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viernes, 11 de abril de 2014

"La Tormenta" por Aldo Astete Cuadra













Ilustración por All Gore







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Hoy por la mañana, al caminar por las playas de Cancerá, presentí que los aires fríos no sólo eran a causa del inicio del invierno austral. Hemos dejado el solsticio hace días, ya me parecía raro que nada sucediera, por eso fui hasta la playa, a contemplar Licilia. Para mi sorpresa había una total ausencia de seres vivos, ninguna gaviota o zarapito, pese a que el mar, en su retirada, dejaba a la vista enormes extensiones de un fondo marino insospechado, de un verde intenso que contrastaba con el gris de la mañana, mientras que el sol pugnaba por irradiar entre el manto nuboso.

Afuera se gesta la tormenta, el viento huracanado, la tromba marina y el tornado, todos se han unido en una danza macabra. Intuyo que éstas son las ocasiones propicias para que emerjan aquellos que no desean ver la luz de las estrellas. La lluvia copiosa y el temporal ocultan, más que la oscura noche de luna nueva, aíslan tanto como el miedo más recóndito del ser humano. Es el momento adecuado para que los demonios nos visiten.


Estamos incomunicados, incapaces de hacerles frente en medio del desorden climático, de los truenos que provocan temblores, de los rayos que con su luz y energía dejan sin luz a los pueblos, para que el mal retome su dominio mientras dure la tormenta. A nadie le extrañará algún incendio, nadie cuestionará un naufragio ni accidentes horribles que ocurren por doquier.

martes, 28 de enero de 2014

"Lilith" por Aldo Astete Cuadra













Ilustración por Khaoz Vortexx







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—¿Qué te sucede? Has actuado extrañamente desde que regresamos de Cancerá.
—Nada…
—Cómo que nada. Tanto te afectó el suicidio de tus amigos de infancia, tanta mierda te removieron en la cabeza.
—Sí, recuerdos que había sepultado.
—¿Recuerdos que impiden que se te pare?
—Discúlpame
—¿Qué puede ser tan sórdido como para que el deseo se te esfume?
—No sé si contarte. No sé cómo lo tomarás.
—Déjate de estupideces y cuéntamelo. Lo peor que puedes hacer es ocultarme cosas, sabes que lo detesto. Anda, suelta toda esa mierda.
—No es fácil hacerlo.
—¿Qué tan difícil puede ser recordar y hablar del pasado?, ni que hubieran visto un monstruo.
—Precisamente.
—¿Cómo, me estás hueviando?
—En realidad, no sé qué es lo que vimos.
—Espera, no estoy entendiendo nada, mejor me lo cuentas todo desde el principio.
—Sólo si prometes no comentar con nadie esto.
—Lo prometo
—Y prométeme que después no me juzgarás, sólo quiero descansar.
            —Me estás asustando, anda y cuéntame de una buena vez.
—Promételo
—Ya te lo prometo también, pero habla, me tienes intrigada.

«Cuando niños salíamos a jugar por los bosques, patrullarlos en busca de nuevas aventuras.  En fin, tenía 10 años, los mismos que Abel; Néstor era el mayor con 12, también era el líder.
»Un día invitó a Lilith, de 12 años, con quien de vez en cuando jugábamos en la plaza. Nos dirigimos hasta el río Flojo, nos internamos en el túnel y salimos del otro lado, junto a la cascada. Cruzamos la pampa de las Lagartijas y nos fuimos al bosque. Estábamos recorriendo una ladera, para encontrar lianas, cuando Abel me indicó hacia abajo. Néstor estaba frente a Lilith con los short abajo, ella lo miraba fijamente.
»Llegamos junto a ellos justo cuando Néstor le decía «ahora te toca a ti, queremos verte el chorito» Ella no lo dudó y bajó su short, nos miraba a los ojos. «¿Puedo metértela?» preguntó Néstor sin ninguna vergüenza. «Conozco una casa abandonada, del otro lado del bosque, vamos para allá mejor» dijo Lilith, se notaba segura, ni siquiera amenazó con que no contáramos nada, en el camino le íbamos corriendo mano, desesperados, por metérselo ya.
»Al salir del bosque, en un campo olvidado en el que crecían arbustos y zarzas, entre algunos manzanos repletos de líquenes, se veía una casa de dos pisos, el paso del tiempo no lograba disimular su color amarillo y marcos rojos. Nunca habíamos ido hasta ahí.
»Todo se confabulaba para que la aventura fuera la más extraordinaria de todas. Abel se quedó atrás, pero yo le tironeé de la mano, no podía arrepentirse en ese momento, ya estábamos afuera de la casa. Lilith, nos hizo una seña y abrió una portezuela, apenas perceptible en la parte inferior, debajo de la escalera de ingreso. Entramos detrás de ella, al principio veía poco, pero lentamente me fui acostumbrando a la oscuridad, a la poca luz que entraba por las rendijas. «Vengan por aquí» nos dijo y subió por una escalera. Ingresamos a un amplio salón con zarzas metiéndose por las esquinas, la luz se filtraba por las ventanas a medio tapiar. En el centro del salón había una escalera que llevaba al segundo piso, le faltaban varios peldaños.

