sihttev monitoreando las funciones de la IA del crucero. Si bien la idea original era solo descender con el personal destinado al muestro, los mediums, oficiales Abbdey, Shultz y Veidt, solicitaron ser parte de la comitiva, aduciendo podría ser la única oportunidad de poner pie en la Madre Tierra. No hallando razón para negarse a la solicitud, los mencionados tripulantes se sumaron al teniente Garcés y a los oficiales Mindol, Hertz, Cutner y Brown.

El lugar elegido para tocar tierra fue el que alguna vez fuera Cabo Cañaveral, tanto por su valor simbólico como por las condiciones climáticas que presentaba el área. La entrada a la atmósfera se realizó sin mayor inconveniente, al menos hasta encontrarnos a unos 70 km. de la superficie.

En este punto, el informe se hará cada vez más difícil de hilar.

La cabina perdió su forma oval, estirándose mucho más allá de lo que está diseñada. Los telecontroles se fundieron de inmediato, pude sentir como los chips de mi nuca ardían y se derretían dentro de mi piel. El modo manual tampoco respondió, así como el resto de la tripulación ni mucho menos la IA del crucero ni el oficial Sihttey, sepultando mis esperanzas de que el piloteo remoto nos librara de estrellarnos. La temperatura se había elevado a unos 60° C y la aislación del traje no daba abasto. Los [segmento indescifrable]. Cuando el cristal del casco se agrietaba, la cabina dejó su carácter tridimensional para transformarse en una línea de luz, un haz ausente del calor infernal de hacía un segundo (o fueron horas, la memoria relativiza mucho). La paz se había apoderado de mi terror y lo había pulverizado.

Todos nos habíamos convertido en un haz de luz.

viernes, 8 de agosto de 2014

"Hombres de Negro" por Aldo Astete Cuadra













Ilustración por All Gore








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Josefa me esperaba a la entrada del emporio que se encontraba cerrado. Su rostro reflejaba una gran preocupación. Una vez al interior de su casa me comentó que había entablado una extraña conversación con un misterioso hombre en el velorio de su vecina. Describió al sujeto con ojos celestes y cabello cano le daban un aspecto fantasmal que se acentuaba por la voz grave y pausada. Utilizaba un sombrero de ala corta vistiendo de riguroso negro y sosteniendo en su mano un bastón tallado que terminaba en una horrenda figura. Le solicitó mi dirección para tratar un asunto que enfatizó ser de sumo cuidado. Josefa le sugirió asistir al funeral, en donde seguro podría encontrarme, evitando revelar mi domicilio temporal, intuyendo que mejor sería llevar a cabo la entrevista en algún espacio abierto y neutral. El hombre la observó un momento con una profundidad marina, cegadora, como si intentara escudriñar en sus pensamientos, Josefa dice haberse sentido abusada, algo se había introducido en su cuerpo, tal vez a través de los ojos, su menté se aflojó y un sopor casi la desarmaron frente a este hombre, que finalmente se despidió fríamente saliendo del velorio para unirse en la esquina a un segundo hombre de características similares, ellos se miraron sin decir nada y emprendieron un andar lento apoyando sus bastones, parecían estar sincronizados en sus movimientos, se perdieron al doblar por una esquina hacia el pueblo.
Intenté tranquilizar a Josefa mintiéndole, diciendo que, tal vez, se trataba de alguna trivialidad, de una información sin mucho asidero que dos personas seniles intentaban ofrecer, que esperaba que aparecieran en el cementerio y que dejara de preocuparse, por más que sus presentimientos le indicaran algo distinto. Más tarde, nos unimos al responso en dirección al cementerio, muchos vecinos estaban en la comitiva, centenares de personas que parecían tener más, un rostro de preocupación, que de pena o dolor ante la partida de la menor. Se trataba del suicidio 25 en menos de dos meses y nadie aún lograba desentrañar las razones por las que adultos, jóvenes y niños estaban tomando semejantes decisiones. Existía una especie de atmósfera de pesimismo instalada en el complejo habitacional Artreno, una depresión masiva y popular, algo que era imposible de explicar con argumentos racionales. Tal vez lo que los hombres de bastón me dijeran podría dar luces o encaminar mis averiguaciones. Esperaba ansioso verlos aparecer, recorrí el trayecto hasta el cementerio en vilo, imaginando el curso de una supuesta conversación, estaba seguro de que aquello no podía sino significar que ambos estaban relacionados con todo este misterio. Luego del ritual mortuorio, de toda la retórica de los discursos y del sentido llanto de familiares y amigos, se marcharon, dejando solo el cementerio, como debe ser el descanso de los muertos, en tranquilidad, una que sólo otorga la soledad. Le pedí a Josefa que se adelantara, que se fuera a su casa y que pensara bien en lo que le había sugerido, aquello de abandonar la villa y el pueblo.  Yo esperaría unos minutos más, debía hablar con ellos en ese preciso momento, para no continuar involucrándola en mis investigaciones. Un presentimiento me indicaba que se presentarían en cualquier momento, la frente y las manos me sudaban, entré en una especie de crisis nerviosa y debí sentarme en una lápida.

