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viernes, 23 de octubre de 2015

"La asunción del Dios–Carne / O la balada de Norman González" por Pablo Espinoza Bardi














Ilustración por Visceral.













¿Qué es uno menos?
¿Qué significa una persona menos en la faz del planeta?

Ted Bundy

Para mí, un cadáver tiene una belleza y una dignidad que ningún cuerpo
con vida puede alcanzar jamás. Hay una calma en la muerte que me tranquiliza.

John R. Christie


Uno de los retorcidos pasatiempos de Norman González, consistía en coleccionar animales muertos. Los metía en un costal y se los llevaba para su casa. En aquel tiempo su madre tenía algunos meses de fallecida y su padre había desaparecido en misteriosas circunstancias en un período similar de tiempo.

Su figura lánguida y miserable no pasaba desapercibida para la gente del barrio; de hecho, molestaba a la mayoría cuando éste se paseaba con cierto aire de grandeza por el lugar… hurgando en la basura y, a veces, comiendo de ella.
En una ocasión, a las afueras del mercado, se ganaría el total descontento de la comunidad. Norman le hablaba a un perro que estaba totalmente agusanado, posiblemente arrollado por algún vehículo en la carretera. De rodillas frente a él, amontonaba y hurgueteaba las vísceras que estaban regadas en el camino. Norman hablaba con la propiedad digna de un extraviado mental, frente a la perturbada y asqueada mirada de los transeúntes.

A veces (y sólo a veces) me detengo frente al cadáver de un perro / o de cualquier otro animal / pero me inclino por los perros / pues sus interiores siguen siendo jugosos después de días / a diferencia de un animal pequeño / entonces a veces (y sólo a veces) introduzco mis manos abriendo a la fuerza el estómago henchido / y remuevo las tripas y la sangre coagulada y los gusanos / y a veces (y sólo a veces) me llevo las manos empapadas a mi cara / y termino impregnado de sus caldos / y las pulgas saltan hacia mí enloquecidas y succionan mi sangre con fuerza ya que la sangre muerta no los satisface / entonces a veces (y sólo a veces) la gente piensa que mis actos tienen un fin de tipo sexual / pero yo me río señores claro que sí yo me río / pues para mí tiene un trasfondo superior / pues para mí es tan sólo “asimilación”.

Su padre pertenecía a una pequeña congregación religiosa de la cual fue uno de sus pastores. Lo expulsaron cuando su adicción al alcohol se hizo notoria e irreversible. Su esposa era la que más sufría. Si bien reflejaba un cierto retraso mental, ésta guardaba con profundo silencio los años de abusos físicos y psicológicos cometidos por su marido; incluso se decía que éste abusaba sexualmente del pequeño Norman frente a sus ojos.

martes, 3 de febrero de 2015

"Hoy, nada puede fallar" por Pablo Espinoza Bardi




“My semen is bleeding, 
the smell of decay"

I cum blood  – Cannibal Corpse



El sujeto se encuentra parado frente a la ventana del último piso, restregando su asquerosa verga contra el vidrio. Él está en la cima, on the top… intocable e invisible.    
Abajo, en la calle, transitan madres e hijos, padres y ancianos, todos haciendo una vida normal. Son como insectos –piensa apoyado en la ventana– o más bien como tiernos corderos dispuestos a ser sacrificados por un goce superior 

Entonces ve a un grupo de niños jugar a la "escondida" en el parque y eso lo llena de ternura. Se escupe la mano y fricciona su verga con más fuerza. Su entrepierna se pone rojiza y hiede a lo que guarda en el closet hace semanas, en tanto que unos piececitos que se asoman bajo la cama dan sus últimos estertores. 

Finalmente descarga su chorro hacia la ventana y al mundo. 
El hedor de su vicio inunda nuevamente la habitación. 

Pero todo está bien, la vida le sonríe. El estanque lo tiene lleno y la revisión técnica al día. El pinito olor–naranja es perfecto para tapar ciertos aromas y eso lo hace feliz, al igual que los peluches de plaza sésamo que adornan su furgón. ¡A ellos les encanta! –dice satisfecho– Hoy, nada puede fallar.

martes, 20 de enero de 2015

"Made In" por Pablo Espinoza Bardi













Ilustración por Visceral.








