
Ilustración por All Gore.
La exclusa exterior se
cerró tras ella con un pesado golpe metálico. Golpe que sólo
existía en su cabeza, porque en el vacío, obvio, no existía el
sonido. Entonces comenzó el ceceante ruido in crecendo de la
recámara llenándose de aire. Ella solo se dejaba flotar, cual si
fuera un cuerpo sin vida, dejándose ir, nada más, flotando en un
mar sin corrientes
Podía llamarse María,
Kathy, Tanya, Icu… carecía de importancia, ya que no quedaba
absolutamente nadie para llamarla por su nombre. Era la única
residente de la estación espacial de relevo, Shooting Star IV.
Se trataba de un armatoste insignificante. Un eje cilíndrico, con
una zona giratoria que creaba sensación de gravedad. La mitad del
eje era hangar y bodegas, para las naves que iban de paso entre la
Estación Internacional y cualquier otro punto en el espacio.
Pero, por una
coincidencia, que le hacía recordar que el universo tenía sentido
del humor, muy macabro por cierto, terminó siendo el atalaya del
único ser humano vivo en órbita… bueno, en realidad, del único
ser humano que quedaba.

















