
Ilustración por Horacio Trino Mansilla.
Cuando pensaba en matarte, tenía muchas opciones
divertidas a las que recurrir, sin necesidad de actuar protegida por la noche y
las drogas, pues al ser compañeras de curso
me hubiese sido muy cómodo tirarte desde el tercer piso al bajar la escalera
cuando salíamos a recreo. La multitud enajenada hubiese sido mi coartada perfecta. O cuando tuvimos salidas
pedagógicas, haberte tirado a las vías del metro.
Inclusive una visita casual al baño me habría dado
la oportunidad de apuñalarte sin llamar la atención de los auxiliares de aseo…
era más probable que una niña de otro curso te encontrara desangrándote antes
de que lo hiciera una autoridad. Pero, ¿dónde estaría el placer si te mataba
así? Y como ya se venía la fiesta del colegio, tendríamos los clichés necesarios
para terminar con esta agónica espera de tres años.
Siempre pensé que en tercero medio nos separaríamos
y no tendríamos que llegar a esta instancia, pero ahí estaba el puto destino
para juntarnos y obligarme a matarte.
Oye, pero no llores, si no voy a continuar
golpeándote hasta que te repongas un poco más, necesito decirte algunas cosas y
quiero que me escuches con atención. Hazlo por mí, al fin y al cabo será la
última conversación que tengamos. ¡Puta estúpida, deja de gritar! Llevas todo
el día acá encerrada haciéndolo y no has sacado nada. ¿Acaso no has perdido la
esperanza ya?
Me sorprende ver ahora tu actitud, porque siempre
fuiste una mediocre. Entraste al curso humanista pensando que no habría
necesidad de estudiar y que con tu alegría y belleza, todos debíamos aguantar
tus estupideces y darte las respuestas de las pruebas. Estoy segura
que en algún
minuto pensaste que nadie notaría cómo te aprovechabas de nosotros… pero
yo no estaba dispuesta a justificar esa mierda.
¿Sabes qué me estimuló a actuar de esta manera?
Vamos, no porque ahora te haya puesto una mordaza en la boca no vas a poder
mover tu cabeza para responderme. No estás en posición de comportarte como una
rota conmigo, así que no me hagas enojar o seré más dura y estoy segura que a
este fierro no le importa tener que golpearte.




