   La anciana se movía de forma descontrolada. A ratos gemía, a ratos lanzaba fuertes alaridos, y luego hablaba en un distorsionado dialecto. Aquella noche se despertaron todos los del bloque. El esposo lloraba y golpeaba con impotencia la muralla del pasillo. Una señora del 34B se puso a rezar a la virgen santísima y un señor del final del pasillo el padre nuestro, pues aseguraba que esos espasmos eran producto de una posesión demoníaca. El conserje llamaba a la calma y, de paso, amenazaba con llamar a la policía o a un centinela si continuaban con aquellos rituales paganos de protección, pues desde que arribó a la tierra el “Bel-tha-ûr”, la colosal nave que demostró por fin a qué “imagen y semejanza” estábamos hechos, las religiones o cualquier acto de adoración conocido a la fecha fueron tratados como crímenes. Así era la ley. Lo más seguro, es que la anciana haya rechazado los órganos de proyección de vida (cosa común en los jubilados del sector de la periferia), ya que la mayoría eran hechos en indonesia o la india, sin las normas de calidad imperantes en el sistema… no son cosas del diablo, sólo es producto de la falta de información, o simplemente, por ahorrar unos cuantos pesos.

viernes, 29 de agosto de 2014

"Mr. Graveyard" por Pablo Espinoza Bardi













Ilustración por Ana Oyanadel.







Los ángulos de la casona cambiaron de una forma vertiginosa. Un hedor impregnó todo el lugar dejando estupefactos al Señor y la Sra. Baylock. Los dos sintieron al unísono como una fuerza invisible les trituraba los huesos al tiempo que los azotaba de lado a lado contra las paredes. La sensación viscosa de aquella desagradable fuerza se tornó en un agudo dolor cuando unos inexistentes garfios cercenaban la piel de la pareja: cortando y mutilando. La sangre fluía de aquellos cuerpos de manera sobrenatural, como si la invisible entidad succionara los chorros de sangre que nunca llegaron a tocar el piso. Aquella noche, Mr. Graveyard veía la escena con gran satisfacción.

***

martes, 5 de agosto de 2014

Editorial: Especial de Lovecraft y más noticias

 Un 20 de agosto de 1890 nacía Howard Phillips Lovecraft, cuya obra ha influenciado de forma directa o indirecta a prácticamente toda la ficción contemporánea. Principalmente en el aspecto estético, pero de una forma más relevante a mi parecer, en la profundidad con que se aborda el terror desde una mirada personal, es decir, explorar los propios miedos, escarbar en la propia mente y sacar los demonios para enfrentarlos y compartir el trauma con el lector. No será el primero en utilizar este rito que para muchos puede ser un exorcismo, o bien una forma de liberar del subconsciente aquello que solo nos visitaba en sueños para que nos atormente en cada espacio que el diario vivir nos deja. Sí es uno de los autores que a fuerza de golpes logra forjar un estilo único para su época y que recién en el último cuarto del siglo XX es explorado masivamente en sus aspectos más filosóficos. El horror cósmico más allá del aspecto visual (donde en los años 80 en el cine tuvo su auge de la mano de directores como Stuart Gordon o John Carpenter), ha tocado una fibra que la comodidad de la fe en un más allá, en una prolongación mística de la vida, protegían: la inmensidad del cosmos, lo inconmensurable del tiempo se cae sobre nuestras cabezas aplastándonos mas no empequeñeciéndonos, si no que mostrándonos la realidad de nuestra diminuta existencia.
Esta faceta y por supuesto la querida galería de monstruos góticos e indescriptibles serán habitantes este mes del especial de Chile del Terror dedicado a la figura de El Sumo Sacerdote Ech Pi El, con textos e ilustraciones tanto de nuestro staff como de nuestros colaboradores más destacados.
Y no solo de Lovecraft viviremos este agosto, ya que además presentamos una nueva venta en verde de Austroarbórea Editores, esta vez proyectando re editar las obras de dos de nuestros escritores: Pablo Espinoza Bardi y su “Necrospectiva”, y Aldo Astete Cuadra y su “Mente Suicida y Otras Muertes”, ambos libros publicados originalmente por Cinosargo Ediciones, y que en esta nueva propuesta buscan asemejarse al formato que nos entregó “Chile del Terror – Una Antología Ilustrada” (de la cual quedan muy pocas copias), formando un corpus fantástico acorde a la línea de Austrobórea.
Así que están invitados a participar en esta preventa adquiriendo por un precio preferencial dos grandes trabajos de horror, además de pasada apoyando un proyecto independiente.

