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martes, 3 de septiembre de 2013

"La Viuda de la Noche" por Aldo Astete Cuadra

Ilustración por Ana Oyanadel

La primera vez que supe de ella fue cuando regresábamos de una fiesta en el Puente Soto. En ese tiempo no había camino hasta Punta de Lapas, así que regresábamos por la playa, como a las dos de la mañana con mi papá. Vimos a lo lejos una figura oscura que caminaba delante de nosotros, mi papá la reconoció enseguida y comenzó a silbarle, poco a poco nos acercábamos, hasta que perdíamos de vista a esta mujer vestida de riguroso negro, la «Viuda de la Noche» me dijo el papá que se llamaba.
De pronto aparecía detrás de nosotros, caminando a nuestro ritmo, así que disminuíamos el andar hasta que se nos acercaba y volvía a desaparecer, para reaparecer delante de nosotros. Así anduvimos un tiempo, yo estaba asustada, pero mi papá parecía disfrutarlo, le silbaba y reía. Antes de llegar a la casa del vecino Honorio Vera, la «Viuda de la Noche» ingresó a una de las tantas cuevas escavadas por el mar en las paredes rocosas.
No volví a saber de ella hasta que muchos años después, en una comida realizada en el «Turislapa» la señora Evelina Chaura me comentó que en el arrollo cercano, ahí donde está la casa de Iván Haro se sentía a la «Viuda de la Noche», salimos y la verdad es que en un principio no logré oír nada, pero la señora Evelina Chaura me pidió que me acercara un poco más al bosque, y sí, efectivamente pude escuchar como una mujer lloraba amargamente, eso sí que me dio mucho miedo y entramos las dos corriendo al «Turislapa»






viernes, 1 de marzo de 2013

"Tue-tué" por Matias Rebolledo


"Tue-tué" ilustración
de Patricio Contreras Toro



La mirada nadando en la acequia
el sol ya no ruge
habla.

Lo vi bajando el cerro
en cada ala trae el tiempo.
Ya son seis años de encuentro.
Me grita acusando hambre,
hago crujir los dientes
llorando tomo a mi hijo
le rompo el cuello
me rompo yo.

Son seis años dándole mi familia.
Llega como pájaro,
después de comer (me) ríe.
Se va como humano.


lunes, 28 de mayo de 2012

"De Piel y de Agua" capítulo tercero y final, por Fraterno Dracon Saccis

      Los padres de Carolina habían aceptado, no sin decenas de súplicas de por medio, dejarla irse en micro al colegio. Antes, la niña caminaba de ida y vuelta los kilómetros que separaban a Lo Hidalgo de Quebrada Escobar, pero luego no hubo forma de convencerla de seguir con su rutina.
     Todo lo que gastaron en pasajes durante ese año, incrementó de forma exponencial la ira que sentían los padres de Carolina al enterarse que había repetido de curso. La mujer le dio una paliza, mientras que el hombre se contentó con advertirle sobre lo que le esperaba si seguía en ese camino. Dejaría a la golpiza de la madre como un coscorrón amistoso.
      La niña, a pesar de sentir las dolorosas secuelas del castigo de su madre, tenía algo peor de que preocuparse. Despertaba aterrada cada día, sabiendo que el verano avanzaba implacable a su fín y que se acercaba el plazo en que tendría que volver a caminar sola hasta el colegio. Ni por un momento se le pasó volver a pedir viajar en locomoción a estudiar.
     Cuando los moretones se borraron, también lo hicieron las sombras de estos temores. Sin embargo, las noticias que vuelan tan rápido al ser malas, terminaron con la breve tregua, reviviendo sus pesadillas.
     Nuevas desapariciones de jovencitas, se sumaban al niño que se habían ahogado en el estanque. Dos chiquillas que estudiaban en el Liceo Comercial de Quilpué, se perdieron una un día, y la otra al siguiente. Sin huellas, sin cartas, sin pistas. La última era Yanina, la hermana mayor de su amiga Rosa. La familia estaba destrozada, negándose a aceptar que su hija se hubiera escapado. Sabían, o presentían que algo malo le había pasado, pero de presentimientos no se alimenta el trabajo policial. Sabían que la investigación  se congelaría hasta que ellos mismos aportaran nuevos antecedentes.
     Carolina sudaba frío retorciéndose en las sabanas, soñando que “el chueco” llegaba a los pies de su cama, goteando agua y carne descompuesta, y se abalanzaba sobre ella, lamiéndola y toqueteándola con su piel putrefacta. Acercaba el rostro al suyo, mostrándole como los músculos alimentaban familias de gusanos blancos, dejando al descubierto los huesos del cráneo.

lunes, 12 de marzo de 2012

"De Piel y de Agua" capítulo primero, por Fraterno Dracon Saccis



A Carolina le costaba acostumbrarse a lo cortos que se hacían los días en el invierno. Por esto no había calculado la hora en que debía partir de la casa de su compañera Rosa, para que no la atrapase la oscuridad en el camino.

La prueba de matemáticas era una de las más difíciles vallas para no repetir octavo básico y salir del colegio a algún liceo fuera de La Quebrada Escobar. Quería expandir su mundo fuera de Lo Hidalgo. No es que su casa quedara aislada del mundo urbano, pero ya estaba harta de los inmaduros de su curso, que sólo sabían hablar de poner lazos, tramperos, de la pichanga pasada y de la que se les avecinaba.

Para el común de las personas, las formas que se ciernen sobre ellos al atardecer en un bosque, personifican siluetas siniestras. El crujir de la madera, el aterrizaje de una hoja o rama sobre el follaje, o el ulular de las aves nocturnas, penetran en sus oídos como los cánticos de almas en pena.

Para alguien como Carolina, que transita por estos parajes a diario, que ha crecido perdiéndose en la multitud de troncos, que el aroma a eucaliptos no es más extraño que el de la tierra húmeda; el aspecto del bosque en el ocaso no significaba nada terrorífico.O por lo menos no lo significaba hasta este crepúsculo.