martes, 13 de mayo de 2014

"Necrotesta Pedófaga" por Fraterno Dracon Saccis













Ilustración por All Gore







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Ya habían perdido la cuenta de cuantas botellas de ron se habían bebido. El único indicio de que llevaban muchas horas sentados en el roquerío, era el sol escondiéndose en el mar.
Germán se vio atacado por un retortijón fulminante que lo llevó a aventurarse en un riesgoso pero necesario descenso hasta perderse de vista de su grupo. No podía permitir que Lucía lo viese cagando, ni mucho menos limpiarse con diario. Cuando el sudor le perlaba la frente y bañaba el lugar donde unas pelusas presagiaban un bigote, su esfinter estaba a punto de claudicar. Encontró el lugar preciso donde no podría ser visto desde arriba y tenía el espacio suficiente para asirse y evacuar relajadamente dentro de sus posibilidades. Entre los tiritones que el esfuerzo por contener lo sacudían y la lucha por soltar el cinturón, el viento trajo un sonido escalofriante, una gélida expresión del horror.
            Los gritos sofocados de una niña.
          Siguió el sonido lo mejor que pudo hasta que, al asomarse a la orilla se encontró con que unos metros más abajo, muy cerca de donde rompían las olas, un hombre con los pantalones en los tobillos, yacía sobre una pequeña, embistiéndola. Le gritó que la dejara, que se detuviera; mientras buscaba la forma de bajar a auxiliarla, pero el hombre lejos de parar se volvió con una mirada torva y una sonrisa desencajada. Germán vio que tenía un cuchillo presionado contra la garganta de la niña, al separarlo dejó una línea sangrante. Alzó el brazo y clavo repetidamente la hoja en el abdomen de la pequeña, sin dejar de sacudirla con sus caderas. Germán, al ver que no alcanzaba a llegar tomó una roca y la lanzó, consciente de que podría golpear a la niña. Al menos la liberaría del horror. Al soltar el proyectil se desequilibró y cayó incluso antes que este, golpeándose y rebotando contra las piedras.
            Un delgado hilo de conciencia le permitió ver cómo dos cuerpos se unían a él en la danza agónica de agua salada, sombras y sangre.

viernes, 18 de abril de 2014

"El indiferente brillo de la luna" Por Fraterno Dracon Saccis













Ilustración por All Gore







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A esa altura la muchacha ya solo vomitaba bilis.
Miraba al cielo nocturno cubierto de nubes. La mezquina luz de la luna apenas las atravesaba.
No lograba dar con la salida de ese agujero inundado de fango maloliente. Por más que lo intentaba no evitaba caer. Sus manos hacían contacto con cosas que solo podía imaginar, pero que su mente se negaba a hilar la frase que las describía. Además un dolor agudo parecía partirle la cabeza desde la nuca hasta la frente.
Otra cosa era el olfato.
El hedor de lo que fuese en lo que estaba chapoteando era urticante, era como un brazo que se introducía por la boca retorciéndose en el esófago, hasta apresar la bolsa estomacal y jalarla al exterior...
 … y otra vez una arcada la derribó. Regurgitó un escupitajo ácido y al tratar de levantarse su mano se aferró a una cavidad pegajosa, dura y recubierta de pelo.
Un claro de nubes permitió que la luna iluminase sus sospechas.
Sus dedos se hundían en las cuencas de un cráneo.
Un grito seco y ronco escapó de su garganta, desgarrada de tanto vomitar. Retrocedió, intentando en vano escapar del macabro hallazgo, para tropezar y encontrarse de cara con la verdad que destrabó su lengua y formó la oración con otra descarga de bilis.
“Estoy nadando en cadáveres”.

