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| Ilustración por All Gore |
En
el centro de Licilia los rayos paridos por la tormenta se concentraban sobre La
Torre de Carne. Hacía sólo un momento que Emet había recitado la letanía
contenida en los Rituales Rojos, el libro poseedor de los conocimientos arcanos
y el poder de transmitir las fórmulas que dan paso a la dimensión de los seres
diásporas que padecen eternamente en aquel éter
imposible.
La
Torre de Carne recibe las descargas chirriando, hirviendo en su grasa humana
durante siglos aglutinada, retorciéndose en un mar de piltrafas que dan forma
al obelisco ciclópeo que indica el ortocentro en que se unen las energías
capaces de abrir los portales para ingresar de este mundo físico al universo de
las energías etéreas.


