viernes, 23 de mayo de 2014

"Sueños Lovecraftianos" por Pablo Espinoza Bardi













Ilustración por Alex Olivares







.
Sentí el gozo triunfal e incontenible de moverme libremente en el agua,
hacia una meta que vislumbraba vagamente.
(El Sello de R’lyeh, August Derleth)

Me es difícil saber a ciencia cierta dónde me encuentro, todo me es ambiguo. Sólo tengo recuerdos vagos de una vida aparentemente inventada e ilusoria. Quizá sea el producto de un mal sueño, de los que son muy difíciles de despertar. Pero mi mente trae constantemente recuerdos repetitivos, de esos que te los llegas a creer y, sin embargo, resultan totalmente contradictorios a la hora de emitir un juicio o una respuesta sensata.
¿Otras vidas? Posiblemente.
El sueño involucionado comienza en una pequeña biblioteca, en la que me instruí en un primigenio-terror-fusionado tras ásperas y polvorientas páginas. Sin saber, me había iniciado en lo oculto y hermético, y en la literatura al mismo tiempo. En aquellas protervas lecturas envueltas en pasión epiléptica vi un libro que llamó mi atención… se trataba de un cuento de terror, de esos de nombre extraño. Su nombre; “La llamada de Cthulhu”. Pero más extraño aún y como un punzante dèjá vu, me resultaba el nombre de aquel demencial escritor: H.P Lovecraft.

jueves, 6 de febrero de 2014

"This Magic Moment" por Pablo Espinoza Bardi













Ilustración por Alex Olivares







.


     Cuando entré a aquella casa ya estaban muertos… claro, aún no lo sabían, pues eran materia prima para mis impulsos.
     …Lou Reed nos hablaba sobre este «mágico momento» en la radio.




viernes, 10 de enero de 2014

"¿Te sientes hoy con suerte?" por Pablo Espinoza Bardi

Ilustración por Visceral



«..Decidí comérmela. La llevé a una casa abandonada en Westchester
en la que me había fijado. En el primer piso me desvestí
completamente para evitar manchas de sangre. Cuando me vio
desnudo se echó a llorar y quiso huir, pero la alcancé. La desnudé, se
defendió mucho, me mordió y me hizo algunos rasguños. La
estrangulé antes de cortarla en pedacitos para llevarme a casa toda su
carne, cocinarla y comérmela…»

Albert Fish



Esta es la fecha que más te gusta ¿no es así? Todo es alegría, paz y amor, y eso se puede respirar en el ambiente desde que empieza diciembre, desde que terminan las clases. Pero hay que trabajar y es tiempo de sacar ese disfraz del baúl. Es tu época favorita en donde «ellos» salen felices de sus hogares enseñando sus desproporcionadas sonrisas... pobres... ya puedes sentir aquellos pendejos sentados en tus rodillas... y lo mejor de todo es que sus padres lo consienten y te dan algo de dinero por ello... así es la navidad. Pero dime: ¿Te sientes hoy con suerte? A metros se puede sentir tu maligno hedor. Se podría decir que eres la turbiedad en su máximo estado. Eres la costra que de vez en cuando supura tragedia..., pero tranquilo, no me hagas caso... sigue con lo tuyo, hoy puede ser uno de esos días ¿quién sabe? Siempre te presentas de la misma forma. Eres como una repulsiva caricatura que por décadas se viste igual. Pantalón, terno y camisa sebosa, además de una mariconcita corbata que resalta aún más tu patética personalidad..., bueno, salvo en diciembre, en donde lo «rojo»” predomina. Así vas de lugar en lugar, abriendo tu asquerosa boca que sabe guardar la mentira. Así escoges a tus víctimas. Siempre en los paraderos de micro. Siempre afuera de las escuelas... pobre enfermo, ya puedes visualizar la cena, la mesa arreglada como tiene que ser, con hermosos motivos navideños, el vino, las ensaladas y las salsas... y por supuesto... la carne:

sábado, 14 de diciembre de 2013

"La Chiesa"* por Pablo Espinoza Bardi

The Blooded Church ©2012 Khaoz Vortexx

*Relato inspirado en la ilustración de Khaoz Vortexx, parte del desafío "Imago Hallucigenia".