martes, 3 de diciembre de 2013

Editorial: Segundo Aniversario y el comienzo de una nueva etapa.

Afiche por Alex Olivares
Un vertiginoso año ha sido el que estamos cerrando.

Si bien no es una iniciativa nacida en Chile del Terror, la revista Ominous Tales (de la cual somos flamantes auspiciadores a partir de su segundo número) es en gran parte una señal de lo que se viene haciendo en las letras fantásticas nacionales, un variopinto de horrores y sueños maravillosos, una fusión de las palabras y los trazos, fusión que ha tenido —al menos desde nuestro punto de vista— un gran éxito en nuestra casa, que cumple este mes, dos años. 

Como nuestros lectores habituales ya han de saber, nuestro equipo ha crecido y con ello la potencia de nuestro mensaje a tomado mayor solidez. Las voces, con la fuerza del grupo, han logrado entonar sus propios cantos. El ejercicio de publicación nos ha ayudado a encauzar nuestras habilidades, imprimiendo en el colectivo la energía necesaria para llevarlo adelante, hacia metas más exigentes. Los especiales de LovecraftCULT of Goczecocogch, Mitológico y el reciente especial dedicado a los Asesinos en Serie, son una muestra del trabajo que somos capaces de lograr. Y si de ejercicios se trata, habitualmente trabajamos presentando los textos y son asignados a alguno de los ilustradores para que inspirados en ellos, realicen su trabajo gráfico y complementar la publicación. Bueno, pues esta vez trabajaremos de forma inversa: serán nuestros artistas quienes desafiarán a la sección narrativa del staff, para que basándose en algunas de sus obras, compongan un relato. Así que dentro de la próxima semana podrán ver los resultados de este experimento.

Metas más exigentes, pasos más largos. Pero hay más avances...

Aprovechando la celebración de nuestro segundo aniversario, les anunciamos que ya está en proceso lo que sería nuestro primer libro como colectivo, cuyo título tentativo es “Chile del Terror: Una Antología Ilustrada”.

martes, 8 de octubre de 2013

"La Torre de Carne" por Aldo Astete Cuadra

Ilustración por All Gore

En el centro de Licilia los rayos paridos por la tormenta se concentraban sobre La Torre de Carne. Hacía sólo un momento que Emet había recitado la letanía contenida en los Rituales Rojos, el libro poseedor de los conocimientos arcanos y el poder de transmitir las fórmulas que dan paso a la dimensión de los seres diásporas que padecen eternamente en aquel éter  imposible.
La Torre de Carne recibe las descargas chirriando, hirviendo en su grasa humana durante siglos aglutinada, retorciéndose en un mar de piltrafas que dan forma al obelisco ciclópeo que indica el ortocentro en que se unen las energías capaces de abrir los portales para ingresar de este mundo físico al universo de las energías etéreas.

viernes, 4 de octubre de 2013

"Arte y Culto a Goczecocogch"




Logo por All Gore

"Protubers" por All Gore
"Fraksholus" por Alex Olivares
"Goczecocogch" por Ana Oyanadel

martes, 1 de octubre de 2013

"El Culto – Demo I" Por Fraterno Dracon Saccis


 
El Culto "Demo I"
Carátula restaurada por Ana Oyanadel

La biblia tirada en el piso
Rodeada de gotas de sangre
La navaja que marca la página
Donde está el número del hombre



Este es el único extracto rescatado desde los restos del «Demo I» de El Culto, la nunca bien ponderada primera banda de metal de Chile.