viernes, 11 de abril de 2014

"La Tormenta" por Aldo Astete Cuadra













Ilustración por All Gore







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Hoy por la mañana, al caminar por las playas de Cancerá, presentí que los aires fríos no sólo eran a causa del inicio del invierno austral. Hemos dejado el solsticio hace días, ya me parecía raro que nada sucediera, por eso fui hasta la playa, a contemplar Licilia. Para mi sorpresa había una total ausencia de seres vivos, ninguna gaviota o zarapito, pese a que el mar, en su retirada, dejaba a la vista enormes extensiones de un fondo marino insospechado, de un verde intenso que contrastaba con el gris de la mañana, mientras que el sol pugnaba por irradiar entre el manto nuboso.

Afuera se gesta la tormenta, el viento huracanado, la tromba marina y el tornado, todos se han unido en una danza macabra. Intuyo que éstas son las ocasiones propicias para que emerjan aquellos que no desean ver la luz de las estrellas. La lluvia copiosa y el temporal ocultan, más que la oscura noche de luna nueva, aíslan tanto como el miedo más recóndito del ser humano. Es el momento adecuado para que los demonios nos visiten.


Estamos incomunicados, incapaces de hacerles frente en medio del desorden climático, de los truenos que provocan temblores, de los rayos que con su luz y energía dejan sin luz a los pueblos, para que el mal retome su dominio mientras dure la tormenta. A nadie le extrañará algún incendio, nadie cuestionará un naufragio ni accidentes horribles que ocurren por doquier.

martes, 4 de febrero de 2014

"Vecinas Amantes" por Paul Eric













Ilustración por All Gore







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Las mantuve lejos demasiado tiempo, pero ya están acá, conmigo. Me sujetan, me besan con pasión, me someten a su hambre. Lágrimas de un oscuro rojo nacen de mis poros, y las siento caer quemando como lava. Un pedazo de mi carne está, ahora, en los labios de esa hermosa mujer. Otra tiene sujeto mi falo de manera tal, que me lastima. Quizá, lo desprenda de una sola mordida. Una tercera pone especial atención a mi cuello. Todo se los permito. Me rendí, y el dolor es como degustar manjar. Soy un pecador, pues es la muerte de un trío de seres lo que me acosa y acecha, y pretendo morir como ellas… muerto vagaré por el mundo sin un alma.

Putos muertos vivientes.

lunes, 3 de febrero de 2014

"Complicaciones Domésticas" por All Gore













Ilustración por All Gore







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Me duele el estómago, tercera vez que vomito hoy. Necesito un nuevo congelador para mi próxima novia.



martes, 14 de enero de 2014

"Las Largas Noches de Invierno" Por Fraterno Dracon Saccis

 
Ilustración por All Gore
            Desde la colina podemos ver las pequeñas figuras desplazándose, ataviadas con sus vestimentas de fiesta y sus lámparas de papel. Niños y sus padres caminan de la mano, riendo. Sus carcajadas flotan en el aire y se disuelven rebotando entre los árboles. Una proyección de sus existencias efímeras. El aroma de sus pieles es suave y salado, como brisa marina, viaja por nuestras fosas nasales para retorcer nuestras entrañas. Un rugido remese nuestros estómagos jalándolos, arrastrándonos a la cacería. Nos movemos como una sola entidad, cada miembro de la manada es tendón, hueso y músculo de una criatura de una sola mente, de un solo pensamiento: hambre. El palpitar de sus corazones es como la música de una flauta, que llama y conduce en una coreografía. Nos movemos con el viento, navegando por sus corrientes, la naturaleza nos ama porque nosotros la amamos aún más, somos sus hijos predilectos, la esencia misma desperdigada por el mundo, sosteniendo la belleza críptica entre nuestras garras y fauces. Cuerpos que el pensamiento vulgar no comprendería porque somos más que carne, más que hambre. Somos la fuerza de la muerte que se niega a desaparecer ante el testarudo empuje de la vida. El brazo de la entropía que no entiende los límites de la materia, solo los contempla con desprecio.