«¡y durante unos momentos de pesadilla vislumbré, a través de él,
un paisaje infernal y remoto, como si me hubiera asomado a una dimensión
absolutamente extraña por una ventana abierta! Retrocedí espantado,
y la luz se eclipsó; pero al instante volvió a aparecer con brillo renovado.
Y entonces, en contra de mi voluntad, contemplé una escena
que se grabó de manera imborrable en mi memoria».

La Iglesia de High Street (1962) – Ramsey Campbell


A pesar de que llevo tan sólo una semana en este pueblo, puedo sentir una especie de magnetismo que me incita a indagar en sus costumbres, algo ajenas a nuestro mundo conocido. La Colina del Diablo se encuentra detenida en algún tiempo-espacio, parece incrustada en una época impropia a nuestro normal entender. He tratado de entrevistar a los lugareños pero me ha sido imposible. En el día el pueblo está vacío, pues salen de sus casas para trabajar la tierra del otro lado de la colina. Y en las noches todos acuden en caravana hacia la siniestra iglesia que se alza por encima de esta, como un faro que atrae distintos tipos de horrores y pesadillas.

Las festividades de diciembre son bastante conocidas en esta zona del desierto. Y por lo que he investigado, es cuando abren las puertas de la iglesia a los foráneos o turistas.
Según sus tradiciones, los aldeanos bailan en esta festividad con máscaras de diablos y rinden culto a sus deidades a lo largo del mes.

Gutiérrez es el jardinero del pueblo, y él ha sido el único que ha dado respuesta a mis inquietudes. El viejo es algo supersticioso, y a pesar de ser un pobre borracho, su relato mantenía cierta cuota de lucidez, a pesar de lo irreal de su historia, además, interrumpía su diálogo a cada rato para decirme en voz baja, e indicándome continuamente el cielo: «Ellos vigilan, Ellos saben…».

El desierto es un lugar vedado para muchos, decía. Un lugar saturado de maldad y de terribles secretos guardados celosamente por las rocas y la arena, desde los tiempos en que los Gentiles dominaban la zona. Los ancianos guardan total respeto a lo ignoto del desierto. Ellos están a la espera... en el desierto, en todas partes..., citaba una vieja canción infantil pasada de generación en generación, implantando un sentido de alerta en el inconsciente de los pequeños del pueblo. Ellos siempre han estado allí, los espíritus del desierto. Incluso, las bases en donde se construyeron algunas de las edificaciones más antiguas fueron confeccionadas de aquella tierra y de esas rocas. Construcciones que nacieron de un terreno pervertido, ocasionándoles con el pasar del tiempo un deterioro a nivel ultra-físico: «lugares cargados», decían los viejos de aquel entonces.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

"La Horrenda Efigie del Dios Necrófago" Por Pablo Espinoza Bardi

 
Ilustración por All Gore
«…Al recobrar más tarde la consciencia, se encuentra a sí mismo encadenado
junto a la maligna sima, inhalando los humos que le hacen olvidar
 su pasado humano en un loco, primigenio delirio».
El oráculo de Sadoqua – Clark Ashton Smith

El inusual sueño comienza en el subsuelo de una oscura caverna. Estoy encadenado a un tosco madero y rodeado de cráneos, huesos y  sahumerios de corrosivas características…
Mi vista se va nublando con irritantes lágrimas producto del humo y mis sentidos se abren hacia una nueva dimensión.

Las brujas, hechiceros y campesinos de la comarca, los cuales tenían la marca del «Innombrable» tallada en la frente, deseaban fervorosos unirse una vez más a su repulsivo Dios.
Ellos danzan en la más abominable de las lujurias primigenias. Danzando con desenfrenado regocijo sobre cuerpos desmembrados, formando una sola masa, la que se mezcla en una necrótica y pagana orgía. Todo esto bajo la fría mirada de la titánica efigie del «Dios Necrófago», en la cual, el rojizo fuego de las antorchas resaltaba aún más su horrendo aspecto.

viernes, 25 de octubre de 2013

"Albert Fish" por Visceral y Pablo Espinoza Bardi

Albert Fish por Visceral


HIPERHEDONISMO; CORTESÍA DEL VIEJO FISH
Por Pablo Espinoza Bardi

«Que alegría morir en la silla eléctrica.
Será el último escalofrío.
El único que todavía no he experimentado».

Albert Fish


I.

