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martes, 7 de octubre de 2014

"La Muerte de Ligeia" por Daniel H.V.

Ilustración por Daniel H.V.



En honor al Maestro Edgar Allan Poe.





Éramos dos bellos amantes
mas él era un niño de febril imaginación,
en excesos de opio alucinaba
en delirantes trances embebido de alcohol.
A cada instante su pobre corazón de niño
veíase en versos de horror cautivo.

Dedicábamos nuestro tiempo
a lecturas poco frecuentes
intentábamos encontrar
la manera doblegar la muerte
y así poder sobrevolar
el cruel destino inminente.

Aciága fue la noche en que me alcanzó
cobarde la invisible enfermedad.
Fatal y silenciosa
con sus plumas me rodeó.
En un último gemido,
luego de haberle pedido
a mi esposo que leyera por última vez,
aquél poema hermoso
recitando en voz alta, los últimos versos añosos
de Glanvill el viejo filósofo:

“El hombre no se doblega a los ángeles,
ni cede por entero a la muerte,
como no sea por la flaqueza de su débil voluntad”

y aún con los versos frescos en sus labios,
mi alma abandonó su cuerpo
tras esos versos sabios

Mi voluntad no era la muerte,
como en un sueño extraño y rodeada de seres profanos
sacudía mi cuerpo ligero pero encadenado.
Deambulaba entre los visillos de la habitación
tropezaba con los candelabros de oro
intentando andar en esa profunda ensoñación.
Poco recuerdo de aquél momento
mis pies parecían no tocar el suelo
y de mi corazón pendía un fino hilo
que me sostenía en el desasosiego
de aquél extraño limbo.

Llegó una impía mujer a nuestro lecho
Rowena de Tremaine
observaba yo a mi esposo
junto a la mujerzuela, de los cabellos de oro,
de ojos azules, de corazón irrespetuoso.

Tal era mi voluntad de vivir
que palpaba todo cuanto encontraba
para sentirme viva,
para sentir la vida.
La frente de Rowena con mis dedos acaricié
fue mi pálido toque, el que selló su destino
muerte traía en mis manos, muerte entregué
a la joven e irreverente mujerzuela
de ojos azules, de cabellos rubios.

Cayó enferma de fiebre
y el alma de esa mujer de su cuerpo arranqué.

En violentas sacudidas
Las cadenas de la muerte resquebrajé
luego de varios intentos
de aquellos seres escapé
y mi voluntad de vivir jamás abandoné

Sobre el cuerpo de la joven Rowena
mi alma posé,
oscureciose su cabello,
volví de mármol su piel.
Amortajada del lecho de muerte me levanté,
y mi esposo,
mi amado
de bruces cayó a mis pies
enloquecido, sin poderlo creer
gritaba y sollozaba:
“¡Ligeia!, ¡Ligea!, ¿cómo puede esto ser?”
acariciando su cabeza de niño perdido
los viejos versos le susurré:

“El hombre no se doblega a los ángeles,
ni cede por entero a la muerte,
como no sea por la flaqueza de su débil voluntad”.

sábado, 1 de junio de 2013

El Terror Antropofágico en Las Aventuras de Arthur Gordon Pym por Aldo Astete Cuadra



Antropofagia Ilustración All Gore
 Hablar acerca de la antropofagia humana consciente en la literatura es un tema complejo por la gran cantidad de bibliografía existente, sin embargo centraré mi esfuerzo en nombrar algunos ejemplos, para luego analizar un capítulo de la novela Las aventuras de Arthur Gordon Pym, de Edgar Allan Poe, donde el canibalismo se presenta como eje articulador del terror y la narración.

Sabemos que muchos animales depredadores y carroñeros son antropófagos por naturaleza. En más de una ocasión hemos leído mitos sobre animales devora humanos, especies que nos ponen en peligro, que gustan de nuestra particular carne. Por otra parte, se conocen grupos humanos, ciertas tribus que practican el canibalismo de manera ritual, con la intención de obtener facultades de sus enemigos sacrificados, un refinamiento gustativo y la promesa de poder transferido en la acción antropófaga, que no repara en la moral de otras culturas; una forma distinta de concebir las relaciones humanas, pero que nosotros llamaríamos salvajismo. 

En la literatura occidental, tal vez el primer caso de antropofagia humana que no depende de una leyenda o mito, como es el caso del dios griego Cronos que engulle a su descendencia, por miedo a ser usurpado, vencido por sus hijos, se puede encontrar en la Biblia. Es un breve versículo del Segundo Libro de los Reyes (6: 28-29) muy poco conocido y de una claridad que no soporta reparos.

28 Y le dijo el rey: ¿Qué tienes? Ella respondió: Esta mujer me dijo: Da acá tu hijo, y comámoslo hoy, y mañana comeremos el mío.29 Cocimos, pues, a mi hijo, y lo comimos. El día siguiente yo le dije: Da acá tu hijo y comámoslo. Mas ella ha escondido a su hijo.

El contexto en el que ocurre este breve relato, se trataría es un sitio sufrido por el pueblo hebreo en que se padeció suficiente hambre como para llegar a tal tipo de tratos entre dos madres capaces de matar, cocinar y comerse a sus propios hijos, situación ya advertida por Jehová anteriormente y que, sin lugar a dudas, parece ser la concreción de las amenazas hechas a su pueblo, como consecuencia de la desobediencia a su Dios.