¿Cómo? ¿Qué no era Panzer? ¿O Massakre?

Efectivamente, las primeras bandas de metal que se tiene registro de existencia en nuestro país han sido estas mencionadas, además de Pentagram, Necrosis y otras, además de ciertas agrupaciones en las que hay discrepancia en cuanto a encasillarlas en este estilo o como Rock. Un ejemplo es el de Tumulto.

¿Y dónde queda El Culto?

El Culto fue una banda originada en las calles de Valparaíso, más específicamente en sus cerros. Hay algunos que dicen haber conocido a sus integrantes y que estos vivían en el Cerro Placer, otros aseguran que en el Barón. Incluso está poco claro si fueron un trío o un cuarteto, siendo la versión más popular la primera. Según se recoge de los testimonios de quienes dicen haber asistido a las pocas presentaciones en vivo que tuvo la banda, los apodos de los músicos serían:

Walo – Bajo
Chasca – Batería
Guatón Perro – Voz y Guitarra

Más datos sobre sus identidades aún no han sido encontrados.

La vida de la banda, según se puede deducir por el escaso rastro que dejaron, fue muy corta. Se formó a finales de 1978, para desaparecer luego de su última y ya mítica presentación en el sur de Chile, a principios de 1980. Fue en Ancud, en el gimnasio del Colegio Seminario Conciliar donde se realizó esta inédita «tocata», solo posible por el desconocimiento de los docentes del estilo de música. Cuando se le pregunta a los funcionarios más antiguos del recinto sobre este evento, lo niegan rotundamente. A pesar de esto, se puede encontrar el único registro de audio de la banda, ya que no existen copias de su demo. Uno de nuestros colaboradores en esta investigación, Miguel Cortés, falleció en el incendio de su casa, donde además de su madre y él mismo, fue destruida su valiosísima colección, que incluía este único ejemplar. Sólo se pudo rescatar la carátula en cuyo anverso se adivinan algunos versos que hemos transcrito al comienzo de esta nota.

¿Qué podemos decir sobre la música de El Culto?

miércoles, 25 de septiembre de 2013

"El Sueño del Psiquiatra" por Aldo Astete Cuadra

Ilustración por All Gore

Tras irse el detective, el psiquiatra Samuel Faundes realizó la visita de rutina por las habitaciones del manicomio. Era una mañana agradable y soleada para disfrutar caminando por las calles de la ciudad o mucho mejor por el campo, buscando refugio en la sombra de los árboles y oyendo el arrullo melodioso del arroyo. Sin embargo, para él estaba reservado el paseo por los fríos pasillos, entre habitaciones y patios interiores.
Extrañamente aquel día se percibía un silencio alarmante; nada de gritos o de conversaciones con seres imaginarios. La esquizofrenia estaba sosegada, tal vez por algún tipo de tranquilizante que desconocía, algo en el ambiente quizás.
Recordó que había quedado en asistir a los funerales de Olegario Oyarzo, que se realizarían al medio día. Acudiría en su calidad de médico tratante por décadas.
Qué paciente más extraño, pensó, detrás de su existencia alucinada se ocultaba un misterio imposible de develar por completo. Los delirios y alucinaciones eran situaciones cotidianas que nunca le sorprenderían mayormente, pero escapar para lograr interesar a un investigador en sus propias divagaciones, en su locura declarada e irreversible, en esta paranoia desproporcionada, era lo que a él le sorprendía. El interés demostrado por Emet Blanco en el libro de Olegario parecía el interés de otro desquiciado, si no fuera por los detalles artísticos y la pulcritud de la caligrafía, tal vez lo más rescatable de la obra de un demente, pensó.
Se fue lentamente, arrastrando un poco los pies hasta la habitación que perteneció a Olegario. Se detuvo un instante en el umbral, no decidiéndose a ingresar del todo, como si un sexto sentido le sugiriera no involucrarse más, no volver a indagar al interior del cuarto, bastaba con la visita en compañía de Emet realizada con anticipación. Finalmente, se decidió y rompió la extraña parálisis que le limitaba el ingreso y le ponía en sobreaviso.
El interior estaba impecable, lo único que parecía fuera de lugar correspondía al desorden de la cabecera que aún como si se tratara de entrañas digestivas, se encontraban diseminadas sobre la desecha cama, tras sacar de su interior el libro de Olegario. Entre unos papeles del velador, unos que al parecer no habían sido prolijamente auscultados. El médico encontró los símbolos que habitualmente dibujaba su paciente, además de unas letras incomprensibles, quizás de un dialecto sólo evidente por un intelecto desequilibrado. También notó lo que parecía un poema o las palabras mágicas de un rito. No pudo refrenar la tentación de leerlo en voz alta.