El informe psiquiátrico reveló lo siguiente:
el viejo Fish era un homosexual
el viejo Fish era un masoquista
el viejo Fish era un voyeurista
el viejo Fish era un coprófago
el viejo Fish era un fetichista
el viejo Fish era un pedófilo
el viejo Fish era un caníbal
el viejo Fish era un sádico

Los que no conocen al viejo Fish dirán que es inofensivo, que es un anciano incapaz de matar una mosca, que su avanzada edad —que su rostro cansino— que su no sé qué / es impedimento para cometer atrocidades de todo tipo.

Los que conocen al viejo Fish, dirán que es una aberración que escapa del precario entendimiento humano. Que es un peligro para la sociedad etc – etc – etc.

Los que conocieron íntimamente al viejo Fish (y me refiero a aquellos pobres niños), si estuviesen con vida dirían que es un MONSTRUO salido de sus peores pesadillas. Tan simple como eso.

II.

martes, 15 de octubre de 2013

"Candyman" por Pablo Espinoza Bardi

Ilustración por Alex Olivares

Todos en la familia terminamos odiando al viejo Ordoñez. Cada día lo descuidamos más y más hasta llegar a esto: el abandono total. De vez en cuando debíamos abrir las puertas y ventanas para ventilar el lugar. Sacarlo en su silla de ruedas hacia el pasillo del bloque y dejarlo ahí hasta ya entrada la noche. Su peste nos ponía de mal humor. Las peleas eran comunes al principio, sobre todo cuando debíamos turnarnos para darle la comida o asearlo.

Con el tiempo lo fuimos olvidando. A veces pasaban días y nadie se acordaba de él. Se hizo una rutina dejarle una bandeja con comida, agua, una bolsa con caramelos y algo de morfina…, y a los días volvíamos para repetir el proceso. En ocasiones, tan sólo le dejaba la morfina y una bolsa con sus caramelos favoritos. Entrar a su cubículo me significaba una tortura. El olor a mierda mezclado con la morfina me ocasionaba terribles migrañas. Ni siquiera con dejarle la ventana abierta desaparecía la hediondez. A veces miraba su rostro repleto de surcos y cicatrices… su asquerosa barba repleta de comida y moscas… y miraba directo a sus ojos nublados y estos estaban llenos de odio. Sentía que en cualquier momento saltaría desde su silla para estrangularme…, sé que lo haría, yo en su lugar lo haría.

viernes, 30 de agosto de 2013

"Sanctus Filia" por Pablo Espinoza Bardi

 
Ilustración por All Gore
Coleccionas todo tipo de santos de yeso. Los colocas alrededor de tu cama y los observas con cristiano fervor, de una manera que cualquiera diría: “éste hombre es un verdadero devoto del Señor”... y eso, se podría decir que es normal, por lo menos para los que sienten ese gran fervor religioso. Pero tu fanatismo revela un gran ardor pasional hacia tus queridos santitos, de eso, no cabe la menor duda. Todos los días, después de misa, y después de excitarte con las aberraciones que confiesan las viejas cínicas de la comunidad, acudes veloz hasta tu cuarto para saciar ese malsano vicio: el de masturbarte frente a la celestial mirada de tus santos de yeso.
               El lugar preferido es el taller, en donde creas e inmortalizas a tus santos de 18 pulgadas. Siempre les explicas a las virginales y menudas monjitas que lo más importante son los ojos y que por eso deben ser pintados con gran realismo. Todas te miran con respeto, con ganas de aprender, pero en tu mente degenerada, creas excitantes imágenes a costa de ellas… allí posees a todas por igual, ultrajando y sodomizando con un miembro irreal cada agujero creado sabiamente por el Altísimo. Ya no te controlas. Te vienen grandes ganas de salir corriendo para masturbarte frente a la estática mirada de tus santos de yeso. El placer es inimaginable.
              
