Santiago de Chile, 18:39 horas,
Marcoleta 659.
Raulo era el único que se distinguía
del resto, sus ojos eran vivaces y sus rasgos caucásicos, con
algunas pecas en sus pómulos, de mirada intensa y lleno de rulos (de
ahí el origen del su seudónimo), un guardia bajo de gruesa
contextura corporal lo increpa intentando espantarlo con la supuesta
llamada a la llegada de la fuerza pública. Raulo no se inmuta y sus
compañeros están tranquilos, una actitud poco usual en este tipo de
bándalos. Raulo los encara gritándole tanto al guardia en cuesto
como al centinela que se encuentra en las puertas de cristal:
-Se lo que le hicieron a Alberto
Bachelet y a Salvador Allende, maricones -Intenta mantener la
compostura para demostrar rudeza y continua-. Se lo que le hicieron a quince
padres de este piño de idealistas, los traicionaron, se vengaron en
esa sed revanchista y sediciosa. Se que apoyaron al innombrable y
que lo ayudaron más de la cuenta. Se a cuantos miles de jóvenes
estafaron en la Universidad La República y a los que piensan
estafar con la Universidad Los Leones. - Pasa su puño derecho
cerca de su nariz y continua- finalmente llegó su hora. Su palacete
de cristal será ahora de todos los chilenos y no para unos pocos
elegidos por el supuesto “Gran Arquitecto”.

