martes, 20 de agosto de 2013

"El Meteoro" Por Aldo Astete Cuadra

Ilustración por All Gore

Los habitantes observaban atónitos, cómo el cielo se iluminaba con diversos reflejos multicolores y sonidos perturbadores del orden de los truenos, pero con tonos musicales graves y desquiciados que parecían obedecer a cierta inteligencia maligna. Todos asistían al suceso, ensimismados. El causante de semejante espectáculo se presentaba como una bola de fuego incandescente que extendía una estela deforme y colorida a kilómetros de distancia.
Cercana ya la media noche, sintieron pavor al constatar que un meteoro se aproximaba al pueblo y que su caída parecía ser inminente. Sin embargo, una fuerza desconocida impedía que los presentes huyeran; nadie quería perderse detalle, un morbo suicida los detenía a pesar del miedo que se alojaba en sus interiores.
En un instante, la hipnosis pareció fluctuar y el temor trastocó las mentes de las mujeres que comenzaron a rezar Padre Nuestros y Ave Marías, mientras los niños chillaban como barracos, buscando el consuelo de los padres que se mantenían mirando hacia el cielo sin decidir moverse de sus lugares con el semblante ausente, indiferentes a las escandalosas manifestaciones de sus seres queridos.
Finalmente, el aerolito y su luminosidad inundaron la atmósfera del poblado y la bahía circundante, con un bochorno nauseabundo, acompañado de ráfagas de arena, echando por tierra algunas viejas edificaciones, así como a todas las personas que no estuvieran a buen resguardo, llevándose consigo animales pequeños y gran parte de los sembradíos y frutas que aún se encontraban en los árboles. Entre todo ese alboroto, sólo unos pocos fueron testigos privilegiados de cómo el meteoro se estrelló en un silencio inusitado hacia el norte del poblado, entre los frondosos bosques que se empinaban en los montes y que rodeaban el caserío erigido frente al mar. Lo extraño fue que no se percibió explosión alguna, ni se sintió movimiento telúrico, o sonido de impacto, más bien parecía que el meteoro había aterrizado.
Mientras los pobladores, aún atónitos y reponiéndose de las magulladuras, comentaban lo sorprendente de no haber sentido una explosión, oyeron la voz desgarrada de uno de los jóvenes que pedía que voltearan para mirar a través de una nube de polvo que levitaba en el ambiente y hacía dificultosa la respiración. En el horizonte, cortado por un cielo demasiado brillante aún, se elevaba un inmenso hongo a varios cientos de metros para dispersarse, en forma de viento húmedo, cayendo con el estrépito de una ruma de troncos y golpeando nuevamente al pueblo, provocando severos daños materiales que, a esas alturas, quedaban en un segundo plano, ante la providencial escapada.

lunes, 15 de julio de 2013

Exposición de All Gore en Artifex de Chillán


All Gore, como ya habrán visto en las entradas ilustradas por su mano, así como en la Necroentrevista realizada por Aldo Astete, no es un artista convencional. Su visión del mundo, para algunos pesimista, para otros, realista; se ha hecho notar en distintos ámbitos, no solo en el musical  donde se pueden ver gran parte de sus trabajos, si no también en plataformas como las que presentamos en esta ocasión
El Centro de Estudios e Investigación Artifex, en su sede en Chillán, a puesto su ojo en la obra de All Gore, y han dado el espacio para que presente una exposición, esta vez dedicada a la figura de CULT of Goczecocogch.


Una pequeña muestra de las obras a exponer. 
¿Qué diantres es CULT of Goczecocogch.?