               Las fantasías sexuales hacia las dulces monjitas no pasan desapercibidas para la voluptuosa madre superiora. Ella celebra a modo de lúbrico placer carnal, tus demenciales actos de onanismo exacerbado, pues ella te descubrió un día que la espiabas por ese agujerito en la pared, cuando recitaba ahogada en grasientos orgasmos un signum crucis in extremo ¿recuerdas? pero las manchas de las corridas son difíciles de ocultar en la sotana... eso lo sabes muy bien.
               Ella te pidió la confección de su santo favorito para pagar su silencio.
               El pobre San Martín de 18 pulgadas, entraba y salía de aquella enmarañada ventosa... una y otra vez, una y otra vez…

* * *

               Pero todo cambió para peor cuando quisiste experimentar algo totalmente nuevo.

viernes, 12 de julio de 2013

"Tricofobia" por Pablo Espinoza Bardi

Ilustración por Alex Olivares
    
     Hola Bob… ¿de nuevo por estos lugares? ¿Cómo estás? ¡Ah! Ya se a lo que vienes… quieres que te cuente lo qué me sucedió hace algunos años atrás… ¿no es así? ¿Acaso no te aburres que te cuente esta historia una y otra vez? Bueno, al fin y al cabo tú eres el único que me cree… ¿no es así Bob? ¿Sabes Bob? existen distintos tipos de miedos que anidan en la mente humana; “fobias”, como les llaman los señores entendidos en la materia, de esos que se visten de blanco y parecen saberlo todo. Algunos le temen a cosas tan absurdas como la vegetación o la mala suerte, y otros le temen a cosas más ridículas, o debiera decir “rebuscadas”, como la ingravidez he incluso los colores. Otros casos más comunes, de carácter mundano, le temen a la oscuridad, a las alturas, a las multitudes, espacios cerrados y abiertos y por supuesto… a la muerte. La historia que te contaré mi buen Bob, aunque ya la has escuchado miles de veces, carece de toda lógica. Esto fue algo que me sucedió hace algún tiempo atrás, cuando decidí conocer mi país a pie. Me lancé en esta pequeña empresa pues siempre fue mi gran sueño desde que era un crío. El resultado de aquel fatídico viaje fue un miedo terrible al cabello que queda acumulado en las cañerías y sumideros. He escuchado que este tipo de miedo en particular es muy conocido y sé también que recibe el nombre de “Tricofobia”. Pero esta angustia terrible que me causa el cabello va de la mano de otras menos conocidas como los mosquitos que nacen de la humedad y de toda sabandija que brote de esta, también el sarro y el moho… el de los baños en particular. En resumidas cuentas Bob, me enferma entrar a un baño desaseado, con ese desagradable y descriptivo olor a fetidez provocado por una prolongada saturación en el ambiente. Extraño ¿no es así Bob?... o quizás no tanto.

               Mi historia comienza en un mugriento pueblo al sur de este país, en donde la decadencia arquitectónica y la degeneración de sus habitantes hicieron de este simple viaje una experiencia traumática y de consecuencias nefastas para mi salud mental. El pueblo parecía totalmente abandonado, sus descascaradas casas con sus perecederas buhardillas, sus árboles deshojados y maltratados, daban en conjunto una apariencia amenazadora, y por lo demás, turbadora. Algo me decía desde el fondo de mi ser que debía salir corriendo cuanto antes de aquel pueblo, mientras buscaba donde alojarme. Había golpeado como cinco residenciales y en ninguna hubo respuesta, lamentablemente se estaba haciendo demasiado tarde y la oscuridad parecía cubrirlo todo. Esta es la última pensé, mientras golpeaba afanosamente la puerta de una precaria casona de dos pisos que al parecer hacía las veces de residencial. El picaporte de esta cedió debido a mis fuertes golpes, y una arrastrada y bronquítica voz de anciana me hizo pasar. Al empujar la puerta noto un nauseabundo olor que chocó de frentón contra mi cara, contorsionando mi rostro de inmediato en señal de disgusto.

               Joven, perdone por la falta de electricidad. Estos días el pueblo ha estado sólo en velas. Una falla con el generador, algo muy terrible Dijo la senil voz. Al frente mío se extendía una vieja alfombra que daba con la mesita de recepción y detrás de esta se encontraba la anciana, o lo que parecía ser una anciana, puesto que la difusa luminosidad, producto de una pequeña vela incrustada en una botella, imposibilitaba un tanto mi visión. Sólo se veía un bulto negro y de largos cabellos. Saludé cordialmente a la viejecita y esta respondió con la arrastrada y bronquítica voz que se hacía más desagradable ahora que me encontraba cerca de ella, era como un distorsionado siseo mezclado con una acuosa garganta llena de flemas. En eso, una alargada silueta se extendió frente a mis ojos que inmediatamente asumí como su brazo, ya que en realidad parecía a una delgada y trenzada cuerda. Esta dejó una llave sobre la mesa y me dijo:

               Habitación número ocho, al final del pasillo, por la escalera… ¡Ah! Al final de la escalera encontrará sobre una mesita una lámpara de petróleo y unas cuantas velas, tome las que le sean necesarias Seguidamente le agradecí.

