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sábado, 1 de junio de 2013

El Terror Antropofágico en Las Aventuras de Arthur Gordon Pym por Aldo Astete Cuadra



Antropofagia Ilustración All Gore
 Hablar acerca de la antropofagia humana consciente en la literatura es un tema complejo por la gran cantidad de bibliografía existente, sin embargo centraré mi esfuerzo en nombrar algunos ejemplos, para luego analizar un capítulo de la novela Las aventuras de Arthur Gordon Pym, de Edgar Allan Poe, donde el canibalismo se presenta como eje articulador del terror y la narración.

Sabemos que muchos animales depredadores y carroñeros son antropófagos por naturaleza. En más de una ocasión hemos leído mitos sobre animales devora humanos, especies que nos ponen en peligro, que gustan de nuestra particular carne. Por otra parte, se conocen grupos humanos, ciertas tribus que practican el canibalismo de manera ritual, con la intención de obtener facultades de sus enemigos sacrificados, un refinamiento gustativo y la promesa de poder transferido en la acción antropófaga, que no repara en la moral de otras culturas; una forma distinta de concebir las relaciones humanas, pero que nosotros llamaríamos salvajismo. 

En la literatura occidental, tal vez el primer caso de antropofagia humana que no depende de una leyenda o mito, como es el caso del dios griego Cronos que engulle a su descendencia, por miedo a ser usurpado, vencido por sus hijos, se puede encontrar en la Biblia. Es un breve versículo del Segundo Libro de los Reyes (6: 28-29) muy poco conocido y de una claridad que no soporta reparos.

28 Y le dijo el rey: ¿Qué tienes? Ella respondió: Esta mujer me dijo: Da acá tu hijo, y comámoslo hoy, y mañana comeremos el mío.29 Cocimos, pues, a mi hijo, y lo comimos. El día siguiente yo le dije: Da acá tu hijo y comámoslo. Mas ella ha escondido a su hijo.

El contexto en el que ocurre este breve relato, se trataría es un sitio sufrido por el pueblo hebreo en que se padeció suficiente hambre como para llegar a tal tipo de tratos entre dos madres capaces de matar, cocinar y comerse a sus propios hijos, situación ya advertida por Jehová anteriormente y que, sin lugar a dudas, parece ser la concreción de las amenazas hechas a su pueblo, como consecuencia de la desobediencia a su Dios.