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viernes, 31 de enero de 2014

"Los Señores de los Andes" por Rodrigo Muñoz














  • Ilustración por Ana Oyanadel




    .

    Relato ganador del concurso Austronomicón: Los Nombres Perdidos del Sur”.


    Los fuertes golpeteos de la lluvia contra las tejas de aquella vieja habitación hicieron que recobrase repentinamente la consciencia tras un largo y profundo sueño. La noche austral había expandido por completo su oscuro manto a cada rincón del cielo. A lo lejos el delirante canto del Chihued por mi ventana hacía presagiar lo que vendría. Hoy más que nunca reniego de su canto ensombrecido.

    Frotando mis ojos lentamente sentado a orillas de la cama pude observar junto a la puerta la silueta silenciosa de aquella anciana mujer. Supe que al fin había llegado el momento.

    Hacían ya seis días de mi arribo al pequeño pueblo de Calcumahuida con el afán de investigar en profundidad sobre el misterioso pueblo descrito por el marinero británico Allen Francis Gardiner en su paso por tierras Australes; los enigmáticos Tachwüll, narrados por los indígenas de la zona a través de sus leyendas como una antigua raza primigenia de semi hombres, habitantes del recóndito corazón de la cordillera de los Andes. Hoy para mi desgracia, me doy cuenta que he indagado a través de aguas que por milenios no habían sido agitadas, y despertado horrores que hasta el día de hoy no me dejan en paz.

    La anciana fue guiándome de manera silenciosa por aquellas calles empantanadas por la lluvia cesante, adentrándonos por senderos y húmedos bosques hasta llegar por fin luego de dos horas de caminata a las faldas del cerro Yeco.

    miércoles, 4 de diciembre de 2013

    Reseña | “Austronomicón: Los Nombres Perdidos del Sur” de Pedro Díaz Cartes

    ACTUALIZACIÓN: ¡Tenemos ganador! Rodrigo Muñoz, has sido elegido por nuestro staff como el ganador del ejemplar del "Austronomicón: los nombres perdidos del sur", más un mapa gigante del territorio que abarca esta narración.
    Ya nos hemos contactado contigo vía correo electrónico para afinar detalles de la entrega de tu premio. 



    “Austronomicón: Los Nombres Perdidos del Sur” (Mago Editores, 2011) es un compendio de textos que pobremente podría ser definido como antología o una colección de cuentos.

    Partamos de un punto que podría prestar a confusión a la hora de tomar el libro: nada tiene que ver con el Necronomicón de Howard Phillips Lovecraft, al menos no directamente. Haciendo un análisis etimológico del título del tomo que nos convoca, su significado sería “Relativo a las leyes del Sur”, lo que ciertamente puede ser encontrado de forma subterránea en cada una de sus piezas.

    Martín Hidalgo Larenas es un antropólogo que, en el rigor de su labor docente fue encontrando una serie de documentos de distinta data y procedencia, que recogen testimonios sobre episodios perdidos, olvidados o borrados de nuestra historia. Poco a poco fue interesándose y recolectándolos, presintiendo pero jamás logrando ver en su totalidad aquello que se esconde entre líneas, lo que vendría en lugar de esos silencios después de una frase interrumpida obligándose a callar, lo que no se dice pero se grita en el inconsciente colectivo. Un secreto que rasguña el ventanal para desaparecer cuando te volteas sobresaltado.

    Desde la época de la conquista de Chile, pasando por la Colonia, la Independencia, hasta llegar a nuestros días, los distintos ángulos que se exponen en cada relato, construyen una mirada vitral del “Lado B” del proceso en que la población autóctona del sur fue paulatinamente sofocada y masacrada, literal y culturalmente. Testimonios, bitácoras, actas. Fragmentos deslizados entre las páginas de libros empolvados, a la espera del lector preciso o el olvido definitivo.

    En un ejercicio a la usanza borgeana (y por qué no decirlo, también lovecraftiana), el libro viene acompañado de gran cantidad de notas al pie, muchas veraces, así como otras imposibles de desmentir, aportando a una estética y credibilidad de documento perdido. Y precisamente es a este aspecto lo que a mi parecer, no ayuda el establecer en el futuro, el año 2055, la acción del compilador. Además que los pasajes narrados en esa época, de no ser fechados no nos darían ninguna pista de su desfase temporal. Apenas hay intentos de introducirnos en este futuro imaginado que más parece una laguna estancada. Con todo, no logra ensuciar la imagen total de la obra.