               Al tomar la llave me di cuenta que estaba humedecida y pegajosa, con una sustancia que al tacto era como jabón o detergente, además, sentía como unos bichitos se posaban en mi mano y otros zumbaban por mi oído. Asqueado por lo desagradable de la situación, subí apresurado las escaleras.

martes, 9 de julio de 2013

RESEÑA + CONCURSO: "Urlo", lo usual es la putrefacción por Aldo Astete Cuadra



Urlo es un libro que nos lleva al borde de la locura y para los más sensibles, al desagrado, pese a que muchas veces debemos hacer un alto para digerir horrendas escenas, maniáticas necrofagias y parafilias que se presentan como «lo normal» en cuadros claustrofóbicos. En Urlo, lo usual es lo que conlleva a la muerte violenta e injusta, donde triunfan los antagonistas, los maniáticos, los desequilibrados, estúpidos, retrasados, psicóticos y deshumanizados hombres que no le temen a las consecuencias de actos demenciales, pero que en Urlo son lo usual, lo cotidiano, la carne de cada día. 

Todo es carne se plantea al inicio, y desesperación agregaría yo. Intuir que si en alguna oportunidad caemos, convirtiéndonos en víctimas, no habrá manera de volver, todo se habrá podrido, agusanado y lo usual vuelve a ser lo podrido, y el urlo o alarido, que está previo a todo aquello, a la desesperación ante la tortura con fines indefinidos, sádicos y perversos. Lo usual será la descomposición de un orden, de un cuerpo, de los restos de un cuerpo, lo que alguna vez fue vida, pero que se ha convertido en caldo de cultivo para otras vidas, para las larvas y las moscas. La maldad y la deshumanización será lo usual, lo cotidiano. 

La frialdad para desechar la vida, la amoralidad desquiciada se apodera de todo el libro, de los poemas y los relatos, estructura que no se adapta a los formatos o esteticismos conservadores. Este es un libro poco conservador, es una rareza en nuestra literatura:, el gore y el terror unidos para inutilizar nuestros filtros, ponernos descuartizados contra la pared, sumergiendo nuestras cabezas en las vísceras de una moral rancia, en nuestra capacidad de discernimiento, libre albedrío o gusto estético.

Una vez que iniciamos la lectura de Urlo somos apoderados de un instinto asesino que se encuentra dormido, apaciguado por nuestras convenciones del buen gusto, de la belleza estética, del bien, del cristianismo, de la cordura. Una vez abiertos nuestros sentidos, nuestras capacidades empáticas y disfuncionales, el ser oscuro que habita recluido en nuestro calabozo interior a la lectura de Urlo, se tornará hipnotizante, desequilibrante en su devaneo destructivo antimoral.

jueves, 15 de noviembre de 2012

"Rancio" por Pablo Espinoza Bardi

      Por el respeto que le tengo a mi gran y querido amigo no citaré su nombre en este relato. Tan sólo contaré las extrañas circunstancias que me obligaron a distanciarme de él. Para empezar diré que nos conocíamos de nuestro trabajo en la funeraria hace ya bastante tiempo (unos ocho años más menos), y cabe señalar que siempre cerrábamos nuestro local a la hora del té como una costumbre que a perdurado hasta estos días, para disfrutar de esta aromática infusión y comentar sobre lo cotidiano y mundano, pues me señalaba que el té que yo encargaba al extranjero era único en su clase. Prácticamente éramos la única funeraria decente del pueblo y la tasa de mortalidad era aceptable para nuestras finanzas, y quizás sea en parte el motivo de nuestro distanciamiento, ya que mi amigo empezó a robar mis clientes... por decirlo de alguna forma menos dolorosa, lo cual detallaré a continuación.

     Hace ya algún tiempo que lo notaba algo extraño. Se paraba horas observando los cadáveres que llegaban. Los miraba con ojo analítico y hacía ciertas anotaciones en una vieja libreta. Anotaciones las cuales nunca me mostró. Después, cuando la obsesión se hizo más evidente, me tuvo que confesar que desde que entró a trabajar a la funeraria supo que la “muerte” le había dado un propósito en la vida. Esa misma mañana lo sorprendí acurrucado junto al cuerpo de un recién llegado. Avergonzado, me pidió disculpas, tomó su dinero ahorrado de años y se fue. Por un tiempo no supe nada más de él.

