"Hombres de Negro" por Aldo Astete Cuadra.

Abren los fuegos del especial lovecraftiano, la dupla de Aldo Astete en las letras y All Gore en la ilustración con el relato "Hombres de Negro".

Editorial: Especial de Lovecraft y más noticias.

Mes de H. P. Lovecraft, venta en verde de Austrobórea Editores para la reedición de las obras de Aldo Astete Cuadra y Pablo Espinoza Bardi, y lo nuevo de Ominous Tales.

"Rebeca" por Aldo Astete Cuadra.

Relato de Aldo Astete Cuadra, con el debut en los lápices de Johnny Aracena.

"Sueños Lovecraftianos" por Pablo Espinoza Bardi.

En el mes del mar de Chile del Terror, no podía faltar un relato lovecraftiano, a cargo de Pablo Espinoza Bardi en las letras y Alex Olivares en la ilustración.

"Solo" por Aldo Astete Cuadra.

Aldo Astete Cuadra, junto a los trazos de Ana Oyanadel, nos traen un relato enmarcado en nuestro mes del mar.

"Necrotesta Pedófaga" por Fraterno Dracon Saccis.

Continúa el mes del mar en Chile del Terror, con un relato de horror escrito por Fraterno Dracon Saccis e ilustrado por All Gore..

"Cuando se rompen las olas" por Aldo Astete Cuadra.

Inauguramos nuestro mes del mar con una publicación nocturna, presentada por la dupla Aldo Astete - Visceral.

jueves, 11 de septiembre de 2014

"No hay perdón ni olvido" por Fraterno Dracon Saccis













Ilustración por All Gore.








Un puñetazo la despertó.

Al intentar protegerse del siguiente impacto, sus brazos no respondieron. Un hormigueo le recorría las manos. Las muñecas eran una costra que envolvía el alambre que las inmovilizaba. El nuevo golpe dio de lleno en la mandíbula, penetrando a través de la barrera de adormecimiento que la fractura había fabricado, alargando las líneas que surcaban el hueso.

—Abre los ojos puta —resonó entre unos dientes apretados que hedían a vino y cigarro.

Cuando le jaló del pelo, fue como si las raíces sangraran, cual árboles de carne. El cuero cabelludo era una gran costra. Los ojos eran una gran costra. Toda ella era una gran costra.

—Enchufa esa güeá —dijeron los dientes apretados a alguien que respondió a lo lejos, a kilómetros fuera de la luz que atravesaba sus párpados sellados. El tufo de la voz mandante sobrepasaba el ambiente rancio de sudor, orina y feca.

La entrepierna se transformó en una tormenta eléctrica, un tornado de dolor que pronto se ramificó por el cuerpo.

***

Un puñetazo la despertó.

Al intentar protegerse del siguiente impacto, sus brazos no respondieron. Las muñecas estaban aprisionadas por unas manos inmensas y ásperas como lija. El nuevo golpe dio de lleno en la mandíbula, que crujió salpicándole la cabeza de estrellas puntiagudas, cada una incrustada al cráneo como garrapatas a un perro moribundo.