     Pasaron unos cuantos meses y el negocio no andaba bien. La muerte no dejaba ganancias. Incluso ya no tenía cadáveres de indigentes y cuerpos sin reclamar que me compraba la universidad.... Una tarde, a la hora del té,  apareció mi amigo en la puerta del local.

     Su aspecto era desgarbado, ojeroso y de rancios aromas... eso fue lo primero que me llamó la atención, al ver semejante caricatura. Lo invité a tomar el té, para que me explicara qué había sucedido. Me dijo que se compró una pequeña cabaña con el dinero ahorrado, allá por la zona boscosa, a unos kilómetros fuera del pueblo, en donde se podía dedicar de lleno a su singular pasatiempo. Después de dialogar por una hora, me llevó a su cabaña. Debo confesar que sentí algo de temor, pues mientras conversábamos no dejaba de analizarme de la misma forma que lo hacía con los cadáveres. Sentía como un escalofrío me recorría de pies a cabeza.

jueves, 4 de octubre de 2012

"La Iniciación" por Pablo Espinoza Bardi


'Neonomicon' - Alan Moore & Jacen Burrows
También puedes escuchar en formato audio cuento aquí.   


Cada noche veo aquella Torre ubicada en las ruinas de un templo, rodeado de dunas y colinas al norte de Kadath. Las sensaciones corpóreas que experimento en aquellas perseverantes sesiones nocturnas me convencen cada vez más de la monstruosa realidad de mis sueños. En un principio me sentía aterrado, pues las enormes criaturas que se mueven en esta realidad se asemejan a horrores recordados de una época anterior. Cada vez me es más difícil volver. Cada vez que despierto algo de mí en queda en ese lugar...  y algo mucho peor sale.

“El Vademécum negro de Absu”
 Ex Libris, Cornelius Ormus (1606).



     El retorno al hogar siempre está lleno de recuerdos de todo tipo; recuerdos buenos y otros no tanto. En mi caso me inclino por el segundo. Mi familia siempre ha sido muy estricta, y sobre todas las cosas fanático-religiosa, motivo por el cual mi crianza fue distinta a la de los demás niños, nunca pasé una navidad normal y nunca recibí un abrazo cálido por parte de mis padres... de hecho no me dejaban siquiera salir de la casona. En el caso de la educación, esta corría por parte de unos monstruosos tutores (dos asignados por familia) que solo hablaban de la palabra de nuestro Señor, y todo lo que se saliera de esa palabra era condenable y pecaminoso: “Haz todo lo que se antoje, mientras sea la voluntad de la palabra...”. La verdad esta frase decía mucho y poco a la vez. Ese “todo lo que se antoje” se limitaba tan sólo a unas leyes establecidas por esta secta cristiana, que según ellos tenía procedencia divina. Los tutores influyeron en la triste decisión de trasladarme y alejarme lo antes posible, ya que estaba influyendo de manera negativa en la ascensión espiritual de mis padres. Incluso me llamaron Leviatán ¡A un niño de sólo once años de edad!
        
    El motivo de mi llegada se debe a la enfermedad de mi padre, la cual lo tiene postrado, el doctor me ha dicho que su muerte es inminente... sólo es cuestión de días. Por desgracia mi madre me ha estado evitando desde que llegué, quizás por vergüenza y por miedo a que le reproche todo.
        
    Los recuerdos empiezan a florecer de a poco en mi mente mientras recorro los jardines de la enorme casa situada en las afueras de Providence, Rhode Island. Recuerdo perfectamente cuando niño, a la edad de seis años, la llegada de esta secta de fanáticos cristianos. Se presentaron como los portadores de la palabra de Cristo y los precursores del nuevo Eón. Sus imponentes templos se extendían por todo Massachusetts como viles langostas en una plantación, sacando dinero a los fieles y para prepararlos en la Ascensión final. Los “Tutores de la Palabra” tenían la misión de asesorar a las familias, imponiéndoles el nuevo estilo de vida bajo los dogmas de la secta. En realidad, se encargaban de lavar el cerebro y recaudar fondos.